MI GRAN AMOR – PARTE I

Durante años les he contado historias de amor entre mujeres, hilvanadas por mi imaginación a partir de hechos banales como ver a una mujer atendiendo una estación de servicio, o en base a algo que hubiera soñado, o desde una frase leída al azar en algún libro o desde el jugar en mi mente a “qué pasaría si…”. En casi todas les conté del amor tal como lo idealizaba o contaba cosas que sé todas soñamos vivir alguna vez, cosas que de hecho algunas podemos vivir. 
Muchas veces a lo largo de estos años compartiendo historias, lectoras de este sitio me han preguntado si había protagonizado alguna por lo reales que parecían o porque sentían que eran historias que podían ser vividas o me preguntaron si contaba historias que le hubieran pasado a gente conocida.
La respuesta era que no, hasta esta que hoy redacto, todas las anteriores fueron producto de mi imaginación. 
Esta que les comienzo a contar ahora es una historia real…es mi historia de amor con quién es hoy mi pareja, la mujer que amo como jamás amé a nadie antes, la mujer con la que lo quiero todo por el resto de mi vida, la mujer que cambió mi mundo por completo, que me hizo aceptarme tal y como soy, que me da un amor sin igual, la que me rescató de una vida que no estaba siendo la que yo quería ni mucho menos la que merecía, que me hace crecer cada día, mi compañera – cómplice – amante.
Antes de comenzar a escribir una historia de amor siempre tenía muchas preguntas dando vueltas en mi cabeza. ¿Cuándo comienza una gran historia de amor?.  ¿La primera vez que ves a esa mujer que va a convertirse en el centro de tu mundo?. ¿La primera vez que piensas que te gustaría estar con ella como pareja?. ¿La primera vez que la tienes en tus brazos?. ¿La primera vez que tus labios se encuentran con los de ella?. ¿Cómo reconoces, como sabes cuando estás frente al gran amor de tu vida?. ¿Es cuándo sientes que quieres todo pero todo con ella y que nadie más te ha hecho tan feliz en la vida?.
La primera vez que vi a Carla la tengo grabada en mi memoria a pesar del tiempo transcurrido. Fue hace unos 9 años atrás en Espejismos, las uruguayas que pasen los 35 años seguramente fueron cuando menos una vez a este boliche, que durante años fue el referente para lo gay y el que las mujeres elegíamos porque la otra opción de boliche gay en ese momento, así como sigue siendo hoy en día, era y  es concurrida mayormente por varones.
Había ido con quién era en ese momento mi pareja,  A. y mi amiga G. como solíamos hacerlo cada tanto. El boliche estaba lleno como siempre, yo había tomado algo de alcohol antes de salir porque habíamos estado de previa en casa las tres, preparando algunos tragos, picando alguna cosa y conversando porque como no nos veíamos tan seguido con G., siempre había cosas para ponerse al día. G. venía reponiéndose de una decepción amorosa y mi idea era que si salía y se divertía, hasta quizás conocía a alguien, se recuperaría mas rápidamente. 
Entramos las tres e íbamos caminando hacia el fondo, mientras nos acercábamos a la barra la vi y  llamó mi atención al instante. Si debo definir que fue lo que me atrajo tanto de ella específicamente entre tantas mujeres como había esa noche, ya que era una de esas raras noches donde había tanta cantidad de mujeres como de hombres en un boliche en el que casi siempre los hombres eran mayoría, me es difícil contarlo…quizás fue el cabello rubio, o la manera en que bailaba ya que me encanta bailar y ella lo hacía y lo hace muy bien, la forma de vestirse me gusta ese estilo suyo simple pero muy cuidadoso del detalle, o su cuerpo chiquito y bien formado ya que me gustan las mujeres chiquitas (aunque mis anteriores parejas nunca habían sido chiquitas)…o mas que nada lo que me gustó fue lo que no se veía a simple vista, no era algo relacionado a lo físico pero que se adivinada o que yo podía ver mientras la miraba, tratando de que no se notara mucho porque A. era celosa y no quería tener que lidiar con una escena de celos en pleno baile.
