Paloma Mensajera

No recuerdo exactamente cuando comenzaron a aparecer bajo mi puerta esas cartas escritas en papelitos de colores guardadas en sobres del mismo color. Creo que fue pocas semanas después de mudarme al apartamento nuevo y aunque al principio me sorprendió un poco el recibirlas después hasta las añoraba.
Dichas cartas llegaban de manera aleatoria, sin importar el día o la hora, el sobre sin firmar, las letras pulidas y redondeadas. Generalmente las hallaba al regresar de la calle, prácticamente se me había vuelto una costumbre mirar al piso apenas abría la puerta para ver si aquella persona que firmaba simplemente con la letra "P" me había dejado una nueva misiva.

Bogotá, 30 de noviembre de 2001
Hola, supongo que le sorprenderá enormemente encontrar esta carta bajo su puerta pero le explicaré los motivos de la misma: Hace pocas semanas, un domingo a eso de las 8:00 a.m. lo recuerdo perfectamente porque ese día tenía un compromiso importante a medio día me encontraba en mi apartamento haciendo un poco de aseo, vivo solo por cierto, el caso es que estaba cerca de la ventana y la ví cuando llegaba con una amiga, ataviadas ambas con ropa deportiva. Para que lo voy a negar, usted me gusto mucho desde ese mismo instante. Qué me gusto? Es lógico, hubo atracción física de inmediato, es usted una mujer muy bella, siempre me han atraído las mujeres de su tipo, pero de usted me fascino su sonrisa, el brillo de sus ojos, su mirada pícara, sus caderas que contonea al caminar, el color cremoso de su piel... A partir de ese día me dediqué a observarla pues descubrí con emoción que no venía solo de visita sino que ese día se mudaba muy cerca de mí. Hoy me animé a escribirle, se que es algo loco, a lo mejor estúpido pero fue la única manera que se me ocurrió para acercarme pues de tanto observarla la conozco un poco y se por ejemplo que es casada, pero eso no me importa pues por ahora me conformo con mirarla, mas adelante no se, que pase lo que el destino y usted quiera que paseP.

Esa primera carta me dejó aterrada pues comprendí que, en el momento en que menos pensara había alguien observándome quien sabe con que intenciones, vigilando cada uno de mis movimientos. Durante un tiempo me volví algo paranoica pero las cartas no dejaron de llegar.

Bogotá, 5 de diciembre de 2001
Hola, en días pasados la ví salir muy elegante, ataviada con una falda negra corta y una blusa blanca transparente que le dejaba poco a la imaginación. Casi me da un infarto al verla, tan hermosa estaba que se vio reflejado en mi entrepierna y le confieso, me masturbé pensando en usted. Perdóneme si le parezco atrevido, solo me considero una persona sincera. Quisiera decirle como soy físicamente pero no lo haré por ahora pues temo ser descubierto. Detrás de estas líneas no se encuentra ningún pervertido, solo alguien terriblemente solo, con deseos y necesidades como cualquier otro, un tanto huraño pero de alma sensible y aspiro a darme a conocer un poco por medio de estas cartas que de algún modo nos unen P.

Cada hombre que veía en el conjunto podía ser el famoso "P" e instintivamente les miraba el bulto en el pantalón y me divertía tratando de adivinar cual de ellos se emocionaba tanto al verme como para meneársela.

Bogotá, 8 de diciembre de 2001
Hola Marcela, hoy gracias a una feliz casualidad supe su nombre y parezco un tonto escribiéndolo por todas partes. Cada día se algo mas de usted y a medida que eso pase yo iré mostrándole un poco mi interior, abriendo una ventana para que usted mire dentro de mí. Le cuento que soy profesor, tengo casi cuarenta años, siempre he vivido solo pero de un tiempo para acá eso me pesa más que nunca y aún estoy en la absurda búsqueda de la mujer ideal por eso nunca me he casado (y por otras razones mas que es su debido momento le comentaré). Gracias a usted compré hoy mis primeros binoculares P.

Menuda suerte la mía ser la que encontrara siempre las cartas y no mi marido, aunque pensándolo bien no era tan difícil pues el casi nunca estaba en casa. Cada día me sentía mas identificada con "P" pues poco a poco descubría las cosas que teníamos en común y mis temores con respecto a el se iban desvaneciendo. Y sobre los binoculares me imaginé que eran para espiarme mejor.

