Traducido al español por Virginia Para la cortesana Chi´ng Lin Sobre tu esbelto cuerpo Repiquetean los adornos de jade y de coral de tu cinturón Como una compañía celestial que viene del verde Paraíso Celestial de Jade. Una sonrisa tuya cuando nos encontramos Y yo me vuelvo muda y olvido las palabras Tantas horas has recogido flores y Te has inclinado sobre los bambúes Tus verdes envolturas Crecían verdes en el abandonado valle Puedo imaginarte una joven sola abrigando secretos pensamientos. Tu brillas intensamente como una lámpara perfumada Entre las sombras circundantes. Jugamos juegos del vino Y una a la otra nos recitamos poemas Entonces cantaste "El Que Recuerda el Sur del Río" Con esos versos que rompen el corazón. Luego una a la otra nos pintamos hermosas cejas. Quiero poseerte por completo Tu cuerpo de jade Y tu corazón prometido Es primavera Vastas brumas cubren los Cinco Lagos Mi querida, déjame comprar un bote rojo Y llevarte lejos Sin título Lleva amargamente en mi jardín En este declinante otoño. Yo solo tengo vagos sentimientos poéticos Que no logro reunir Se disipan por entre las oscuras nubes Y las hojas rojas Después del amarillento ocaso La fría luna se despierta Entre la niebla mlancólica No descolgaré las persianas de bamboo De su gancho de plata. Esta noches mis sueños seguirán al viento Soportando el frío, Hacia la torre de jade de tu hermoso cuerpo Sin título He cerrado las dobles puertas En que esquina de los cielos Se encontrará ella? Una flauta horizontal Tras las paredes rojas Como una suave brisa Se mueven las los sauces sedosos En el demorado resplandor del ocaso En su descanso las aves parecen ignorar mi melancolía Una vez mas abandono lánguidamente la cama Luego de haber encendido un incienso Vago por la enjoyada escalera Lamento los años perdidos Enferma, temerosa del frío, temerosa del calor En tanto los hermosos días se iban yendo Repentinamente me hallo frente al Banquete de los Muertos de Otoño Constantemente perturbada por el tiempo cambiante Pierdo la huella de la luz flotante Que nos lleva a lo lejos ¿Quién removió los puentes vibrantes de mi encarcelado salterio? Me doy cuenta que de las veinticinco cuerdas Veintiuna ya se han ido |
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