DULCE AMANTE

Llovía de tal modo que parecía que el mundo se venía abajo esa noche de verano, mientras Analía caminaba buscando la dirección de Erica...le daba verguenza tener que molestarla a esa hora de la noche, pero era la única persona a quién podía recurrir. Antonio había vuelto a golpearla, esta vez le había amoratado un ojo y hasta le había arreado una patada, la paliza no había pasado a mayores porque Analía le dio con un jarrón en la cabeza y aprovecho el desconcierto del hombre para huir, tomar el taxi que providencialmente pasaba (porque si Antonio la alcanzaba después del jarronazo era capaz de matarla) y llegar hasta donde Erica vivía. No recordaba muy bien la ubicación exacta del apartamento, dado que había ido solo un par de veces y a las apuradas.
Al fin reconoció el edificio pintado de color crema. Revisó los porteros y encontró el apellido de Erica: Fontanot. Pulsó el timbre deseando fervientemente que estuviera en casa...sino no tendría a quién acudir. Sus padres vivían en el interior. Y si iba a casa de Marta tendría que soportar largos sermones que ahora no estaba en condiciones de oír. Suspiró de alivio al oír la voz de Erica, algo adormilada.
- Diga
- Soy Analía...¿podrías abrirme?.
- Claro.
Tomo el ascensor, al llegar al piso de Erica vio que la puerta estaba abierta y entró. Erica salía de la cocina en ese momento, y se cubrió la boca con las manos al verla...el ojo de Analía estaba quedando semicerrado y tomando un intenso color violáceo. Erica llegó a su lado y la abrazó tiernamente:
- Pero por Dios...ven, vamos a sentarte...¿dónde mas te golpeo?.
- En las costillas...
Suavemente Erica hizo que Analía se sentara y le subió el empapado buzo. Otro moretón se extendía por costado derecho del cuerpo de la mujer, debajo del seno. Erica meneo la cabeza, fue hasta el cuarto y trajo un gran tohallón, y también una crema para los golpes a fin de evitar que siguiera agrandando el moretón.
- Anda, quítate esa ropa...tenemos que secarte.
Erica obedeció, se quitó la ropa y quedo tan solo con su ropa interior. Erica la ayudó a secarse frotando con vigor el cuerpo, para ayudarla a entrar en calor. Luego aplicó el unguento sobre la zona afectada por el golpe con mucho cuidado, y después le hizo ponerse un jersey enorme. Llevó la ropa hasta el baño, preparó café y se sentó con ella. Se estaba comportando tal como Analía necesitaba...ayudándola sin sermonear y sin hacer preguntas.
- ¿Te sientes mejor?.
- Sí, mucho mejor...que suerte que estabas en casa...tenía miedo que hubieras salido...como es viernes por la noche.
Erica soltó una risa. Por alguna razón Analía siempre había tenido en la mente que ella salía todos los fines de semana...desde que se conocieran en el secundario Analía había tenido esa imagen de ella, que no sabía cómo había formado. Ni los años que pasara lejos del país habían cambiado esa idea en la mente de Analía.
- Mujer...no salgo todos los fines de semana ni mucho menos. ¿Quieres algo para el dolor?. ¿Quieres que te lleve a un doctor?.
- Me daría mucha verguenza contar que me golpearon....
- Pero esas costillas pueden estar rotas.
- No...solo fue un golpe, pude esquivar lo mas duro...además le partí un jarrón en la cabeza, así que me cobre bien los golpes.
Erica se rió un poquito...en realidad no le había caído nada bien Antonio. Hacía cosa de ocho meses había regresado al país, después de varios años de ausencia. Se había reencontrado con Analía después de casi dos meses de su regreso, dado que primero llamó a casa de sus padres y allí le dijeron que estaba en la capital y viviendo con Antonio, por lo que prefirió llamarla a su trabajo, porque no conocía que tipo de hombre pudiera estar con su amiga. Habían comenzado a frecuentarse, mas bien...se encontraban para tomar algo, porque Antonio era un tipo muy huraño y extremadamente celoso, que no permitía que Analía recibiera visitas en casa, y tampoco podía ella llegar muy tarde a casa...así que Erica pasaba a buscar a Analía al salir del trabajo, tomaban un café y luego la llevaba hasta su casa, cosa que los horarios de Analía fueran los habituales y Antonio no sospechara. Erica no comprendía como Analía aceptaba aquella situación...y menos comprendía como una chica con su aspecto estaba viviendo con un hombre casi 20 años mayor y sin ningún atractivo. Pero como no solía meterse en la vida de las personas, se adaptaba a ese modo de verse a fin de conservar la amistad.