Bogotá, 11 de diciembre de 2001
Hola Marcela, ya se acerca la navidad y presiento que la pasaré solo de nuevo. De un tiempo para acá me he vuelto sentimental y mas en estas fechas que muchos pasan acompañados. A veces al llegar al apartamento he imaginado que usted me abre la puerta y me recibe con un beso y un abrazo. He imaginado que cenamos juntos a la luz de las velas y después en mi cama me abrazo a una almohada imaginando que es su blanca piel la que acaricio. Aunque no lo crea hemos dormido juntos muchas veces en mi imaginación donde hacemos el amor con locura P.

Me preguntaba como podía escribirme esto una persona con la cual no había cruzado nunca una palabra o si?...

Bogotá, 19 de diciembre de 2001
Hola Marcela, estoy particularmente contento hoy. En las novenas de aguinaldos que se celebraron hoy con todos los vecinos no solo la ví sino que estuvo a pocos metros de donde yo me encontraba. Pude escuchar su voz y me sentí en el mismo cielo. Tuve ganas de tocarla, de acercarme a usted para decirle quien soy aprovechando que estaba sola pero me contuve pues no podía saber como reaccionaría. Soy un cobarde pero algo muy poderoso me detiene, mas adelante entenderá porque P.

Pasó la navidad, el año nuevo y hasta los reyes y las cartas no dejaron de llegar, cada vez más intensas y aparentemente enamoradas. No las anexo todas por cuestión de espacio, pero llegaban casi a diario.

Bogotá, 10 de enero de 2002
Hola Marcela, mi propósito para este nuevo año es presentarme ante usted, decirle quien soy y que pase lo que tenga que pasar aunque le confieso que la idea me aterra y me dolería mucho su rechazo. Comprendo que no puedo pedirle nada, no esta usted en condiciones de hacerlo pero si al menos pudiera tenerla un día con su noche para mí solamente me daría por bien servido P.

Bogotá, 22 de enero de 2002
Hola Marcela, te puedo tutear? Ayer en la noche te he visto mientras te cambiabas, dejaste la cortina abierta y la luz de la lámpara encendida y ese fue mi mejor regalo. Le daba gracias a Dios por estos binoculares y por tu descuido. Al decirte esto me arriesgo a que no te descuides nunca mas y por consiguiente a no volver a verte en ropa interior. Si, en ropa interior porque por desgracia no pude ver mas allá. Quiero decirte que tu cuerpo es hermoso, no he hecho otra cosa que pensar en el todo el día, lo he dibujado con mi mente en cada rincón, he imaginado mis manos recorriéndolo P.

Bogotá, 24 de enero de 2002
Hola Marcela, será mi imaginación o dejaste la cortina abierta y la luz encendida a propósito anoche para que yo te viera de nuevo? Es esto acaso una esperanza, una señal que quieres darme? Pretendes volverme loco? En la soledad de mi cuarto me masturbo como loco mirándote, te veo en todas partes y ahora me siento ilusionado gracias a tu actitud. Estaré en mi ventana esta noche a las 9:00. Deja la luz encendida de nuevo P.

No era una coincidencia. Había dejado la cortina abierta y la lámpara encendida a propósito y las posibilidades se iban cerrando. Mi admirador misterioso debía vivir en alguno de los edificios del frente sin lugar a dudas pero aún era difícil descubrirlo. En todo caso comenzaba a excitarme el hecho de sentirme observada y deseada de aquella forma. Esa noche a las 9:00 dejé de nuevo la luz encendida.

Bogotá, 25 de enero de 2002
Hola Marcela, estoy al borde de un colapso. Anoche a las 9:00 encendiste la luz y eso me anima a dar un paso más. A estas alturas ya te habrás dado cuenta que me gusta dar pero también recibir en la misma medida. Anoche sentado desnudo en el alfeizar de mi ventana mirándote me sentí mas cerca de ti que nunca. Esta nueva forma de comunicación contigo me llena de emoción. Gracias por dejarme ver mucho mas que tu ropa interior. Al ver tus senos adornados por esos hermosos pezones gorditos me imaginé saboreándolos. Estaban tan paraditos por el frío que sentí morir y cuando te agachaste desee con todas mis fuerzas meter mi cabeza entre tus nalgas y lamer tu concha, beber hasta la última gota de néctar que imagino desperdiciado en tus noches de soledad. Mi deseo por ti va en aumento día a día P.

