VIOLENCIA DOMESTICA EN PAREJAS DE GAYS Y LESBIANAS


María se mudo desde un pueblo pequeño a San Francisco en 1990 con la intención de vivir en libertad su lesbianismo. Allí conoció y se enamoró de una mujer 15 años mayor que ella que la introdujo en un ambiente excitante lleno de lesbianas políticas y feministas, así como en ambientes de cuero, reuniones con mucha gente...un nuevo mundo para ella. Pocas semanas después de conocerse se fueron a vivir juntas y María se dio cuenta que su atenta novia se convirtió de repente en una mujer de celos obsesivos. Si María hablaba con otra mujer, su pareja la agarraba del brazo y se la llevaba a casa. Allí muchas veces la amezaba empujando y terminaba pegándole pequeños golpes que le dejaban el cuerpo lleno de cardenales. Después de esto, la novia de María se ponía especialmente cariñosa y le pagaba billetes de avión para que pudiera ir a ver a su familia. «Estaba constantemente asustada y herida, tanto física como emocionalmente». Poco a poco, María se convirtió en una prisionera en su propia casa. Una noche, después de encontrar a María tratando de escapar, su pareja la golpeó fuertemente y la violó. Sólo después de tres intentos más logró escapar y aun ahora dice que muchas veces siente que su ex-pareja está detrás de una puerta.

Hace unos meses, la revista gay Advocate realizó una de sus habituales encuestas sobre temas relacionadas con la comunidad gay-lesbiana. En esta ocasión la pregunta era: «¿Has sido alguna vez objeto de violencia por parte de tu pareja?». Sorprendentemente, o quizá no tanto, las respuestas se dividieron de la siguiente manera: contestaron que no un 67.8 y contestaron que sí un 32.2%. No es una cifra baja pero aun así hay que tener en cuenta, además, que muchos gays o lesbianas tienen dificultades para asumir que son maltratados por parte de sus parejas, y que en muchas ocasiones ni siquiera son capaces de reconocer ese maltrato, por lo que se supone que las cifras podrían ser mayores. En todo caso, el tema ha cobrado la importancia que merece y en muchos grupos y asociaciones de gays y lesbianas se han comenzado a formar grupos de autoapoyo para personas maltratadas, así como también asociaciones que luchan especificamente contra este tipo de violencia y que pueden ofrecer información y apoyo a las víctimas de estas situaciones para que puedan recuperar la salud física y mental.

La violencia doméstica entre una pareja homosexual es cualquier situación que implique abuso verbal (insultos, desprecios etc.), abuso psicológico (permanente culpabilización de la otra persona), abuso financiero (el agresor se aprovecha del dinero, de los bienes o del trabajo de la víctima), abuso sexual (violaciones o imposiciones para realizar determinadas prácticas sexuales que la otra persona no quiere realizar), amenazas de cualquier tipo y por último, cualquier situación que implique control, dominio, humillación de la otra persona. En esos casos, lo más corriente es necesitar ayuda para romper la convivencia y ayuda después para recuperarse. Son situaciones muy destructivas que implican gran sufrimiento. La recuperación de la persona agredida será más difícil y larga cuanto más sea el tiempo durante el cual conviva con el agresor y cuanto más tiempo transcurra hasta que se conciencie de que está siendo víctima de maltrato doméstico.
Hasta ahora la mayoría de estas organizaciones se encuentran en los EEUU, aunque ya hay algunos proyectos y grupos pequeños en Europa. La NCAVP es una de estas asociaciones norteamericanas. Según sus estadísticas, en 1997 recogieron 3327 casos de violencia entre parejas de gays y lesbianas. De éstos, 1746 correspondieron a hombres, 1581 a mujeres. La incidencia de la violencia se repartió entre las grandes ciudades, siendo Los Ángeles y San Francisco las más afectadas por esta lacra. Es curioso porque según los estudios de esta organización, la violencia doméstica alcanza a una proporción de entre el 25 y el 33 por ciento de la población homosexual. Justo el número reflejado en la revista Advocate. Puede que sea una casualidad, o puede que no.

A pesar de que esta incidencia es preocupante y que se dan casos de violencia extrema, llegando en algunos casos al asesinato, la violencia doméstica gay no es noticia ni dentro de la comunidad ni fuera de ella. Mientras los asesinatos homófobos de gays y lesbianas atraen siempre un interés inusitado por parte de los medios de comunicación, la violencia doméstica sufrida por gays y lesbianas es invisible y en parte un tema tabú para los medios generalistas, y más aun para los medios gays. Los especialistas que trabajan en la prevención de este tipo de violencia hacen hincapié en que es muy dificil prevenirla porque, habitualmente, los gays y lesbianas no quieren ni oir hablar de ella. Los que la sufren se averguenzan, si es que son conscientes de su situación. Es una violencia tan invisible que piensan que no les pasa a nadie más. Suelen sentir vergüenza, además, porque es una violencia que proviene de una persona que es su igual (no como ocurre en el caso heterosexual); que es un hombre como él o una mujer como ella, por lo que la víctima suele sentirse avergonzada por no ser capaz de detener a su agresor o de defenderse. Además, estas situaciones son difíciles de reconocer como «violencia doméstica» por parte de la víctima por el prejuicio que dice que esta violencia se da siempre cuando hay un hombre y una mujer implicados.

Otra razón de la invisibilidad de este tipo de violencia es que los gays y las lesbianas creen que hacer público que en sus relaciones también pueden existir la violencia, el abuso, la humillación etc, sólo concitará sobre ellos aun más homofobia. Muchos piensan que es obligación de la comunidad gay-lesbiana ofrecer a la opinión pública una imagen idílica de las relaciones homosexuales.
Otra de las barreras que se interpone entre la víctima y la denuncia es el miedo a que, al poner una denuncia por maltrato, su orientación sexual quede al descubierto. El miedo a salir del armario públicamente por una parte, así como el miedo a que a causa de su condición homosexual la policía o bien no le haga caso, o bien se burle o a su vez le maltrate, son causas todas ellas de ocultamiento de la realidad. Otro asunto importante a considerar es el papel que juega en todo esto el VIH, porque según los estudios la discapacidad física, así como ser portador de VIH o enfermo de SIDA, hacen a la persona más susceptible a ser víctima de la violencia doméstica.

Por todas esas razones los expertos aseguran que los casos que se denuncian son una mínima parte de los que en realidad existen. Y los expertos se quejan de que hay una evidente falta de recursos ante estas situaciones que son desconocidas para la mayoría de los especialistas que se ocupan del maltrato doméstico en general. Sin ir más lejos, el mes pasado, un psicológo del servicio encargado del maltrato doméstico de la policía, se acercó a una de las organizaciones de gays y lesbianas de Madrid recabando información sobre este problema. Según dijo, cada vez son más los casos que se les presentan de personas maltratadas en el curso de una convivencia homosexual. Sin embargo, como esta persona reconoció, los servicios dedicados a este problema no están preparados para asumir a estas nuevas víctimas. A menudo estas personas son enviadas a servicios de asistencia en los que están preparados para ayudar a mujeres exclusivamente, y no saben qué hacer ni como reaccionar cuando la víctima es un hombre, un gay. A menudo también, las personas encargadas de cubrir estos servicios no han recibido ninguna información sobre la homosexualidad, y es corriente que no sepan cómo encarar el problema, o que incluso manifiesten homofobia. Lo normal es que, como ocurría con las mujeres hace años, cuando un gay o una lesbiana se siente maltratado y llama a la policía, ésta se burle o se dedique a dar consejos paternalistas. Casi nunca el agresor es detenido