NO TAN RAPIDO

-¡Rápido, Mel!  dijo terminantemente Caren, ansiosa por ver a su compañera de ratos de juergas y de trabajo y por qué no, su amiga.
-¡Hago lo que puedo, Caren! Intentaré llegar antes de las 9.00 para que ese don nadie no pueda echarme en cara lo mal que dirige su empresa.
-Yo solo te digo que te des prisa porque me muero del aburrimiento aquí y tú eres mi cura y si te despide, diré adiós a la buena vida.
-Tranquila, llegaré a tiempo. Ya sabes que lo haré por ti.
Ambas sabían que también lo haría por ella misma. Mel no podía vivir sin la presencia de Caren y viceversa. Se habían conocido en las oficinas de aquel inmenso edificio perteneciente a Greenstar, una prestigiosa empresa de videojuegos cuya existencia estaba a punto de quebrar. Mel llevaba soltera desde hacía ya dos años, pero se veía a leguas la falta del amor en su vida. Por su parte, Caren vivía por segundo año consecutivo con su novia, Susan, una chica muy atractiva, tímida y con grandes dotes para llamar la atención de cualquiera. Ésta no poseía una gran relación con Mel puesto que la amistad entre Caren y Mel no estaba dentro de su lista de "acontecimientos agradables". Susan, a pesar de sus maravillosas características, tenía un defecto considerado pecado capital: la envidia. Susan envidiaba el salero de Mel, su arte espontáneo, su cara de buena persona, sus llamativos ojos verdes y su encanto natural, cuyos efectos habían seducido hasta los huesos a Caren, cosa que Susan no había pasado por alto, entre otras cosas. 
A las 8.55 Mel se presentó en la oficina con el proyecto completamente ordenado, acabado y listo para presentar en la junta. Caren la beso en la frente nada más sentirla llegar.
-¡Ay, cuánto te quiero, Mel!.
-HuyNo sabes lo poco que me ha costado esperar hasta esta hora para hacerte sufrir - admitió Mel juguetona.
-Te pasas mucho conmigo- inquirió Caren con los brazos cruzados y cara de niña lastimada.
-Pero si sabes que lo hago porque me divierte mucho verte así de nerviosa, además, te pones tan pasional y tan guapa - Mel le guiñó un ojo y desapareció tras la puerta de la sala de juntas, dejando a Caren con el cuerpo cortado ante tal comentario.
Susan fue a recoger a Caren al trabajo, como cada viernes. Caren era una muchacha única: no era especialmente bella, pero su sonrisa, su paciencia, su sinceridad, su estilo, sus dotes para hacer de todo y sus bromas la convertían en alguien realmente especial. Ese carisma había embelezado a Mel a los pocos días de conocerse. Caren y Mel eran parecidas en cierto sentido, pero algunas diferencias entre ellas habían logrado que Caren empezara a salir con Susan, a sabiendas de que la historia con Mel podía haber continuado desastrosa por esos pequeños rasgos en la personalidad de cada una, que en ocasiones, eran los protagonistas de riñas poco duraderas, aunque realmente molestas.
Cuando Susan llegó a la planta en donde trabaja su novia, la vio parada en medio del pasillo con la vista fija en la puerta de la sala de juntas y con una sonrisa en los labios.
-¿Qué? ¿Pensando en mí, amorcito?
-Nemm.Sí, claro - dijo Caren pensativa. Había decido aquella misma noche dejar de engañarse a sí misma y acabar con su relación son Susan. Sabía perfectamente que estaba haciéndolo mal, algo fallaba entre ellas, no eran tan compatibles como pensaba al principio, se estaban haciendo un daño mutuo.
Susan, esta mañana te dije que no me vinieras a buscar al trabajo, que te pasaría yo a buscar en cuanto acabara un asunto importante. ¿Se puede saber por qué nunca me haces caso?

-Cariño, me preocupaste, sinceramente y quise salir antes del trabajo para venir a verte. Sé que algo te pasa, anoche no quisiste hacer el amor y eso es muy raro en ti, de hecho, llevamos semanas sin amarnos como antes. ¿Qué te pasa?.
-Susan, vamos a comer. Tenemos que hablar, pero no aquí  determinó Caren.
Salieron del recinto y mientras se dirigían a un restaurante que Susan había elegido para aquel día, Caren  pensaba en cómo decirle lo que le debía haber dicho hacía mucho tiempo, desde que dejó de sentir amor por ella. No pudo creer lo que veía: Susan la estaba llevando al restaurante donde se conocieron. Eso fue la gota que colmó el vaso y entre lágrimas que ya corrían por sus mejillas le pidió que parara el coche enseguida.