Me excitaba sobremanera esta nueva faceta de "P", me gustaba su romanticismo, sus detalles pero también su deseo hacia mí. Hacía tiempo no me sentía de esa manera.

Bogotá, 26 de enero de 2002
Podrías estar pendiente del altavoz hoy a las 2:00 p.m.?... P.

Ese día a las 2:00 p.m., colocaron una canción por el altavoz. La canción era "Mujer contra mujer de Mecano". Me dirigí a la administración pues la melodía no podía venir de otro sitio que no fuera ese. Para cuando llegué la canción había terminado y en la administración nadie me abrió la puerta, solo había un letrero que decía "horario de atención de 8:00 a.m. a 1:30 p.m.". De todos modos no entendí el mensaje de la canción aunque un presentimiento comenzaba a nacer dentro de mí.

Bogotá, 26 de enero de 2002
Hola Marcela, te gustó la canción que te dediqué esta tarde? Te ví salir hacia la administración e incluso nos cruzamos en el camino pues yo salía de allí. No me miraste pues ibas muy concentrada y decidida a encontrarme. El perfume que usas es delicioso, pero el olor natural de tu piel debe ser aún más excitante P.

Cada día estaba mas intrigada. Si hay algo que me excite aparte del peligro son los misterios, como una atracción morbosa hacia lo desconocido y este personaje sabía como mantener mi interés. Me moría de ganas por conocerlo, por ponerle un rostro al cuerpo que había imaginado ya tantas veces. Sin darme cuenta comenzaba a desearlo sin importar como fuera.

Bogotá, 27 de enero de 2002
Hola Marcela, te cuento algo mas de mí, trabajo con niños algunos fines de semana en una escuela de deportes. Entre semana enseño en un colegio durante el día. Parte de la tarde y noche me dedico a escribir y a pintar. Me gusta pintar retratos y desnudos, especialmente con carboncillo. Te tengo una sorpresa, espérala mañana P.

La sorpresa fue dejada en la portería. Era un sobre de unos 0.50 x 0.70 cm., que solo decía Marcela y el número del apartamento. Traté de indagar con el portero quién lo había dejado pero me dijo que cuando había llegado en la mañana lo había encontrado que a lo mejor uno de sus compañeros de la noche sabía algo.

Abrí el paquete y encontré un dibujo de una mujer idéntica a mi, tumbada estilo la maja desnuda. Me ruboricé al ver el parecido de aquel dibujo con mi propio cuerpo y en la cara había plasmado ese algo que le da vida a un rostro pintado; era mi rostro y ese gesto típico mío de media sonrisa. Guardé el dibujo en un lugar especial junto con las cartas, las flores secas y los papelitos de dulces que a veces llegaban en el mismo sobre.

Durante varios días no me escribió y lo extrañé mucho Se había convertido en una especie de amante secreto, en un fantasma que imaginaba entrando a mi cuarto en las noches para tomar mi cuerpo y poseerlo por completo.

Bogotá, 6 de febrero de 2002
Hola Marcela, me ausenté de la ciudad unos días y solo hasta hoy puedo escribirte. Espero te haya gustado el dibujo que te envié en días pasados, tengo muchos mas en mis cajones en todas las posiciones imaginables. Conozco cada uno de tus gestos, se cuando estas triste o contenta con solo mirarte y de algo estoy seguro, no eres feliz y estas muy sola al igual que yo P.

Bogotá, 10 de febrero de 2002
Hola Marcela, me muero de ganas de sentirte cerca de mí. Te propongo algo ve al almacén que queda cerca de los edificios, a las 5:00 p.m., en la sección ferretería. Te prometo que solo te miraré de lejos P.

A las 5:00 p.m., estaba en la ferretería mirando con actitud interesada los flexómetros, puntillas y demás. Una dependiente me ofreció su ayuda pero yo me negué amablemente y me dediqué a dar vueltas por allí una media hora. Después me fui un poco decepcionada pues tenía ganas de conocerlo ya.

