NO TODO ES LO QUE PARECE


Por décima vez Catalina, también conocida como La Cata, Lady Night, Osita Mimosa, Zahid, Mulatinha de Fogo u otros innumerables nombres imposibles de listar con los que se movía en Internet, enfatizando cada parte de su caleidoscópica personalidad: la campechana - simpática - entradora - que solo busca amigas, la dama misteriosa que no daba datos sobre sí misma, la mimosa mujer solitaria en busca de un poquito de cariño y comprensión y mimos, la pseudo escritora de textos de autoayuda al mejor estilo Coelho (en realidad lo que hacía era piratearlo a Coelho y cambiar un poco las palabras y las mujeres no se daban cuenta), la zafada brasileña de frontera con personalidad picante todo, todo, todo era válido para poder encontrar finalmente una, una mujer con la que salir y tener sexo y formar pareja y vivir la gran historia de amor justo en este orden.
Allí estaba Catalina, parada como un soldado frente al Punta Carretas Shopping, justito en la parada como le había dicho la tal  Pato, la única mujer que había podido conquistar en años, y había tenido que ser a través de Internet, porque en persona todas le escapaban como el diablo a la cruz sin que Catalina supiera el por qué. ¿Por qué si ella era culta, educada, intelectualmente brillante, hablaba siete idiomas, tenía una cómoda posición económica (bueno lo de cómoda posición económica en realidad es un decir; papá y mamá son los que tienen una excelente posición económica, que es casi lo mismo ¿o no?). ¿Por qué huían de alguien como ella después de dos o tres salidas, si era todo un dechado de virtudes?.
Era algo que siempre se preguntaba Catalina, sin jamás detenerse a pensar que quizás, solo quizás, su insistencia en mantener sus relaciones en estricto secreto, no presentar nunca a nadie de su entorno a la mujer con la que salía, ser ella la que llamara por teléfono a la otra y la otra jamás podía llamar ni mucho menos ir a buscarla al trabajo o planear pasar un fin de semana o una noche juntas; podía ser un escollo para que la relación durara.  Esos reclamos de parte de las mujeres con las que salía eran tan tontos. ¿Qué iban pensar los vecinos si no regresaba a casa una noche?. ¿Para qué les interesaba tanto conocer a sus amigas?. ¿Qué les costaba esperar a que las llamara?. ¿Para qué pasar 15 o 20 días juntas en un lugar de vacaciones?.
- "Ay, qué nervios, qué nervios. ¿Será linda?. ¿Tendrá buen cuerpo?" -  pensaba Catalina, alisándose el cabello y mientras intentaba disimular sus kilos de más metiendo la panza para adentro, miró otra vez la hora.
- ¡¡Se rompió este reloj de porquería, me quiero matar!!  gritó horrorizada, provocando que el pobre perrito salchicha que estaba olisqueando una plantita en el cantero, pegadito donde ella estaba, se fuera dando saltitos asustado de tremendo vozarrón de directora de liceo enojada. Catalina miró a su alrededor desorbitada, sin ver a ninguna linda muchacha con jean negro como le había dicho Pato que vendría.
En las cercanías sólo había un muchachito fumando, que por quién sabe que casualidades del destino también tenía un jean negro, pero de esos enormes, del tipo de los que usan los que escuchan hip hop. El muchachito tenía un enorme reloj CASIO G  Shock en su delgada muñeca izquierda y Catalina suspiró aliviada.
- "Le voy a preguntar a ese pibe plancha a ver si tiene hora"  - pensó, dio unos pasitos ligeritos hasta donde estaba el pibe y llegó resollando, desacostumbrada al ejercicio físico, pero como venía un ómnibus tuvo miedo que el muchachito se fuera y no había nadie mas a quién preguntarle en los alrededores.
- Discúlpeme joven...ufufuf...¿me puede dar la hora?.
La Pato levantó la vista y se quedó dura, caliente de que este personaje resollante la confundiera con un pibe, después de haber pasado toda la tarde prolijándose el cabello con gel y dándole a la planchita para que el corte flogger luciera espectacular. Normalmente habría respondido a la pregunta enseguida, si algo le sobraba era cortesía, pero de pronto pensó si esta mujer no se la estaría cargando. Justo ahora que estaba esperando a que llegara la Mulatinha de Fogo, que debía estar espectacular, que lo tiró. Miró su angosta muñeca y fastidiada respondió.