Esa rubiecita chiquita transmitía una tremenda seguridad en sí misma, un estar cómoda con quién era,  se veía llena de vida mientras miraba a su alrededor con firmeza y sin timidez, se veía que disfrutaba de estar allí, del ambiente, tenía ese toque de atrevimiento justo, tenía todo eso que me atrae de una mujer mucho mas que una exuberante belleza física. No era casualidad que sonara “Is in your eyes” de Kylie Minogue en ese momento.
Mientras conversaba con A. y G., cada tanto la miraba, sorprendida de que me llamara tanto la atención, ya que no me pasaba ni me pasa que una mujer me impresione tanto a primera vista. De pronto lo que me impresionaba mas que ninguna otra cosa era lo mucho que ella se parecía a mi ideal de mujer, ese que tenía en mente como inalcanzable pero que he de confesar que nunca había buscado, justamente por considerarlo inalcanzable o imposible. Madonna hay una sola, era lo que me decía a mi misma cuando mi mente me recordaba de ese ideal y bajo esa creencia era que me había relacionado con otro tipo de mujer bastante alejado tanto en lo físico como en carácter a esa que tenía en mente.
Después de ver que estaba sola, tomé a G. del brazo, hice que girara de posición conmigo y le dije “mira a la rubiecita de remera blanca…está para darle”. Si, lo sé, fue un comentario grosero, chabacano, en un tono de broma que por ahí ocultaba la verdad. Lo cierto es que G. estaba soltera y pensé que ella sí tenía la total libertad de acercarse a esta chica tan linda.
Yo estaba en pareja con A., estaba convencida en ese momento de amarla, estaba muy comprometida en esa relación, estábamos conviviendo desde hacía un tiempo y respetaba esa pareja, trabajaba cada día para que funcionara, así que por mucho que me llamara la atención esta chica tan parecida a mi ideal, mi código de valores no me permitía dar otro paso más que mirarla de lejos.
G. la miró y no parecía con muchas intenciones de avanzar, no recuerdo que me decía, cuál era la excusa para no acercarse, aunque en el fondo la verdad es que nunca fue el fuerte de G. iniciar el juego de seducción, así que lo que hice fue irme acercando hacia donde estaba la rubiecita, a ver si G. tomaba coraje y le decía algo al verla, no podía entender cómo iba a dejarla escapar.
No recuerdo cómo fue, pero en un momento la rubia no estaba más en la tarima sino bailando con nosotras tres, mas bien bailando con G.. Si no lo recuerdo es porque en ese momento de mi vida el boliche era un escape, un escape que me sacaba de una vida que no estaba siendo la que yo quería, una vida que tenía a veces algún destello de algo que parecía felicidad pero que la mayoría del tiempo me agobiaba por muchas razones.
En el boliche, tomando alcohol y bailando, esa vocecita interior que me recordaba a cada momento que no estaba llevando la vida que me gustaría, ni estaba yo siendo la mujer que había imaginado ser y que de hecho estaba alejándome de esa mujer cada día se callaba y podía darme un respiro de mí misma. Esa imperiosa necesidad de escapar en esas horas los fines de semana para el lunes continuar con mi vida y poder lidiar con esa constante batalla dentro mío entre ser la que los demás esperaban o ser la mujer que yo imaginaba que podía llegar a ser se había convertido en un tema de supervivencia. Había una Mariela pública que funcionaba a nivel laboral y con los conocidos, una segunda Mariela que conocían mi pareja, mis amigos y mis familiares aunque ninguno de ellos llegaba a conocerme en profundidad porque yo no lo permitía acepto mi parte de responsabilidad (aunque tampoco parecían ellos muy interesados en conocerme)…pero había una tercer Mariela, esa que yo quería ser y no podía, esa que no tenía el coraje de dejar salir; esa que imaginaba como una mujer fuerte, segura de sí misma, sensual, sexual, que se quería a sí misma como para plantarse y ser quién era sin adaptarse a lo que se esperaba de ella, valiente, conquistadora, una que lograba todo lo que quería, que se daba a respetar…a veces, en arranques llegaba a cumplir alguno de los puntos de ese yo ideal y daba algún paso hacia la que quería ser pero nunca los cubría todos y me generaba mucha decepción no ser capaz de lograrlo.
