Trabajo de recepcionista de un hotel doce horas por día turno noche.  Es un  lugar muy transitado, por ende, estoy todo el día relacionándome con  gente de todas partes del mundo.
Ese día (10 de agosto), no eran más de las 23 horas, tuve que ir al décimo  piso para retirar unos papeles de un pasajero. Los pasillos estaban  desolados, todo estaba demasiado tranquilo. El ascensor llega a su destino, se abren las puertas y miro hacia ambos lados del pasillo. Voy a reconocer que tenía un poco de miedo ya que el  hotel estaba casi vacío.
Caminé hasta la esquina del pasillo y me asomo silenciosamente para  revisar  si había alguien por ahí. De repente, veo a dos chicas apoyadas sobre  el  marco de la puerta de una habitación. Recordé automáticamente que esas muchachas eran de Londres y estaban de vacaciones por quince días en nuestro país.
Me quedé más tranquila al ver que estaba acompañada. Pero ellas no se percataron de mi presencia.
Seguí caminando hasta el final y me quedé asombradísima al ver algo  raro  (para mí)...¡¡eran dos mujeres besándose!!.
No lo podía creer. Pero ocurrió algo que nunca pensé que iba a pasar,  en  ningún momento corrí la mirada.
Me encantó observarlas. Sentí que quería unirme a ese beso. Era muy  dulce.
Ellas no sabían que yo estaba mirándolas.
Hasta que volví al ascensor y retomé mi trabajo.
Estuve un rato largo en conflicto conmigo misma ya que no podía creer  lo que  había visto. Estaba muy alterada por todo lo ocurrido. Sentía que tenía que probar esa sensación, pero no sabía por donde  empezar.
Unas horas más tardes (creo que eran como las 4 de la mañana), siento  que se  abre el ascensor y baja una de las chicas que había visto besándose en  el  pasillo. Mientras que ella iba acercándose, mis piernas temblaban como  locas. Me preguntó si tenía alguna toalla de más para facilitarle  (obviamente todo en inglés), y se me ocurrió decirle que yo se la  alcanzaba  hasta la habitación. Me agradeció mucho y unos minutos después yo ya  estaba  golpeando la puerta para entregarle la toalla. Tenían una habitación para cada una.
Sentí un grito lejano que me pedía que entrara que estaba abierto, y yo  ni  dudé en hacerlo. Miré para todos lados y me di cuenta que no había nadie dentro. De  pronto  siento un: - Here!. Sale una hermosa rubia del baño agradeciéndome por  las  toallas.
Eran muy bellas las dos. Pelos largos, ojos claros, pieles blancas. ¡¡Muy
bonitas!!.
Me despedí y al tratar de cruzar la puerta, siento una mano sobre mi hombro  que me impedía el paso. Me di vuelta y la vi a esta muchacha enfrentada  con  tan solo unos centímetros de separación.
Volví a temblar como una loca. Su mano había empezado a subir por mi  cuello  hasta tomarlo por completo y empujarlo hasta ya no tener separación, cuerpo  con cuerpo. Su boca se acercó hasta mis labios y su lengua empezó a bailar dentro  de mi  boca. Me quedé paralizada, nunca había sentido algo igual, parecía como  que  me iba a venir un orgasmo en cualquier momento.
Sentía un placer que es muy difícil de explicar en este relato.
Besaba mejor que cualquier hombre con el que haya estado anteriormente.
Los nervios se me empezaron a aflojar y abracé a esa mujer hasta  apretarla fuertemente. Seguíamos tranzando (besándonos) descontroladamente y nuestros  cuerpos se frotaban sin miedo ya.
Ella empezó a quitar mi blusa blanca de trabajo y manoseó mis senos  hasta dejarlos bien duros. Sacó mi pollera negra y me tiró en la cama de la habitación. Con sus dientes bajó mi braga y cuando me quise acordar,  ella ya estaba desnuda.
Me besaba como un animal salvaje, eso me encantó muchísimo. No paraba  de masajearme los pechos. Yo estaba que ardía. Me entregué por completo.
Su lengua empezó a bajar por mi cuello, me chupeteó bien las tetas y  siguió bajando por mi abdomen hasta llegar a mi concha que ya estaba empapada  de tanto placer. Me mojó bien con su saliva y me abrió de piernas. Ella  también abrió sus piernas y apoyo su linda almejita bien depilada sobre la mía.
La  refregó hasta gritar como un animal. Yo no puedo explicar lo que  sentía, fue  algo hermoso.
Luego se acercó hacia mi boca nuevamente y empezó a besarme, pero muy suavemente. Me encantaba que me besara. No quería que terminara más.
Pero el  deber me llamaba. Yo estaba en horas de trabajo y no podía darme el lujo de  estar más tiempo fuera de mi puesto. Entonces la saludé y me retiré.
No sabía su nombre ni su edad, no sabía nada de ella. Pero no me  interesaba mucho igualmente. Lo único que me importaba era el momento de pasión y placer que me había hecho pasar esa hermosa mujer.
Volví a la recepción del hotel (había estado ausente por dos horas),  tomé un café, me relajé y recordé todo lo ocurrido. ¡¡No lo podía creer!!.
Las chicas se quedaron dos semanas en el hotel y yo seguí mi vida como siempre... pero todas las noches, a las 4 de la madrugada, durante esas  dos semanas, daba mi vuelta por ese pasillo del piso décimo y me  reencontraba con ese sueño de woman.
Ese 10 de agosto tuve mi primera experiencia con una mujer que duró dos semanas. Fueron alucinantes. Fue la última también.
Pienso que ahora mi vida dio un vuelco muy grande, ya que mi  preferencia
sexual cambió absolutamente.