-  Son las 7, señora.
Inmediatamente la Pato miró a la calle, fingiendo que estaba viendo si el ómnibus que estaba a cierta distancia era el suyo, cosa que la tipa esta no la enganchara con conversación, porque tenía pinta de ser de esas mujeres que cuando largan la lengua sufren incontinencia verbal. Justo ahora que estaba esperando a la mulatita picarona y caliente con la que llevaba tres semanas ratonéandose casi todas las noches en el chat, no iba a permitir de ninguna manera que se le perdiera, con el trabajo que le había dado llamarle la atención, ya que todas las del chat querían echarle el lazo a la Mulatinha. Si era la mitad de ardiente que por chat, era un minón espectacular que.....  El vozarrón de la mujer la sacó de sus cavilaciones sobre cómo sería la Mulatinha trayéndola a la realidad. 
- ¡Las siete; cómo las siete?. ¡No puede ser mi reloj dice seis y veinte!.
- Y capaz su reloj está roto, señora  - respondió con fastidio creciente La Pato. Lo dicho, esta señora con pinta de intelectual de enciclopedia estaba largando la lengua y ciertamente ella no tenía ganas de infectarla con la bacteria ni con nada de nada.
- Pibe ¿vos no viste a una hermosa muchacha dando vueltas por acá, usando un jean negro?. ¡¡Quedamos de encontrarnos, mi reloj se paró; ay, me muero, me muero, algo debe haber pasado!!.
Catalina estaba desesperada y no se preocupaba por disimularlo ni un poco, solo le faltaba hacer un berrinche tirada en el piso como los gurises chicos cuando no les compran un caramelo.
No era para menos la desesperación si se había perdido a una hermosa muchacha, pensó la Pato. Y en ese mismo momento mientras estaba compadeciéndose de la señora, se le prendió la lamparita de que esa linda mujer no era otra que ella misma. ¿Esta era la Mulatinha de Fogo?. El fuego la había incendiado mal, pensó Pato y la bronca de que la hubiera confundido con un pibe se transformó instantáneamente en alivio de tener una excusa para zafar de la cita. Esta mujer no era precisamente la mulatita con la que fantaseaba online. Con esta mujer no quería ir ni a la esquina.
- "Que suerte, la vida me solucionó el problema"  - pensó la Pato aliviada, porque sino no hubiera sabido como zafarle, porque por su sentido de cortesía, no iba jamás a dejar plantada a una mujer aunque la mujer en cuestión no le gustara y además la hubiera llenado mentiras durante tres semanas sobre el espectacular cuerpo que tenía, lo ardiente que era en la cama, lo bien que se vestía y lo desenfadada que era. Esta señora era lo más parecido que había visto en mucho tiempo a la maestra que interpretaba Gasalla en sus sckets o a la empleada pública que grita "Se van para atrás".
Entonces la Pato, aprovechando la situación, decidió seguirle un poco la corriente a esta mujer para saber por qué carajo mentía tan descaradamente en Internet.
- ¿Así que se le perdió una linda mujercita, doña?.
- Ehhh; sí, sí, nada importante, una amiga.nos desencontramos, cosas que pasan  - respondió Catalina, dándose cuenta que con tanta exageración, este pibe plancha estaba empezando a darle charla y ella no tenía ningún interés en conversar con un muchachito inculto, ni de que alguna de las amistades de su círculo intelectual que vivían en esta zona la viera hablando con él, mire si todos ellos pensaban que ahora estaba relacionándose con muchachitos jovencitos y encima de ese bajo nivel social, dónde iba a quedar su imagen de recta directora de impecable carrera docente. Después de ver Notas de un escándalo lo último que quería era que pensaran que le estaban gustando los jovencitos, no señor, de ninguna manera. 
- ¡Pero no se haga problemas doña, una mujer como usted, tan fina, debe tener cientos de amigas!. Una más, una menos, no hace diferencia, déjese de joder, si es tan fácil hoy en día hacerse amigas.
- Exactamente. ¿Cómo te diste cuenta que tengo muchas pero muchas amigas?. Sabes, yo soy una persona muy querida, hasta en Internet  - comentó Catalina hinchándose como un pavo de orgullo, súper convencida de sus propias palabras. Era un mero detalle que a la mayoría de sus amigas de Internet no las conocía en persona, y que esas mujeres no eran amigas de Catalina, sino de Lady Night o de Osita o de Zahid, simples minucias que no hacen al resultado final ¿o sí?.