El resto de la noche estuvimos bailando las cuatro, supe que la chica se llamaba Carla y hasta hoy no recuerdo si G. se fue con ella o con nosotras del baile, no lo registré en mi memoria, quizás por haberme ido del boliche en un estado de limbo causado por el alcohol. Lo que si recuerdo claramente es que cuando hablé con G. más tarde me contó que Carla estaba casada con un hombre desde hacía años. Me enojé pensando que era la típica historia de la mujer casada que va a los boliches gay buscando una mujer para tener un trío. Ciertamente no tenía porque molestarme tanto me decía a mi misma tratando de apelar a mi parte racional. De hecho me molestó mucho mas a mí que a G., ya que G. y Carla siguieron viéndose y se convirtieron en pareja, con esa situación de estar Carla casada y a pesar de que le dijo desde el primer momento que no iba a divorciarse del esposo.
Mi forma de pensar en ese entonces era mucho mas rígida que hoy en día, con el correr del tiempo aprendí que no todo es blanco o negro, que hay matices de gris entre medio y muchos, no un solo gris. El tiempo me ha enseñado a que no todo es lo que parece, pero en aquel momento esta situación de G. con Carla, esta pareja, me provocaba todo tipo de sentimientos encontrados: desconfiaba de Carla un montón, no podía entender como podía G. manejar que estuviera con ella y después estuviera con el esposo…la sola idea de que mi pareja fuera a su casa a acostarse con un tipo me resultaba totalmente insoportable, durante un buen tiempo seguí convencida de que Carla en algún momento le iba  a proponer a G. el tema del trío para incluir al esposo en la historia.
Cuando Carla comenzó a frecuentar mi casa, en compañía de G., ya que si G. quería esa relación para ella para mi estaba bien y lo respetaba, además que en verdad se veía feliz y yo no había visto así a mi amiga antes, tan contenta y tan entusiasmada, al tratarla mas a Carla fui viendo que no, que no había nada de historia de trío o similar, que ella sentía natural tener a su esposo y a una mujer al mismo tiempo aunque yo no podía entenderlo por mas vueltas que le diera, pero lo cierto es que al pasar tiempo con ella, compartir conversaciones, ver películas, o ver The L Word que yo bajaba en la computadora, ir a bailar, a comer fuera, en fin, todo lo que hacen dos parejas de mujeres que son amigas, la fui conociendo más y en ese conocerla más me di cuenta que me sentía cómoda con Carla, de hecho me gustaban muchas cosas de ella no físicamente hablando sino de su personalidad, algunas las que había visto la primera vez en ese baile como la seguridad, otras que fui conociendo a medida que la trataba como las ganas de superarse, estudiar, trabajar, progresar, su sentido del humor, su forma de ser positiva, la picardía, el que se permitía hacer lo que sentía sin censurarse, como disfrutaba de las cosas de todas las cosas con esas contagiosas ganas de vivir, los detalles y el cuidado que tenía con G. como pareja, como escribirle una preciosa nota para calmarla cuando estaba celosa, o preparar un viaje sorpresa porque G. no tenía dinero para irse de licencia, o encargar una torta de cumpleaños erótica para festejarle el cumpleaños. Por mucho que me resultara imposible de entender como Carla podía tener tantos detalles tan hermosos para con su pareja y no tener intención de divorciarse del marido, en algunos momentos pensaba que me gustaría a mí tener una pareja así de cuidadosa y detallista.
Entre tantas cosas que pasaron en esos años recuerdo una en particular, cuando Carla encargó esa torta erótica me pidió que fuera a buscarla porque festejamos el cumpleaños de G. en mi casa y A. me acompañó a buscar la torta y en un momento no sé a santo de qué me dice “Tú lo que necesitas es una mujer como Carla”. Es increíble como a veces lo que están a nuestro alrededor ven cosas a las que nosotras estamos totalmente ciegas, porque no podemos o porque no queremos ver.
