Un paseo por afuera del discurso:
¿qué hacen las lesbianas en la cama?
Susana Draper


Aunque suene un poco arcaico, resulta interesante ver cómo la pregunta "¿Qué hacen las lesbianas en la cama?" ha conformado un nudo problemático que derivó en obsesión para un grupo considerable de individuos. Como es hoy más que sabido, el supuesto "secreto" alrededor del "sexo" no ha producido más que una relativa verborragia que, en términos de "prohibición" y bases para las condiciones de existencia del pecado, se ha dedicado a describir y detallar una red discursiva que bien podría hoy constituir una enciclopedia pornográfica escrita por los más cercanos servidores de los dioses.

Un artículo titulado "When Women Love Women: Dis-Accomodating Lesbian Acts..." presenta un interesante recorrido que nos muestra cómo, en los sistemas discursivos (ya sea religiosos o seculares) que han cercado la actividad sexual, el caso de las lesbianas ha formado un agujero negro a la hora de determinar las razones por las cuales tal "opción" constituye un acto pecaminoso. La imposibilidad de hallar una respuesta "razonable" y detallada acerca de "cómo" el acto sexual entre mujeres (que se corresponda con un "por qué") se ha de convertir en pecado, ha dejado un curioso vacío en lo que concierne a insertar la "lesbianidad" dentro del solemne espectro del pecado mortal, la condena, o brevemente, de cualquier tipo de "enojo" justificado por el dios a través del que se mire.

En otras palabras, el estatuto moral-religioso de la lesbiana como pecadora ha quedado rodeado de un aura enigmática, ya que en el fondo del asunto se presenta la imposibilidad de adjudicar un espacio discursivo a las relaciones sexuales entre mujeres. Esto implica la imposibilidad de especificar el pecado por la imposibilidad de entender el acto pecaminoso.

El artículo mencionado más arriba brinda una detallada lista del emporio de dificultades que han enfrentado diferentes discursos, ya sea religiosos o seculares, a la hora de subsumir la "lesbianidad" bajo sus sistemas discursivo-categoriales.

1- "/¿/ Coito sin penetración /?/"
Ya sea en la cultura islámica, judeo-cristiana o greco-romana, ésta ha sido una pregunta ineludible, cuyo correlato "cognitivo" sería encontrado en las preguntas sobre ¿cómo pescar sin una caña? o ¿cómo copular sin pene? En opinión de algunos, tales enigmas se resuelven de modo tajante, razonando que "no importa cuánto una mujer pueda "jugar" (entiéndase también frotar, etc.) con otra: sin pene no hay sexo."(Boy Wives and Female Husbands, 1998:233)

En el Livre de Manieres, escrito en la temprana modernidad, el obispo Etienne de Fougere argumenta que el coito entre mujeres es tan absurdo como abominable, otorgando como ejemplo de semejante estupidez el acto de intentar pescar "con caña" sin tener la caña (lo que lleva a sentenciar que el acto sexual entre lesbianas no es más que un esfuerzo inútil, desgaste de energías, acción innecesaria, etc.). El obispo argumenta que es tonto y constituye, por lo tanto, un sinsentido que las mujeres encuentren diversión y "placer justificado" cuando una hace "de macho" mientras la otra hace "de hembra". Tal sinsentido puede explicarse parcialmente por el contexto dentro del cual lo "sexual" ha adquirido "sentido":

2- pene-penetración
El estatuto ontológico del sexo se plantea a través de este dúo (pene-penetración). La ausencia de tal pareja nos remite a que la razón de ser del acto "sexual" desaparece en tanto tal, lo que nos remite al núcleo alrededor del cual se mueve "When Women Love Women": "¿Qué estatuto teológico se le podría adjudicar a la actividad sexual entre lesbianas? ¿Ha sido entendido el acto sexual entre lesbianas como un pecado importante o se lo ha considerado religiosa y secularmente como un juego perverso?" Si el sexo se ha entendido en tanto equivalente del par pene-penetración, la pregunta que aparece es: ¿qué podrían hacer las lesbianas para que tales actos adquieran el estatuto de "sexuales"? Uno de los hilos que nos conduce a semejante problema sería el de la siguiente fórmula: "Penetrar versus Frotar". Tanto la penetración como la descarga de semen han tenido bastante relevancia en diversas tradiciones religiosas y seculares. Pero, ¿qué pasa con el mero "frotar"?. No faltan personas que se hayan preguntado: "¿Es el frotamiento entre lesbianas una copulación fallida?". Esta pregunta nos lleva a revisar la asimetría fundamental que se desprende de otro dúo: actividad-pasividad.