- Ah, ya sé doña, usted seguro se gasta todo en los ciber jugando en red y allí es que hace amigos, dígame la verdad  dijo la Pato - dándole un codazo a Catalina que le hizo pegar un respingo asustada, pensando que el plancha le iba a tironear la cartera y salir corriendo.
- Ay no pibe, yo no necesito ir a un ciber Tengo computadora en casa, con pantalla LCD de 22", sonido 5.1, webcam de última generación; no me hagas reír, jugar en red. No pibe, yo no juego, chateo con amigas, integro varias listas de lesb...esteeeee...deeeee...
- ¿De?  - presionó la Pato, a estas alturas francamente muerta de la risa viendo a la Mulatinha de Fogo sudando para responderle y manteniendo patrañas, soltando mentiras a la velocidad de una metralleta. No claro, no jugaba, para nadaaaaa, pensó Pato entretanto esperaba a ver que decía de la lista, ya que ambas estaban en la misma desde hacía tiempo, era allí donde la Pato había enganchado el jueguito de chatear con la Mulatinha. 
- De lindas mujeres, eso; una lista de lindas mujeres; con las que converso y hago amigas, eso -   respondió Catalina con una sonrisa triunfal, orgullosa de sí misma por haber salido tan bien del paso.
- ¿Y cómo se llama la lista?.
- Solo Lindas, porque no cualquiera puede entrar, hay que tener gran belleza física para integrarla.
- Ahhhh....mirá vos  - comentó la Pato, mordiéndose a propósito el labio inferior para no soltar la carcajada, mirando a Catalina casi con lástima. El corte de pelo estilo Susan Boyle (pero sin la maravillosa voz porque esta señora tenía un tono mas que chillón), la ropa gris y pasada de moda, los rollitos indisimulables. ¿Belleza física para integrarla?.  Bizarro concepto de belleza tienen algunas se dijo a sí  misma Pato.
- La jefa de la lista es mi mejor amiga...bueno, en realidad está super enamorada de mí, pero yo no tengo tiempo para ella, no tengo tiempo para atenderlas a todas - agregó con satisfacción Catalina, divirtiéndose de estarle tomando el pelo a este pobre diablo inculto que seguramente no tendría idea de qué cosa era una lista de correos y mucho menos del manejo de Internet.
- Pero si la jefa está enamorada de vos, esa lista es para tortitas, decíme la verdad. Dame la dirección para escribir, por si alguna está con ganas de probar otra cosa - dijo la Pato, mientras fingía su mejor cara libidinosa y se acercaba un poquito a Catalina  - Dale, dame la dirección, me recopó la idea de escribir allí a ver si engancho algo, alguna arrepentida, una que tire para los dos lados, todo viene bien.
Catalina miró al pibe plancha con cara de pánico. Lo que faltaba, por hablar de más, este pibe se había copado con la idea de meterse en la lista, menos mal que le había mentido con el nombre. Mire si no era tan inculto después de todo y sabía rastrearla por Internet, Mari la jefa de la lista primero la iba a matar y después la iba a desuscribir y si eso pasaba, Catalina se moría porque allí era donde conseguía más novias virtuales que en ningún otro lado.
-  Noooooo.noooooooooo pero estás loco pibe, es solo para mujeres.
-  Dele, no sea malita; ahora que bueno, si no quiere darme la dirección, tómese un cafecito conmigo, así filosofamos un rato sobre nuestras penas, que también soy un corazón solitario  - dijo la Pato y le tomó el brazo a Catalina.
-  Esteee...no tengo tiempo.
La Pato estaba muerta de risa con el giro que había la situación, así que agarró el otro brazo de Catalina, que reculaba como la mejor intentando alejarse.
-  Dale negra, no seas malita que no muerdo - dijo Pato, guiándole el ojo y pasándose la lengua por los labios.
-  Mira que casualidad,  justo ahí viene mi ómnibus  - dijo Catalina, deshaciéndose de los brazos de Pato y se tomó un 121 a Ciudad Vieja con tal de zafar del pibe plancha.
Cuando la puerta del ómnibus se cerró, Catalina suspiró de alivio, miró por última vez a la parada y no entendió bien por qué el pibe plancha estaba doblado muerto de la risa; no si la juventud viene cada vez peor, seguro este tenía el cerebro agujereado de pasta base.