Trate siempre de que no se me notara que me gustaban tantas cosas de Carla, por respeto a A., por respeto a G., porque como yo soy no me iba a permitir nada mas que un trato de amistad. Pero lo cierto es que me gustaba cada vez mas compartir tiempo con Carla cuando se daba la oportunidad. No pensaba nada de corte erótico en ese momento, solo que me gustaba cómo ella era y la comunicación que teníamos. Era tan fluido, tan fácil, lo pasaba tan bien conversando con ella. Soy naturalmente observadora y a ella le prestaba mucha atención a lo que contaba, a cómo lo contaba, de hecho cuando nos reuníamos las cuatro conversábamos mucho entre nosotras dos porque A. no se integraba mucho y G. no recuerdo que hablara mucho tampoco o por ahí es que yo no le prestaba atención. Carla contaba de sus aventuras con mujeres, de cómo el marido había sido quién se había dado cuenta de que a ella le gustaban las mujeres, de épocas en que se veía con varias al mismo tiempo, que no se iba a divorciar del marido porque así todo estaba bien, que siempre que se había relacionado con una mujer le había dicho esto mismo que estaba casada y no iba a divorciarse…contaba muchas cosas, pienso que porque se sentía cómoda conmigo y porque aún cuando yo no lo entendiera nunca me puse en una posición de juzgarla lo que quería era poder entenderla. Escuchándola, observándola, fui viendo algo que ella no podía ver, algo que estaba para ella en una enorme zona ciega. Y un día en una previa a ir a bailar, un trago de por medio, le solté esto que veía sin mucho tacto. Le dije “tú un día vas a dejar a tu marido porque te estás engañando en esta historia, tú eres totalmente lesbiana…sos una lesbiana que accidentalmente está casada con un hombre”. Carla se rió, me dijo que no, que me equivocaba, dijo alguna cosa mas que sinceramente no recuerdo, si recuerdo que eran argumentos para explicarme el porque iba a seguir casada, argumentos con los que estaba tratando de convencerse a si misma mas que a mí, esa fue la sensación que tuve así que me callé. Eran tan evidentemente claro para mí que esa dinámica de Carla con un esposo y una mujer o mujeres en paralelo no podía sostenerse, por más que por ahora el marido no viera a las mujeres como competencia aunque lo eran y claramente lo eran, porque Carla no me contaba que hubiera habido otros hombres en su vida. Yo veía que en algún momento Carla iba a buscar en las mujeres algo más que sexo o una relación paralela, pero Carla no estaba pudiendo o no estaba queriendo verlo. Cuando algo es demasiado grande y nos va a exigir muchos cambios en nuestra vida suele aterrarnos y lo que tendemos a hacer es taparlo, ocultarlo, no aceptarlo, cegarnos totalmente y contarnos muchas historias que realmente resultan más que creíbles para sostenernos en un área conocida y confortable.
Carla era para mí tan fácil de ver, tan fácil de tratar, me era tan cómodo congeniar con ella, tan fluido el conversar y compartir cosas, teníamos tanto en común aunque no lo pareciera a simple vista, que en cierto punto de cómo se venía dando esta relación de amistad comencé a cuidarme en el cómo me acercaba a ella. En algún lugar de mi mente y no se en que momento pasó comencé a sentir que podía ser peligroso para mí acercarme mas allá de cierto punto a Carla sintiéndome tan cómoda. A. le tenía muchos celos y cada vez que podía me largaba algún comentario al respecto pero al mismo tiempo hacía cosas que yo no podía entender como querer jugar en el boliche cambiando pareja de baile para terminara bailando con Carla. Nunca le seguí esos juegos a A. porque cuando salíamos a bailar estaba de por medio el hecho de que yo tomaba y no me tenía confianza a mí misma porque alguna vez, estando con un poco de alcohol encima, viendo bailar a Carla, había pensado en que pasaría si la besara. Existía esa tensión latente en mis sentimientos y yo no quería averiguar que podía llegar a pasar, desde lo racional no quería que pasara nada, no tenía esa intención con ella, un enorme cartel de PARE sumado ahora al de PELIGRO estaban destellando en mi mente bien rojos. El hecho que estuviera ella casada con un hombre ya era para mi inadmisible aún cuando estuviera yo soltera, además de eso yo estaba en pareja en una pareja que respetaba y quería que funcionara y ella era la pareja de mi amiga.