Bogotá, 11 de febrero de 2002
Hola Marcela, a que no adivinas quien fue la dependiente que te atendió ayer en la ferretería? Si, era yo, una amiga me prestó uno de sus uniformes y me atreví a acercarme a ti. Es la ocasión en la cual hemos estado mas cerca, lástima que no te hayas dejado atender por esta falsa dependiente, me hubiera gustado estar un rato mas a tu lado Ese es mi gran secreto, no soy "el" sino "ella", te asusta un poco la idea de que una mujer esté enamorada de ti? O quizás te excita?. Lo pensé mucho antes de decidirme a confesarte la verdad, pero ya no puedo mas, que pase lo que tenga que pasar... P.

Traté de recordar como era y lo logré pero no en detalle. Medía aproximadamente 1,65, blanca, rellenita, de cabello rubio a la altura del hombro, pero su rostro no lo recordaba muy bien, creo que si la viera de nuevo no la reconocería. De todos modos quedé algo impresionada al saber la verdad porque durante todo ese tiempo estuve casi segura que era un hombre y no una mujer quien me escribía salvo por la extraña dedicatoria de la canción. En todo caso la idea me excitaba, en alguno de mis relatos mencioné que alguna vez hacía muchos años había tenido una relación esporádica pero intensa con una mujer. A raíz de eso había querido repetir la experiencia y esta podía ser la oportunidad aunque involucrarme afectivamente con una vecina podía llegar a ser contraproducente.

Bogotá, 14 de febrero de 2002
Hola Marcela, no se que opines de lo que voy a proponerte pero siento que no puedo esperar un día mas. No quiero comprometerte ni mucho menos meterte en problemas pero quisiera que nos conociéramos hoy en persona. Si puedes y quieres ve hoy a la cafetería del almacén, a las 6:00 p.m. Por cierto, mi nombre es Paloma.

Bogotá, 15 de febrero de 2002
Hola Marcela, ayer fue uno de los mejores días de mi vida. A las 6:00 p.m. en punto estabas sentada en el café esperándome. Noté tu ansiedad y nerviosismo y no te hice esperar. Me acerqué a ti nerviosa también y me senté a tu lado sin decirte nada en un principio. Fue una charla amena y concisa. Al terminar nuestro café vinimos a mi apartamento, al fin sabes donde y como vivo. Mi fantasía se materializó sentada en mi sofá preferido. Lo demás ya lo sabes Paloma.

Me senté en el sofá y ella se sentó a mi lado. El deseo flotaba en el aire en medio de las dos. Nadie me esperaba en la casa y teníamos mucho rato para estar las dos solas. No sentía que estaba con una desconocida, al contrario, por medio de sus cartas y detalles la había conocido lo suficiente como para estar con ella sin temor como si fuera una vieja amiga.
Sin saber porque, como si una fuerza poderosa me lo ordenara me desnudé por completo y ella comenzó a pintarme como si fuera parte de un plan del destino. Comprendí entonces lo que debió sentir la personaje principal de Titanic al ser observada centímetro a centímetro, al ser el objeto de un deseo tan grande y protagonista de la fantasía de aquella mujer que me miraba de tanto en tanto para volver a su dibujo. Sus ojos no querían separarse de mi cuerpo y sus manos temblaban un poco pero el resultado fue impresionante, pues logró plasmar en el papel no solo una imagen sino el deseo y la pasión que ahora ella sabía que yo sentía también. Me comentó mirando por la ventana que mi esposo había llegado así que preferí vestirme e irme para evitar problemas.
Pasaron varios días en los cuales no hablamos pues entré en una especie de shock, no sabía si entregarme a lo que comenzaba a sentir por Paloma o dejarlo todo y seguir con mi "vida". Ella al parecer comprendió esta situación porque no volvió a escribirme, fue paciente y espero a que yo resolviera mis conflictos internos.

Bogotá, 9 de marzo de 2002
Hola Marcela, anoche a las 11:00 p.m. llamaron a mi puerta y eras tu, ataviada tan solo con un abrigo y bajo el, tan solo tu piel desnuda. Lo de anoche fue el mejor regalo que me has podido dar Paloma.