3- Actividad- Pasividad:
¿machona virtuosa, hombruna pensante o la penetrada de por vida?:
La actividad sexual ha sido gobernada por una estricta división entre lo activo y lo pasivo, siendo atributo del hombre el primero y de la mujer el que le sigue. A esta pareja de atributos le sigue todo un orden socio-cultural jerárquico que se vincula con la virtud y honor que el polo de la actividad otorga (y que hasta hoy funciona, y que verificamos en el hecho de que el hombre que penetra a otro es "mucho más macho" que el penetrado, quedando así fuera de cuestión la "macheidad" que ha perdido el penetrado, que por ende pasa a ser "mucho más" afeminado).

Enfrentamos ahora otra pregunta: si bien el varón podía y puede pasearse gradualmente entre lo activo y lo pasivo, siendo lo más "noble" el hecho de lograr la actividad total (penetrar siempre), la mujer no fue pensada en términos del polo activo. Su atributo de pasividad suponía el hecho de ser "la penetrada" de por vida. Descolocando este sistema categorial, la lesbiana queda fuera del orden del discurso y hace saltar muchas preguntas: ¿Cómo administrar entre lesbianas la pareja actividad-pasividad sin remitir al masculino penetrar ni a la femenina penetrada?. Si pensamos la penetración en términos extra-"pénicos": ¿Cuál es el estatuto ontológico que se le habría de otorgar a un consolador cuya "masculinidad" (si atribuíble) no pertenece ni a una ni a la otra?.

El vacío que implica pensar la actividad lésbica evitando las acusaciones de la pareja masculino-femenino nos remite a lo que más arriba se denominó el acto de pasear por afuera del discurso. De lo contrario, bajo la nómina de la pareja masculino-femenino, esto es, dentro de los límites del pensamiento analógico, existen un sin fin de referencias a las lesbianas. Por ejemplo, Marco Aurelio Marcial se refiere a una mujer lesbiana en tanto "hombruna-voraz". Otro caso interesante es el de la Abadesa del Convento de la Madre de Dios (1619-1623), la Hermana Benedetta Carlini, quien obligaba a sus subordinadas a mantener relaciones sexuales varias veces por semana. Este caso se comenta en el "Tratado de enfermedades crónicas" (Soranos) de este modo:

"Actuando como si fuera un hombre, ella [la Hna. Carlini] se movía encima de la subordinada con tal intensidad que ambas quedaban corrompidas."

La Explicación viene luego (analogía): "Un clítoris de tamaño excesivo hace que las mujeres padezcan desórdenes ... Estas mujeres viven siendo afectadas por la lujuria de los hombres [entiéndase erección] adquiriendo un deseo similar al de ellos."

Para evitar tales lujurias la solución que se presentó fue cortar aquellos "semejantes" clítoris ya que "un órgano femenino que pueda actuar como órgano masculino puede hacer que la mujer desee comportarse "sexualmente" como un hombre."

Esto nos remite otra vez al viejo y conocido funcionar del pensamiento analógico. Sin embargo, siguiendo la lógica que se nos presenta en tanto resumen de retóricas frustradas en "When Women Love Women" es interesante ver cómo el pensamiento analógico ha podido funcionar de un modo muy limitado cuando llega el caso de sentenciar a las lesbianas por mantener actos que sean "sexuales" y luego pecaminosos. Para entender tal limitación, es importante el rol que desempeñan las diversas parejas mencionadas más arriba: actividad-pasividad en relación con el dúo pene-penetración, ya que componen el campo semántico de lo que se ha entendido por "sexo".

Ni bien salimos del certero reino de la analogía que comparece la tara que impide armar un catálogo preciso de la actividad sexual entre lesbianas. Queda entonces el problema de qué sentido puede poseer la "actividad" "sexual" si las personas que participan en ese acto no poseen atributos "masculinos-activos-pene-penetrativos" (calificables, luego, de sexuales) dejando a un lado a las vigorosas hombrunas de Marcial y a las super-clitorinas de Soranos.

Extraído de henciclopedia.org.uy/autores/Draper/lesbianas.htm