Una noche fuimos las cuatro a un sex shop para conocer, estábamos festejando el cumpleaños de G. y se nos dio por hacer una incursión por una de estas tiendas, fue muy divertido en principio, G. tomaba los consoladores y fingía ser un rinoceronte, había cosas que eran ridículamente grandes como para ser usadas, en un momento Carla se puso a insistir para alquilar una película porno lésbica para ver juntas…me negué de inmediato porque cuando lo propuso mi pensamiento instantáneo fue “si veo una película así contigo te parto al medio”…era uno de esos momentos en que esa faceta de mí, esa tercer Mariela que no dejaba salir a al luz porque me daba temor se escapaba de mi control. Las otras dos, A. y G., encantadas con la idea, se pusieron pesadas en el sex shop con el tema de la película, hasta se pusieron a ver títulos y desistieron porque me enojé bastante y me puse firme…traduje en enojo lo que resultaba ser miedo a mi propia reacción, estaba mas enojada conmigo misma que con ellas, enojada por lo impropio de ese pensamiento que se había zafado de mi férreo control. Obvio que no podía explicar las verdaderas razones de mi enojo a ninguna de ellas porque no quería ni explicármela a mí misma, mi pensamiento era zafar de algo que podía resultar un peligro. Esa fue la primera vez que tuve un pensamiento claramente erótico con Carla ¿o quizás la segunda?. 
El tiempo sigue su curso, la relación entre G. y Carla duró algo así como dos años si mal no recuerdo y en un momento terminó…según G. porque Carla tenía a otra desde hacía meses y que le había mandado a ella mensajes que eran para la otra y así fue que había descubierto el engaño. Fue algo raro para mí porque a esas alturas había cambiado mi opinión sobre que Carla fuera una jugadora, y ahora pasaba esto, por otra parte suponiendo que Carla fuera una jugadora ese tema de mandar un mensaje equivocado no podía haber pasado nunca porque estaríamos hablando de una mujer acostumbrada a jugar a varias puntas y sería una boluda total si se le zafaba tremendo detalle. G. no paraba de repetirme que la había estado engañando todo el tiempo, que había jugado con ella a propósito, que capaz había habido otras antes, que Carla jugaba con todas las mujeres, que se regodeaba lastimándolas, que no amaba a nadie, que tampoco quería al marido…Carla había pasado de ser el amor de su vida a una versión de la bruja mala corregida y aumentada. G. se puso muy mal de ánimo, muy deprimida, todo el tiempo dándole al mismo tema, sin querer salir y yo estaba super enojada con Carla, me sentía defraudada, traicionada porque había llegado a querer creer que ella si iba a ser capaz de esa historia de estar con el marido y con G. sin lastimarla, pero al mismo tiempo había algo que no me cerraba en todo este asunto.
Confío en mi instinto y cuando algo no me cierra, generalmente es porque alguna parte de la historia se estaba perdiendo. En esta historia no me cerraba era que Carla se siguiera preocupando por cómo estaba G. con el paso de los meses y hasta de años, porque como G. al principio no le quería hablar, me llamaba a mí para saber de ella. Una mujer que está con otra solo por joda y sexo no haría eso, mucho menos si ya tenía una sustituta, menos aún cuando pasan meses del tema. La preocupación era auténtica, Carla me pedía que estuviera cerca de G., que la apoyara, que la ayudara…me pedía que hiciera lo que ya estaba yo haciendo como siempre hice mientras G. y yo fuimos amigas.
Mi enojo con Carla tardó bastante en diluirse, he de confesarlo. Si embargo, por muy enojada que estuviera, no podía evitar comparar en mi mente una actitud con la otra y sentía que G. quería en algún punto que Carla fuera infeliz para que pagara su culpa, no es que lo dijera en palabras de esta manera que yo lo expreso pero no era necesario, yo lo percibía por comentarios o frases sueltas y por otro lado Carla estaba preocupada por G., se sentía mal por haberla lastimado y realmente quería que G. superara ese rompimiento y que fuera feliz, seguía cuidando de ella cuando ya no eran nada, eso hablaba muy bien de ella. 