Su mirada se deslizó por última vez en busca de la mujer de sus sueños, que por desgracia, nunca llegó al encuentro; nadanada de nada; ninguna morocha espectacular en jean negro; que mala suerte había tenido.
-  Corriéndose al fondo que hay lugar, no se me planten en el medio del pasillo.
Catalina miró con odio al guarda. Claro, le estaba diciendo gorda correte que ocupás el pasillo de manera elegante, desgraciado. Empezó a correrse al fondo empujando gente con rabia.
-  "¿Por qué todo el mundo engancha a alguna menos yo?. ¿Por qué ni siquiera las amigas me duran?. Las mujeres están todas locas, no saben apreciar un encanto de mujer bien educada y culta como yo cuando la ven."  - pensaba mientras se abría paso a codazo limpio por el pasillo, provocando que la gente se abriera como las aguas del Mar Rojo. Cuando casi había llegado al fin del ómnibus, vio que justito al lado del guarda alguien tenía intenciones de bajarse y dejar un asiento libre, así que se lanzó sin vergüenza, arrastrando a la gente en su camino hasta dejar caer toda su humanidad sobre el asiento, mientras muchos pares de ojos la miraban con fastidio y deseos asesinos.
-  "Me importa tres pepinos que me miren"  - pensó - "Perdí la minita, no voy a perder el asiento; además necesito pensar, necesito saber que mierda hacer para tener un poco de suerte con las mujeres".
En la parada siguiente al veterano que venía en la ventanilla se bajó, así que Catalina se instaló en ese asiento, abrió un poco la ventanilla y cerró los ojos un instante, casi adormeciéndose
De pronto un fresco perfume a jabón le hizo reaccionar, alguien recién bañado se había sentado a su lado y ese aroma era riquísimo, así que abrió los ojos y miró a su costado.
Una esplendida morocha de unos treinta y pocos años, delgada, atlética, se había sentado en el lugar que ella había ocupado hasta hacía pocos minutos. Equipo deportivo Adidas negro ajustado, pelo húmedo, parecía recién salida del gimnasio. Ese cuerpazo hablaba de muchas horas de ejercicio, a la morocha se la veía nerviosa, buscando algo en su cartera que parecía no encontrar. De pronto Catalina siente un suave codazo.
-  Ay perdón, perdón, que bruta soy; discúlpeme - le dice la morocha con una sonrisa deslumbrante que derritió a Catalina.
-  No, por favor, no es nada - respondió Catalina, deseando que la morocha la matara a codazos o hiciera con ella lo que quisiera.
-  Discúlpeme, es que perdí las llaves del auto y me subí al primer ómnibus que pasaba, de los nervios no sé que hacer además el celular está sin batería. Capaz dejé las llaves en el gimnasio, no sé, no sé, y ahora tampoco encuentro la billetera
Los ojazos negros de la morocha se posaron en Catalina, lucía desolada y sin saber qué hacer, Catalina sacó pecho de inmediato. Catalina al rescate, pensó, sintiéndose una auténtica Wonderwoman.
-  No me trates de usted que me haces sentir vieja, y por el boleto, no te preocupes  - susurró al  oído de la morocha, bien cerquita de esa cara preciosa. Sacó de su cartera una abultada billetera y rápidamente sacó el dinero del boleto, y se lo pasó a la morocha.
-  Ay, no sabes cuanto te agradezco, sos un amor  - dijo la morocha, agarrando el billete con carita de culpa y de no saber cómo agradecerle.
-  "Papita pal loro"  pensó Catalina.
-   Que rato que tomaste cualquier ómnibus y no te quedaste cerca del auto.
-   En realidad vivo muy cerca, cualquier ómnibus me sirve porque n tres paradas me bajo, en casa tengo otro juego de llaves, y vuelvo caminando a buscar el auto. Seguro que la billetera se me quedó debajo del asiento, no es la primera vez que me pasa, soy tan distraída
-  Que casualidad, yo también me bajo dentro de tres paradas, capaz te puedo ayudar hasta que resuelvas tu problema  - dijo Catalina, mientras repasaba en su mente los horarios de ómnibus para regresar a Salinas, que es donde en realidad vivía. - Yo vivo en Canelones, pero recién me voy a eso de las diez de la noche, estoy haciendo unas cosas sin importancia, te puedo dar una mano.