- Supongo que esto te hará pensar bien en lo que harás mañana.
- Claro. No voy a volver con Antonio. La primer vez que me dio de bofetadas juró que no volvería a hacerlo. Si hoy no le doy con el jarrón en la cabeza ya me estaba arreando patadas. No voy a regresar con él.
- Esa me parece la decisión mas correcta. Puedes quedarte aquí mientras resuelves que hacer. Mañana iremos a buscar tu ropa, le pediré a un amigo que nos acompañe.
- Esta bien.
- Ahora será mejor que nos vayamos a acostar...creo que te hace falta.
- Claro.
Erica tenía un cuarto pequeño, destinado a cuarto de servicio en primera instancia, pero que ahora ella tenía con una cama y donde guardaba la ropa para planchar. Analía se acostó y Erica se quedó a su lado por un rato, velando su sueño. Dormida se veía tan frágil, con el cabello color caoba desparramado sobre la almohada y el aliento escapando de sus labios rosa pálido. La piel era muy blanca...siempre había tenido esa piel tan blanca, Erica recordaba que cuando eran compañeras en la Escuela de Diseño, allá por sus 20 años, e iban a la playa, Analía siempre terminaba con una quemadura de sol garantizada. Con el tiempo el cuerpo delgadito de Analía había adquirido algunas redondeces que la volvían atractiva. Erica suspiró. Lastima que su amiga tenía tanta mala suerte en el amor.
Al día siguiente se levantaron casi a media mañana. El ojo de Analía estaba totalmente hinchado y un gran moretón azuloso se extendía bajo el seno derecho, pese a lo cual no quiso ver a un médico. Erica se dijo que ya bastante había pasado Analía para insistirle, así que llamó a su amigo Víctor para que las acompañase a buscar la ropa de Analía.
Víctor parecía un oso de grande...con 1.95 de estatura y mas de 130 kilos de peso, imponía respeto con su sola presencia. Sumen a eso unos ojos negros como noche sin luna y un cuerpo trabajado en gimnasio y ambas mujeres tenían al protector ideal. Los tres fueron al departamento que Analía estaba compartiendo con Antonio. Apenas Analía puso la llave en la puerta, esta se abrió y apareció Antonio, con un short y una camiseta. Al verla intentó abrazarla como si nada hubiera sucedido, cosa que Erica impidió poniendo un brazo entre ambos.
- Déjate de estupideces Antonio.
- ¿Y tú que te metes?...mi amor...perdona, perdí la cabeza...
- Pues ya no volveras a perderla porque me voy - anuncio Analía. La cara de Antonio se transfiguro y adquirió la misma expresión que tenía la noche anterior cuando comenzó a golpearla acusándola de estarse viendo con otro hombre. Analía dio un paso hacia atrás asustada y en ese momento Víctor se dejó ver, plantándose en la puerta con los brazos cruzados.
- Vaya...no había necesidad de traer tantos guardaespaldas....
- ¿Te parece que no después de cómo me dejaste el ojo?. - respondió Analía, sintiéndose más segura al ver que la presencia de Víctor amedrentaba a Antonio. Ambas mujeres entraron al dormitorio para cargar la ropa de Analía. Las pocas cosas que ella tenía antes de irse a vivir con Antonio las había vendido, dado que él le dijo que no eran necesarias, así que solo tenía su ropa, unos libros y algunos compactos. Rápidamente cargaron todo en grandes bolsas. Antonio no se atrevía a moverse de la sala...la presencia de Víctor lo amedrentaba. Solo cuando vio que Analía estaba saliendo con todas las bolsas y tomó conciencia que la perdía, quiso retenerla de un brazo. Víctor dio dos zancada y le retuvo la mano:
- Si la tocas te rompo los dientes.