Después que G. y Carla rompieron, dejé de ver a Carla. La comunicación pasó a ser por teléfono, donde hablábamos mayormente de G. o por e-mail y ahí no solo hablamos de G., sino que a lo largo del tiempo Carla me iba contando cosas de su vida, de sus trabajos, de lo que iba estudiando al mismo tiempo que trabajaba pese a lo complicado de sus horarios, de donde daba concursos queriendo cambiar de trabajo para progresar, supe como iba progresando y superándose…esa ganas de vivir que vi en ella desde la primera vez estaban tan presentes en todo momento de su vida, esa fuerza para llegar donde quería me encantaba. A veces me preguntaba porque me contaba esas cosas a mí, me gustaba que lo hiciera y me gustaba no perder el contacto, pero me resultaba también raro porque no habíamos llegado a formar una amistad tan cercana y eso fue por mi causa, por la barrera que yo misma puse. Evidentemente la comodidad que existía cuando nos tratábamos en persona persistía para que a ella le surgiera contarme cosas de su vida. En momentos pensaba que me gustaría hacer el intento de tener una amistad más cercana, sentía que podía ser muy positivo para mí, pero sabía que eso seguía representando un peligro. Mi vida era un total caos en esos años y no pasaba de ser un pensamiento el querer tener una amistad más cercana con Carla. 
La relación con A. en lugar de crecer parecía destinada a decrecer cada año que pasábamos juntas, en lugar de afianzarse con la convivencia surgieron cosas más jodidas que el que fuéramos muy diferentes en carácter, esa era quizás el menor de los obstáculos. Sumada esta complicada relación de pareja se sumaba una difícil relación con mi familia y un trabajo cuyo ambiente era bastante hostil y enfermizo por mi incapacidad para poner límites, todo eso se fue sumando año tras año en un auténtico cóctel molotov que minó mi salud primero llegué a enfermarme seriamente del estómago, mi mente mas tarde cuando llegó una depresión de la que me costó salir…fueron años muy duros y en cierto momento de esos años llegué a pensar que no lo superaría. Que no iba a poder salir de la depresión. Cada día me sentía mas lejos de la mujer que hubiera querido ser y en ciertos momentos me miraba al espejo y me preguntaba quién era esa mujer cansada, triste, agobiada que me miraba o me preguntaba por qué no era capaz de reaccionar y mandar a todo y a todos al diablo de una buena vez, que era lo que sentía que se merecían. Quizás el principal problema residía en mi propia incapacidad de plantarme y darme el valor que tenía. 
La última vez que hablamos por teléfono con Carla fue porque yo estaba enojada con G. porque ella había tomado distancia de mí sin darme mayores explicaciones y se lo conté a Carla por e-mail. Entonces ella hizo sus averiguaciones porque para entonces G. ya había vuelto a hablarle y me llamó para contarme que G. había tomado distancia porque había decidido ser heterosexual y temía que yo la juzgara por ese punto o que no quisiera ser más su amiga y que entonces se había distanciado para no tener que contarme. En esa misma conversación, en algún momento y no recuerdo el porque surgió, si por un comentario o porque yo le pregunté algo, Carla me contó que se había divorciado, que yo no había estado equivocada en lo que le decía antes…mientras me lo contaba pensé que me gustaría estar libre para ser su pareja. Ya Carla estaba con otra mujer, la “causante” de que se separara de G. y se oía feliz y enamorada así que ese pensamiento se disolvió a escasos minutos de haber surgido. 
Después de esa charla la conversación se espacio todavía más porque Carla ya no tenía computadora, y finalmente desapareció. La supuse feliz en su relación con esta mujer, y por dentro tenía la satisfacción de que lo que había visto de ella como persona era cierto y que mi predicción de que se divorciaría se había cumplido. La vi a Carla con esta mujer una vez, en Kronos…Carla parecía muy enamorada, las miré de lejos por un rato, hacía mucho que no veía a Carla y seguía teniendo todo eso que me gustaba en ella, no me acerqué a saludarla porque no quería conocer a la mujer que estaba con ella. Un tiempo después las volví a ver en Il Tempo y esta vez no pude hacerme la tonta porque A. la vio también y quiso ir a saludarla, así que conocí a su pareja y seré mala pero no me gustó para ella.