-  Ayyyy me encanta la idea, además me encantaría invitarte con un rico té o café en casa mientras busco las llaves, ya que has sido tan amable conmigo. ¿Aceptás?.
El corazón de Catalina empezó a salírsele del pechoen su mente, el que una mujer la invitara a su casa a tomar un café era inequívocamente señal de que quería algo más que un café, encima la morocha le aleteaba las pestañas y los ratones corrían los 100 metros llanos en la mente de Catalina.
- Cómo no, con este frío, un cafecito me viene bárbaro - aceptó rápidamente, restregándose las manos con cierto disimulo, ya se le había escapado una mujer hoy, pero esta no se le iba a escapar.
Y así Catalina y la morocha, que se llamaba Luz, bajaron del ómnibus conversando de lo más animadas, llegaron hasta un moderno edificio y se dirigieron a un lindo apartamento en el cuarto piso. Catalina tocaba el cielo con las manos. Al fin no hay mal que por bien no venga, andá a saber si la tal Pato estaba como un tren como esta morocha, no podía creer que hubiera tenido la suerte de encontrar esta morocha tan linda y que ahora estuvieran solas en su casa.
Mientras Luz  sacaba la llave de su cartera, Catalina fantaseaba con apretarla de atrás contra la puerta y descubrir si todo era tan fibroso como parecía y si esos senos tan firmes a la vista lo eran también al tacto. La dulce vez de Luz la sacó de su fantasía.
-  Adelante Catalina, pasa y ponete cómoda mientras preparo un rico café.
Luz ayudó a Catalina a quitarse el abrigo y los puso delicadamente sobre una silla. Catalina se apoltronó en un cómoda sofá y se puso a mirar la decoración del apartamento. Que buen gusto y también hablaba esa decoración de buen bolsillo, no había nada barato. Comenzó a imaginarse instalada en ese apartamentodesde la cocina Luz preguntó.
-  ¿Sos casada, tenés hijos?.
-   No, no, solterita gracias a Dios. ¿Y vos?.
-   Recién divorciada y tengo dos mellizos de cinco años que ahora están con su papá pasando vacaciones en Buenos Aires, donde él vive.
-  Ahhhh, qué lindo, mellizos - comentó Catalina, demostrando un interés que no sentía en lo absoluto. Los niños le provocaban un profundo fastidio.
-  ¿Te gustan los niños? - preguntó Luz, sentándose junto a Catalina para servirle el cafecito.
-   Claro que sí, me encantan, yo no tuve por esas cosas de la vida, pero son taannnnnn lindos  hablaba Catalina a 200 por hora, sabiendo que no hay nada más entrador con una mamá que alabarle a los hijos, es un pasaporte instantáneo a la simpatía.
-   Mirá, acá están. Este es Theo y este es Thiago - dijo Luz con una sonrisa de oreja a oreja, mostrándole un portarretratos con la foto de los nenes, foto que Catalina no miraba porque al mostrar la foto Luz se había inclinado hacia delante y la blusa semiabierta dejaba una visión parcial de sus senos, que Catalina reojeaba todo lo que podía
-          Muy lindas...divinaseste, perdón, divinos digo  - murmuró Catalina mientras sentía el pelo de la morocha sobre su mejilla, el aroma fresco de jabón y de shampoo - ay Lucecita que ganas de...
Nunca supo Luz de qué tenía ganas Catalina, porque al acercarse queriendo robarle un besito, con el codo tiró la taza de café arriba de la alfombra color camel. La morocha dio un gritito de horror y salió disparada para la cocina, Catalina se fue atrás de ella, la morocha llorisqueaba e hipaba en la cocina como si se le hubiera muerto un pariente, mientras ponía Mr. Músculo en un trapo rejilla
-  No lloresno llores; no es para tanto.
-  Todo me sale mal; pierdo las llaves; la billetera; se mancha la alfombra hindú que papá me regaló para el casamiento; acá no encontrás una así en ningún lado; yo me quiero matar.
-  Pero Mr. Músculo saca todo, mirá - dijo Catalina, restregando el trapo rejilla sobre la mancha que en vez de diluirse se agrandó hasta parecer un pequeño cráter en medio de la inmaculada alfombra color camel y Luz lloraba a moco tendido a la misma velocidad que la mancha se agrandaba, dando hipitos de angustia contenida.