Esa noche estaba sola mirando a su ventana desde la mía. La luz estaba apagada pero sabía que estaba ahí, así que me quité la ropa y me puse un abrigo remedando lo que he visto en mas de una película. Me dirigí a su puerta y timbré. Ella me abrió de inmediato como si me esperara y entré sin demora aunque por la hora era difícil que algún vecino me viera. Me acerqué a ella de inmediato, ya estaba cansada de cartitas y dibujos, era hora de la acción.
Tomé con una de mis manos su cara y la besé largamente. Fue un buen beso, lento, tierno y extremadamente dulce. Su boca pequeña jugueteaba con la mía sin prisa y su lengua buscaba mi lengua para entrelazarse en una danza sin final.

Comenzamos a desvestirnos mutuamente, aunque el trabajo de Paloma fue mas fácil porque yo solo llevaba encima mi abrigo. Sin embargo me lo quitó tan lentamente que casi me pongo a gritar. Ella estaba ataviada con una pijama de una sola pieza la cual ayudé a sacar por la cabeza.
Detallé su cuerpo, el cual no estaba nada mal, pechos algo caídos los cuales me parecen muy bellos también, adornados por pezones enormes que invitaban a pegarse para mamar y mamar eternamente, cintura estrecha y amplias caderas. Su trasero era suave al tacto y redondito; lo apreté con mis manos suavemente por encima de la ropa interior.
Continuamos allí de pié besándonos un rato mas, yo desnuda y ella aún con bragas. Acaricié su conchita por encima de las bragas ya húmedas, pasando mi dedo índice a lo largo de toda la rajita, ida y venida varias veces y de su boca salió incontrolable un pequeño gemido. Ella hizo lo propio bajando su mano hasta mi chochito y frotándome un poco con sus dedos fríos, empapándose en mis fluidos que ya comenzaban a aparecer.
Me llevó entonces a su cuarto para estar mas tranquilas tomadas de la mano como si existiera el riesgo de perdernos, mas mis intenciones eran pasar toda la noche a su lado y despertar en sus brazos.
Nos acostamos frente a frente y en su mirada pude leer la adoración que sentía por mí. Comenzó a acariciar mi cabello y mi cara con una mano mientras la otra acariciaba mi cuello e iba bajando por mis hombros y brazos para de allí pasar a mis pechos que ya estaban preparados para recibir sus caricias. Hábilmente, empleando ahora ambas manos, comenzó a acariciar mi pecho, muy suavemente como no lo había hecho nunca ningún hombre.
Sus caricias trajeron a mi memoria las ocasiones en que jugaba con mi mejor amiga a los 12 años, con la diferencia que ahora estaba en brazos de una completa experta en la materia y no estaba jugando.
Me susurró al oído que me estuviera quieta mientras tanto, que ella me enseñaría como amar a una mujer al menos como ella sabía hacerlo- pues estaba segura que era mi primera vez con una. Así que cerré los ojos y me dejé hacer.
Tomó mis brazos y los elevó por encima de mi cabeza y comenzó un pequeño juego en el cual alternaba caricias en zonas comúnmente erógenas con otras mas descuidadas por algunas personas pero que consentidas de la manera adecuada podían llegar a ser el detonador de una nueva forma de placer. Así fue como en un momento sentía sus labios gruesos en mis pezones y un minuto después se perdía en una de mis axilas como punto de partida para deslizar su lengua por mi costado haciéndome sentir unas cosquillitas deliciosas.
Con los ojos cerrados no podía saber donde sería su próxima caricia y eso me emocionaba mas pues cada una de ellas era mas deliciosa y anhelada que la inmediatamente anterior.
Bajó por mis caderas aspirando el olor de mi piel, posando sus labios suavemente y deteniéndose de tanto en tanto para acariciar con uno de sus dedos los cálidos alrededores de mi concha. Cada vez que se acercaba un poco a mi clítoris deseaba que sus dedos se posaran allí de inmediato y gemía abriendo un poco mas mis piernas. Ella terminó de separarlas con suavidad besando el interior de mis muslos. Colocó sus manos bajo mis nalgas para con esto tenerme a su merced y comenzar a lamer mi concha.
