RELACIONES LESBIANAS
HABLANDO ACERCA DE NUESTRAS RELACIONES
Kali Munro, M.Ed., Psychotherapist, 1998, 2001

En un tiempo u otro la mayoría de nosotras ha oído estas jugosas palabras "¿Adivina quién sale con quién?" o ¿Has oído quienes se han peleado?. Nuestros intereses van de arriba abajo a las relaciones de las otras, y nuestro deseo de saber no se limita a las lesbianas que conocemos, sino también a las de comunidades distantes. Y mientras muchas lesbianas rumorean o especulan sobre otras lesbianas ¿cuan a menudo hablamos de lo que realmente sucede en nuestras relaciones?.  Realmente hablar, no solo de lo que es bueno, sino también de lo que es malo.


El mito de la Relación Lesbiana Perfecta

Es riesgoso ser honesta acerca de nuestras relaciones, dado que existe un mito no escrito de que todas las relaciones lesbianas son perfectas. Si la nuestra no cabe dentro del modelo ideal, entonces algo debe andar mal con nosotras.
Nuestra necesidad de proclamar y proteger nuestro amor en el contexto de una sociedad que odia a las lesbianas muchas veces se transforma en la presión de esconder las peleas en nuestra relación por miedo a que estas se usen en nuestra contra. Esta necesidad de defender nuestra relación y mostrarla como perfecta puede desembocar en negar o minimizar los problemas que existan.


Nosotras creamos nuestras relaciones

En relaciones lesbianas verdaderas puede haber una gran variedad de tratos. El modo en que construimos nuestras relaciones es una mezcla del reflejo del modelo de relación heterosexual unido a nuestra propia creatividad para crear una relación sin tener modelos. Con pocos o ningún modelo en el que basarnos, somos mas libres que los heterosexuales para crear una relación mas equitativa que una basada en los condicionamientos sociales y las expectativas.
La mayoría de las relaciones lesbianas no siguen para nada el modelo heterosexual, sino que operan con valores totalmente diferente. Pueden ser amorosas, no monogramas, ser polígamas, vivir en casas separadas por años, estar de acuerdo en resolver los problemas mientras están juntas "por todo el tiempo en que nos sintamos bien juntas" en lugar del tradicional "hasta que la muerte nos separe", y considerarse la una a la otra como iguales, amigas y amantes.  Estar en una relación lesbiana puede sentirse como comenzar a arañar, preguntándonos a nosotras mismas que clase de relación buscamos en lugar de sentirnos obligadas a seguir algún modelo de Hollywood.
Pero no es fácil ser inventiva. No vivimos en un vacío, tenemos en contra las presiones sociales. Para las lesbianas la homofobia puede presentar una carga de presión y lastimar nuestra relación.


La presión de la homofobia

Muchas lesbianas sufren bajo la mirada crítica de los familiares y parientes.  Se preguntan si salir o no del closet, ante quienes y cuando ocurrirá. Incluso si están de acuerdo en no salir, puede haber diferencias entre dos mujeres acerca de cuanto esconder la relación. Si una de las integrantes de la pareja esta mas asumida que la otra, la constante negación por parte de su pareja sobre la relación puede hacer que se sienta herida, insegura y no querida. La que esta dentro del closet puede resentirse con su pareja por recordarle su propia inseguridad y sentimientos de culpa. Ambas mujeres se sentirán deprimidas, irritables e infelices y comenzará a discutir.
Sentimientos de dolor y enojo pueden derivar en peleas y preocupación por la estabilidad de la relación. En este situación, es de vital importancia para las dos mujeres hablar acerca de lo que sienten, y escuchar y entender los miedos e inquietudes de la otra.
Aún cuando las dos mujeres estén totalmente asumidas como lesbianas, la homofobia puede influir negativamente por causa del hostigamiento, miedo al hostigamiento, momentos en que asusta dejarse ver juntas entonces se mantienen aparte, rumores que empiezan a correr, las presunciones que se hagan acerca de una y mucho mas.
Repetidamente remarcado el problema es la homofobia, mas que lo inadecuado de la relación. Ambas mujeres deben ayudarse para dejar la culpa de donde proviene y en lugar de pelear sobre cómo manejar la situación es mucho mejor reconocer este problema y buscar la salida a él juntas.


Doble estigmatización

Cuando hay diferencias entre dos mujeres, basadas en cosas como la raza, cultura, edad e identidad sexual estas pueden ser obstáculos adicionales para cruzar.  Agreguemos a esto que es real que  las lesbianas nos volvemos críticas y no nos apoyamos en estas diferencias asumiendo que la relación nunca va a funcionar. Esto puede ser particularmente desvastante y aislante para una pareja, ser rechazadas por la mayoría y por sus propias comunidades.
A pesar de que una parte de las amistades acepten a la pareja y este número sea cambiante, todavía es muy duro para las parejas ser doblemente estigmatizadas. Una pareja en esta situación se siente que siempre debe presentar a la otra integrante como perfecta porque todo le mundo está esperando que la pareja falle. Es demasiado exigencia para ti misma. Encontrar gente que apoye la relación es muy importante, aún si esto significa acudir a terapia de pareja por un tiempo.