-Susan, no tengo fuerzas para continuar con esta película. Hace un tiempo dejé de sentir lo que sentía al principio por ti. No quiero seguir haciéndonos daño. Será mejor que dejemos de fingir química, dejemos morir esta relación.
-CarenCarenno - Susan no sabía qué hacer ni qué decir.  Es por Mel, ¿verdad? Esa puta siempre ha querido acabar con esto
-No metas a nadie en esto, Susan. He sido yo sola la que ha dejado de sentir. Cúlpame a mí, por favor, no hay nadie más.
-Muy bien  Susan empezaba a derrumbarse y entre sollozos le gritó que se apeara del coche.
Caren salió del auto con el alma rota, pero con los trocitos limpios. Se sintió bien por primera vez en meses. Había hecho lo correcto. Ahora solo faltaba encontrar una parada de guagua para regresar al trabajo. Iba a dejar que Susan recogiera sus cosas de su casa antes de volver a pisarla.
Al llegar de nuevo a la oficina, vio que Mel la esperaba en su oficina con una sonrisa en la cara, la cual se fue apagando a medida que Caren se acercaba.
-¿Qué te pasó, cariño?- preguntó contrariada Mel.
-Lo he dejado con Susan hará veinte minutos, Mel- contestó Caren al borde de las lágrimas.
-Es lo mejor que me han dicho hoy y mira que me han aprobado el proyecto.  a Mel le resultaba tremendamente costoso fingir la alegría que Caren le acababa de transmitir.
-¡Qué alegría, Mel! ¡Felicidades! Eso quiere decir que esta empresa renace de sus cenizas
-Gracias, Caren. Pero enserio, me alegro de que al fin hayas logrado sacar a Susan de tu vida. Yo nunca tuve nada en su contra, pero algo me decía que no era para ti.
-Lo sé, Mel, lo sé - "saber", eso, el saber me engaña tanto a veces- pensó.
-Bueno, y¿qué vas a hacer ahora?- preguntó Mel intentando mostrar normalidad ante la felicidad que le había nacido en el estómago al enterarse de tal noticia.
-Pues voy a esperar a que recoja sus cosas de mi casa. Había pensado en pedirte que me dejaras quedarte en tu casa unos días
-No hay problema. Aunquevoy a tener que llamar a Sara, una chica que me ligué la última vez que salimos, ¿recuerdas?, porque nos hemos estado viendo desde entonces y anoche se quedó a dormir en mi casa y supongo que aún continúa ahí. Tengo que decirle que vamos a tener compañía.
-AhNo me habías contado nada  Caren empezó a encontrarse bastante mal. Un fuego en su interior la estaba matando de repente.
-No¿Qué pasa? Una tiene sus secretitos
-Ya veo.  Caren estaba claramente molesta.
-En fin, voy a llamarla para que no me espere para la comida. Le diré que ya la avisaré cuando podamos volver a quedar ya que ahora vas a estar en casa y no creo que te haga mucha gracia escucharnos por las noches ni vernos desnudas por la sala¡¡jajaja!!  Mel disfrutaba con la situación y aún más al comprobar que la cara de Caren se distorsionaba en muecas al escuchar semejante comentario.
-Emgracia no me haría, no. Pero si no puedes acogerme, no pasa nada, puedo ir a mi casa.
-Ni hablar. Para algo estamos las amigas. Será mejor que la llame. Espérame aquí, en nada regreso.
Caren se sintió celosa por primera vez en su vida. Era consciente de que ese furor tan maligno que tenía en el estómago no podría ser otra cosa. Conque Mel se había estado acostando con esa chicaPues estaba segura de que hacía mucho tiempo que su amiga no se divertía de esa forma con nadieAunque ahora que lo pensaba, la última vez que salieron juntas había sido dos meses atrás porque con el proyecto de Mel las juergas habían quedado suprimidas.
- Por  culpa de más de un proyecto entre manos, me atrevería a decir - pensó irritada Caren, imaginándose a la linda Mel sobre Sara, agitándose como loca y excitada gritando.
Cuando llegaron a casa de Mel, Sara ya había salido de aquel cuchitril pequeño, pero hermoso: las paredes estaban paralelamente pintadas de dos tonos, de violeta y verde y los sillones eran de un tono gris muy oscuro, cuya semejanza con el negro daba a la casa un aire moderno, a la vez que al verse rodeado de pufs del mismo color y de velas que oreaban la estancia de paz y sosiego demostraban la cantidad de minutos que Mel se había pasado en esas tiendas de decoración que tanto le gustaban.