-  Encima tengo una deuda de 5000 pesos de tarjeta de crédito y no tengo con qué pagarla; el papá de los nenes es un desgraciado que no me pasa un peso; ¿qué quiere que haga, que no le compre ropa ni juguetes a Theíto y Thíagito?. ¿Qué los nenes no tengan su Iphone para que los pueda ubicar?. Buaaaaaaaaaaaaaaa.
Catalina aprovechó la ocasión, largó el trapo rejilla y abrazó a la morocha acariciándole el pelo con la excusa de consolarla.
-  No claro que no, los niños necesitan ropita.
-  Y no puedo dejar el gym; ni la mesoterapia; fijate que yo trabajo haciendo promociones, tengo que cuidarme el cuerpo
-          Claro, claro tenes que cuidar este lomazo; digoeste cuerpito
-          ¿Me querés decir cómo hago?...tengo que pagar el lunes y no tengo un peso.
Si algo conmovía a Catalina, que era la mas dura directora de liceo del país, al punto que los alumnos temblaban solo de verla entrar, era ver llorar a una mujer y más si era linda, así que rápida y veloz tomó su cartera, sacó la billetera y mostrándole una tarjeta de crédito dorada a Luz le dijo:
-          Mirá que casualidad, traje la tarjeta del cajero y vi que acá a dos cuadras hay una sucursal del banco emisor de la tarjeta, yo te presto la plata y me la devuelves cuando estés mejor económicamente, puede ser de a poco  - todo esto lo decía pensando en que mejor cuanto menos le devolviera por mes así podía seguir viéndola y cultivando esta relación que parecía tan prometedora, embalada como loca con la idea de emparejarse con este bombonazo.
-          De ninguna manera puedo aceptar esto buaaaaaaaaaaaaaaaaa..soy pobre pero digna buaaaaaaaaa
-          No, no, no llores, yo voy hasta el cajero, cálmate un poco y tomamos otro cafecito cuando regrese.
Catalina salió casi corriendo hasta el cajero, contentaza de tener una excusa para seguir viendo a esta morocha espectacular quizás por dos o tres meses hasta que pudiera ella devolverle la plata.
Apenas Catalina cruzó la puerta, Luz se secó las lágrimas, agarró el teléfono y los dedos bailaban marcando un número en tanto los hipitos eran sustituídos por una enorme sonrisa triunfal. La grave voz masculina que le respondió le hizo sonreír aún mas.
-          Hola Theo; ya conseguí la platita; claro, claro, los 3000 que me pediste....a vos no te importa cómo, avísale a Thiago y se vienen esta noche a casa, vos con la ropa de cow boy y Thiago de motoquero; quiero un show espectacular. Ta, ta, listo, besitos a los dos
Cuando colgó el teléfono la sonrisa era aún mas amplia, pensando en los 10000 pesos que se iba a hacer esa noche cuando las 20 veteranas, señoras bien de la alta sociedad a las que les había cobrado 500 pesos por cabeza para que vieran un show de streapers sin arriesgarse a ir al Subterráneo Magallanes y ser vistas, vinieran al apartamento a ver a Theo y Thiago en acción. Y sonrió más al pensar en la fogosa noche que iba a seguir cuando las veteranas se fueran y se quedara a solas con los mellizos. Había sido una mas que buena idea prestarle atención a la aburrida conversación de Osita Mimosa y todas sus horas de lata por chat, cuando a la tal Osita se le escapó que iba a conocer a una chica en el Punta Carretas Shopping; verla de lejos llegar, correr con el auto al ómnibus cuando pensó que se le escapaba, la parodia de la pérdida de llaves. Se merecía un Oscar; qué fácilmente le había hecho creer el cuento de la mamita desesperada.
Que fiasco se iba a llevar Osita Mimosa cuando viniera a cobrar y descubriera que en ese apartamento no vivía nadie. Que Luz tenía las llaves para ir a regar las plantas cada tanto y para organizar estos shows privados; mientras la dueña estaba trabajando en Chile por un año, pensaba Luz mientras le abría la puerta a Catalina que venía con la plata en la mano y una sonrisa de oreja a oreja.


I am just living out the American dream
And I just realized that nothing is what it seems
(Estoy viviendo el sueño Americano
y acabo de descubrir que nada es lo que parece)

Madonna (Album American Life)

Mariela - Junio de 2009
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