Tener tiempo propio

No es extraño que en el principio de una relación las parejas lesbianas tienda a pasar todo su tiempo libre juntas, apoyadas en el enamoramiento y en el descubrimiento mutuo. Las amigas dejan de verse y las actividades por separado cesan, y la relación se convierte en capullo. Esto puede hacer que las dos mujeres se sientan muy bien por un tiempo. Pero luego este total enfoque de la una en la otra decrece, usualmente cuando una de las mujeres expresa su necesidad de espacio propio.
Ella puede necesitar tiempo para estar sola, o buscar pasar mas tiempo con sus amigas. Si prospone este deseo por mucho tiempo, esta sensación de necesitar tiempo puede convertirse en desesperación. En la otra vía, su pareja puede oírla decir que necesita estar un poco alejada. Sintiéndose rechazada, esta última puede enojarse y cuestionar el amor de la otra o la mutua compenetración. La que busca espacio se sentirá incomprendida, sofocaba y controlada, y eso causará que sienta aún mayor necesidad de espacio propio. ¡Una combinación para nada favorable!.
Pequeños o grandes lotes de mutuo entendimiento y confirmaciones de este punto, la mayoría de las parejas terminan discutiendo. No importa cuanto quieran comprender la necesidad de apoyo en la necesidad de la otra de espacio separado, este espacio solo surge después de una pelea, lo cual no es satisfactoria para ninguna de las dos mujeres.


Negociando con nuestras diferencias

Negociando las diferencias puede ser un cambio real para las parejas. Como lesbianas, amamos que amabas seamos mujeres, nuestra semejanza nos hace sentir bien. Nosotras  nos deleitamos en la otra, en su cuerpo, en las cosas que hacemos juntas, intercambiar ropa, compartir la comida, músicas, ideas y risas.
Pero, cuando hay un punto o muchos puntos de diferencia, estas diferencias se sienten incómodas, nos asustan o nos enojan. Desde las cosas menos importantes como cuando irse a dormir, a las mas importantes como sentir rechazo por las amistades de la otra o no disfrutar del mismo tiempo de actividades sociales, en algún momento descubrimos que las diferencias existen.
Nuestra dificultad como parejas lesbianas reside en que negociar estas diferencias puede conducir a la disconformidad con las separaciones que estas puedan causar, o el hecho de que estas diferencias cambian los supuestos sobre cómo las relaciones "deberían ser". Pensamos que el sentir cosas por separado no está bien o que esto significa que existe un problema cuando en realidad es muy sano descubrir estas diferencias y esto puede ayudarnos a sentirnos mucho  mas cercanas. De pronto nos sentimos incómodas con este privilegio y cómo este puede darnos poder en la relación.
Si nuestra identidad esta envuelta en la otra persona, podemos creer que nuestras diferencias significan que algo está mal entre las dos, pero las diferencias son solo eso....diferencias. No significan nada mas que el cambio de tener que aceptarlas y quizás regocijarse con ellas. Cada una puede aprender de las diferencias de la otra. Una mujer que necesita mucho espacio puede aprender como manejar esto de modo claro y sin herir a su chica. Una mujer que necesite menos espacio puede aprender el valor del tiempo propio cuando su pareja toma espacio para sí misma.
Nuestra inclinación tiende a suprimir las diferencias porque nos preocupa que estas signifiquen que algo está mal en la relación. Pero, suprimir las diferencias solo conduce a relaciones chatas y apagadas o en el caso opuesto, a constantes  peleas. Desconocer o desvalorar las diferencias conduce a resentimientos, descenso del deseo sexual, desbalanceo del equilibrio de una pareja, frustraciones y amargas discusiones. Dejar que las diferencias surjan a la luz del día y no atacar nada de modo negativo significa darle vida a una relación. Nótese que hablar y apreciar las diferencias puede prevenir muchos problemas.


Negociando los conflictos

Cuando el resentimiento surge, la mayoría de las mujeres evita mostrarlo. La mayoría de las nosotras nunca pensó en medios para negociar con nuestro enojo o nuestros conflictos. Muchas mujeres tratan duramente de estar junto a su pareja como sea, minimizando las diferencias y suprimiendo los sentimientos de enojo o resentimiento. Pero, nuestro enojo no se va a ningún lado y generalmente crece y se expresa en formas indirectas que generalmente resultan hirientes para la otra persona y para la relación. Expresar los resentimientos es realmente importante y las mujeres tenemos que trabajar para poder hacer esto. Tomar tiempo para escuchar a los demás puede ayudar. Escuchar y entender los motivos de enojo de la otra ayuda. No se trata de que esta bien o que está mal sino acerca de entender los puntos de vista de cada una.
Muchas veces un buen remedio para una relación en problemas es hablar con una amiga de confianza acerca de lo que esta pasando dentro de tu relación. Nuestros conflictos no son muy diferentes a los de los demás y podemos aprender escuchando como otras lesbianas han manejado sus problemas....algo de lo que nunca oiremos lo suficiente. 


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