Presentía que por fin sentiría su lengua en mi cueva y le pedí que se detuviera, quería que ambas disfrutáramos así que le propuse que para aprender mejor lo que deseaba enseñarme debería practicar con su propia concha, haciéndole a ella cada una de las cosas que ella me hiciera a mí. Le pareció una excelente idea y se ubicó encima para hacer el 69.
Ante mis ojos apareció su coño perfectamente afeitado, completamente distinto al mío el cual llevo al natural. Los labios de su coño eran gorditos, estaban abiertos y húmedos como invitándome a besarlos pero esperé a que ella iniciara sus riquísimas lecciones y así corresponder a sus caricias un segundo después que me las prodigara.
Estábamos demasiado excitadas como para seguir andando por las ramas así que ella se dirigió directamente al punto, moviendo su lengua a velocidades insospechadas haciendo que mi cueva vibrara de placer. Me tenía fuertemente agarrada por las caderas mientras con su lengua completamente hundida en mi sexo me hacía casi alcanzar la gloria. Yo correspondía lametón con lametón y beso con beso como mejor podía improvisando a veces para sorprenderla.
Su clítoris estaba enorme, palpitaba en mi boca, lo tomé entre mis labios llenándolo de saliva, sin dejar de acariciarlo con mi lengua mientras su orgasmo duró, largo y pleno. Cuando yo me corrí cerré los ojos de nuevo pegando su coño a mi boca de nuevo y agradeciéndole con decenas de besos.
Nos acostamos frente a frente de nuevo aún calientes, ya estando encarriladas no queríamos detenernos así que nos besamos de nuevo en la boca compartiendo nuestros respectivos fluidos. Las caricias se fueron acelerando a medida que la pasión se incrementaba y se desviaron a todo nuestro cuerpo, incluso nuestros pies se acariciaban mutuamente.
Introdujo su rodilla entre mis piernas frotando mi sexo con ella y resbalando luego toda su pierna una y otra vez mientras halaba mis pezones con firmeza entre dos de sus dedos.
Se ubicó entonces de tal manera que nuestros sexos quedaron frente a frente y comenzamos a frotarnos con frenesí, jadeando y suspirando, haciendo estremecer la cama y la habitación entera.
Un nuevo orgasmo nos dejó vencidas y muy juntas de nuevo entre las sábanas, acariciándonos el pelo y besándonos dulcemente en los labios y en los párpados.
Era muy tarde y nos quedamos dormidas. El nuevo día nos sorprendió desnudas y estrechamente abrazadas.
Paloma amaneció cachondísima y se le ocurrió comenzar el día penetrándome. Sacó un panty pene de un cajón, de esos que alguna vez había visto en un sex shop y se lo puso. Se veía graciosa con ese aditamento, pero el probar algo diferente me emocionó. Abrí coquetamente mis piernas invitándola a introducir el falo en mi cuevita. Comenzó a juguetear en la entrada con la verga de goma, rozando mis labios y clítoris. La tomé entre mis manos, se sentía fría al tacto y la punta ya estaba lubricada con mis jugos. Bajo la verga quedaba justo el espacio para acariciar la también húmeda concha de Paloma así ambas disfrutábamos de nuestras mutuas caricias.
Me metió el pene lentamente y al principio lo sentí algo ajeno, sensación que desapareció prontamente gracias a las hábiles manipulaciones de Paloma, que se movía encima de mí como todo un hombre a la vez que acariciaba mi clítoris.
La tomé de las nalgas pasando mis dedos por las correas del artefacto. Luego mis dedos juguetearon con el orificio de su ano mientras disfrutaba de lo lindo con sus embestidas casi profesionales. Mojé un dedo con saliva para volver a su culito e introducirlo allí, cosa que a Paloma le encantó haciendo que acelerara sus movimientos.
Estuve con ella toda la mañana probando diferentes posiciones y juguetitos. Perdí la cuenta de todos los orgasmos que logró arrancarme.
Nuestra relación no terminó allí, apenas comenzaba y sus clases de anatomía femenina apenas iban en el primer capítulo. Mi palomita mensajera continuó dejando cartas bajo mi puerta y dibujando mi cuerpo con la diferencia que ahora tenía siempre a la modelo que después de cada trazo le enviaba un beso desde el sofá.

Horny
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