En tanto la relación de Carla parecía ir muy bien y progresar, mi relación con A. se terminó, ya había terminado de hecho sin que ninguna lo dijera cuando el sexo desapareció después de que empezara con las dudas sobre su sexualidad hasta que se declaró heterosexual pero a pesar de esta declaración, un día me decía que quería que siguiéramos e intentáramos estar juntas igual porque ella podía elegir ser lesbiana y al otro cambiaba de parecer y me decía que yo merecía otra cosa, al tercero sugería que siguiéramos juntas pero que buscara una relación paralela, fueron meses de idas y venidas que no definían nada pero si lastimaban mucho.
Allá por Enero del 2012 fui yo quién pude terminar la relación de palabra, darme mi justo valor, entender que no merecía estar prisionera en este juego de “te quiero pero no te quiero pero quiero estar contigo pero a la vez ser libre”, pude verbalizar el final porque hasta ahora solo ella había hablado alguna vez de romper la relación sin concretarlo definitivamente, pude dar ese final después de hacer el clic de que el milagro que yo esperaba nunca se daría. Ni A. se iba a convertir en la mujer que yo quería en mi vida ni yo iba a ser nunca la persona que A. necesitaba ya que seguía siendo yo mujer y lesbiana, A. quería ahora a un hombre en su vida y esa relación, nuestra relación, en verdad había fenecido hacía mucho tiempo atrás, era algo de tenía que aceptar, como tenía que aceptar que por ahí A. nunca me había querido. Este fue un hecho fue muy fuerte y doloroso en su momento para mí.
Seguimos conviviendo después de esa conversación en que mi cabeza al fin le puso punto final a la relación de pareja a través de la palabra, en una situación que distaba de ser la ideal, la de ex pareja que intentaban ser amigas y convivir, yo no tenía fuerzas para dar el paso de separarme, me sentía perdida, paralizada, no sabía que hacer o cómo seguir con mi vida esa era la verdad. Durante muchos meses tuve el corazón roto, destrozado, no quería saber nada de tener otra relación, estaba muy enojada con todas las mujeres en general, mi discurso es que todas las mujeres querían a una mala persona que las hiciera sufrir y no las respetara a su lado para estar conformes…creo que le pasa a todas esto de tener pánico de sufrir nuevamente y de contarse muchas cosas negativas para no caer en la tentación de relacionarse con alguien y volver a sentir. Estaba paralizada sin saber cómo manejar esta situación, sintiendo dolor, rabia, decepción, pena y mucho enojo, un enorme enojo conmigo misma por lastimarme a mi misma de esa forma esperando un milagro, por haber dejado que ella me lastimara.
Hacia mitad del año pasado hice el segundo clic al pensar que no era justo que yo no lo intentara nuevamente…que por muy dolida que estuviera, este fracaso tenía que servirme cuando menos para saber que cosas no volver a hacer o que cosas no volver a aceptar. Creo que lo principal fueron las palabras de buenas amigas que me dijeron que me merecía ser feliz. Después decidí concentrarme en pensar qué cosas me harían feliz, que cosas quería yo, Mariela…o mas bien no yo, no esa que estaba siendo en ese momento, sino lo que querría esa Mariela 3, esa que no permitía que surgiera e hice una lista de cómo quería que fuera mi pareja y que tipo de relación quería…lo ideal pidiendo hasta el último detalle. Porque si ni siquiera sabía que quería me iba a ser muy difícil encontrarlo. Se dice que el que no sabe lo que busca encuentra lo que no quiere y yo sentía que eso me había pasado hasta ahora. No solo no sabía lo que buscaba sino que tampoco sabía muy bien quién era, así que hecha la lista, me tomé el resto del año para conocerme mejor, para sanar heridas y acercarme a la que quería ser.

Continuará…

Mariela
Relatos Lesbicos
Diciembre 2013
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