El dormitorio rojo con la cama beige cubierta de pétalos de rosa de diferentes colores denotaba la presencia de la tal Sara en ella hacía menos de unas horas.
-Bueno, Caren. Ya sabes, como en tu casa, ¿sí?
-Muchas gracias, Mel.
-No hay de qué, cariño, ya sabes que hago por ti lo que sea.
-¿Todo, Mel?.
-Todo, he dicho, sí.
-¿Serías capaz de creerte que estoy enamorada de ti desde que te vi por primera vez en la oficina? ¿Podrías aceptar que muero por tus huesos, que he sentido celos cuando nunca por ti, que deseo más que nada en el mundo tu cuerpo entre mis brazos?  Caren había estallado sin previo aviso. ¿Sabrías?  quedó interrumpida por la dulce voz de Mel.
-Perdona, Caren, pero, ¿no crees que tenemos todo el tiempo que queramos para contestarnos y preguntarnos todas esas cosas la una a la otra? No quieras descubrir lo más valioso que existe en unos minutos, dedícale horas y horas a ese tesoro. No tan rápido
-Tienes toda la razón, Mel Lo siento.  admitió Caren.
-No te disculpes por eso, mi vida, sé que sabes, sé que sé, sé que supimos desde el principio, aunque no sabremos jamás por qué no nos dejamos llevar. Ahora, por lo pronto, tenemos que solucionar algunos asuntos que no se pueden interponer entre el "nosotras dos".
-Por esto mismo me encantas tanto - musitó Caren, atraída completamente por la maestría  que solía demostrar Mel al manejar más de un problema a la vez.
-¡No seas boba! También te gusta mi forma de...  paró de hablar para chillar y reír junto a Caren a causa de las cosquillas que salieron de las manos y del alma de Mel.
-Me vas a matar un día de estos, boba - acabó por decir Caren al caer sobre la cama llena de bellos pétalos de rosas. Sobre ella, una Mel nueva, una Mel más interesante aún, cernía su cuerpo.
-Huy¡qué pésima anfitriona eres! Mira que tirarte encima de tus invitadas
-MmmEs una mala costumbre, lo sé, pero no lo puedo remediar ante tal provocación
Dos bocas callaron. Dos personas dejaron de respirar. Dos cerillas prendieron fuego a un colchón. Dos manos y otras dos. Dos cuerpos enteros hechos uno. Se abrazaron, se miraron, se rieron al verse en los ojos de la otra, se asustaron al notar la vibración más psíquica que física que ocasionaban sus abdómenes al rozarse, se besaron cada partícula de sus anatomías, se adoraron el pecho, se mordieron la carne, se bebieron la sal de sus sexos ardientes y deseos de placer Se tocaron donde los dedos no saben llegar, alcanzaron el amor de un solo impulso, comprobaron que el núcleo de la tierra  no es tal y como decían los libros de geología, se mostraron tiernas y salvajes, se acostaron desnudas de todo y vestidas con el aura de la otra, se acariciaron la piel tras hacer el único amor valioso para ambas, el único, el grandioso, el único, el que no muere, el únicamente verdadero.
A la mañana siguiente, el amanecer les arrancó las sábanas para observar cuán sincero y precioso era aquel amor negado años atrás y descubierto al fin.
-Buenos días, preciosa mía.  A Mel le costó girar la cabeza para ver que la persona que llevaba, seguramente, rato mirándola con cara de admiración profunda no era otra que Caren. No era otra de cualquier bar. Era ella, su amor, ella de carne y hueso, Caren.
-¡No me mires con legañas en los ojos!  dijo enojada a causa del extraño poder que Caren poseía para ponerla roja desde por la mañana.
-¡Qué engreída! Ahora verás - Ya Caren estaba sobre Mel dispuesta a hacerla estallar de algo más que de risa con sus manos expertas.
Y nuevas risas, nuevas cosquillas, nuevas botes en la cama, nuevos pétalos al suelo, nueva saliva, nuevos gestos de cariño, nuevos orgasmos, pero los mismos cuerpos, las mismas mujeres y las equivalentes ganas de darse y recibir más que amor de siempre.


CONTINUARÁ

Autora : Cris
saludamoryfortuna@hotmail.com