Ambas mujeres salieron del apartamento. Víctor soltó el brazo de Antonio y salió, cerrando la puerta tras de sí. Una vez en el auto Analía suspiró...después de todo no había sido tan difícil. Por fin había logrado cortar ese vínculo enfermizo con Antonio.
- ¿Te sientes mejor?.
- Sí...creo que sí...gracias Erica, gracias Víctor...
- No hay de que - respondió Víctor, tratando de acomodar las piernas en el reducido espacio trasero del pequeño coche de Erica...cosa bastante difícil por su estatura. Analía sonrió un poco al verlo y él le guiñó un ojo. Se veía gracioso.
Para la nochecita Analía estaba instalada en el departamento de Erica, sin exigencias de tiempo para irse. Es mas, Erica hasta agradecía la compañía, dado que no se podía acostumbrar a la soledad. Mientras estuvo en Buenos Aires vivía con su pareja, y fueron unos cuantos años de llegar a casa sabiendo que había alguien allí. Ahora no se acostumbraba al silencio del apartamento.
Gracias al cielo Antonio no volvió a molestar a Analía para nada, cosa que en un principio Erica había temido, así que pocas semanas después Analía había cambiado su aspecto apocado y temeroso, recuperado su sonrisa, y congeniaban estupendamente con Erica. Inconscientemente Analía había tomado las riendas del apartamento, dado la gran cantidad de horas que Erica trabajaba fuera de casa, haciendo la vida de ambas muy placentera. Comenzaron a ponerse al día con lo que les había ocurrido durante esos ocho años que Erica había estado lejos...mas bien Analía fue la que contaba cosas, y Erica escuchaba. Le contó de Raúl, el novio que tenía cuando Erica se fue, compañero de la Escuela de Diseño, que al fin terminó embarazando a quién por entonces era la mejor amiga de Analía. Le contó de Carlos, con quién mantuvo una relación enteramente platónica...mas de amigos - hermanos que de novios, dado que Carlos era católico practicante y pensaba que mantener sexo fuera del matrimonio era pecado. Carlos le había conseguido el empleo que tenía actualmente en un importante laboratorio de fármacos y en el que llevaba seis años. Carlos se había recibido de médico e ido a trabajar a Sudáfrica a una misión de la Iglesia, y terminó dándose cuenta que lo suyo era la vida eclesiástica, tomando los hábitos hacía poco menos de tres años. Y luego conoció a Antonio....que Analía pensó podía ser quién la ayudara a establecerse. Antonio, bancario de impecable carrera, 40 y tantos años....nada guapo, pero que al principio se mostró tan lleno de atenciones que hizo que Analía pensara que, aunque no estaba enamorada, podía tener una vida tranquila a su lado...por eso aceptó vivir con él. Así que salió del apartamento que compartía con su prima Marta, vendió sus cosas porque Antonio dijo que él tenía toda su casa puesta y no eran necesarias, guardó el dinero en el banco y se mudó con él.
Apenas dos meses de mudarse estaba arrepentida. Antonio era extremadamente celoso, al punto de ver fantasmas donde no los había. Tenía celos hasta del aire que Analía respiraba. Poco a poco la fue apartando de sus amistades, controlando sus horarios de ida y regreso del trabajo...hasta le impidió ir a visitar a sus padres porque eso significaba todo un día lejos de él, y generalmente Analía iba los domingos a verles. Cuando Erica regresó Analía llevaba seis meses soportando esa situación de represión. Luego comenzó el maltrato verbal, hasta que un día que fueron a una despedida de un compañero de Antonio y uno de los invitados conversó mas tiempo que el que Antonio consideraba necesario con Analía, desencadenó una fuertísimo pelea en casa...y que él le diera de bofetadas. Analía se quedó tan sorprendida que ni intentó defenderse...solo lo había mirado con los ojos enormes por la sorpresa, llevándose las manos a las mejillas, incrédula...al momento Antonio se deshizo en disculpas, besos y prometió que nunca mas sucedería, que había perdido la cabeza.
No le había contado a nadie de esa pelea...hasta que él volvió a golpearla y fue a ocultarse con Erica. Erica la escuchaba esa noche, mientras ambas estaban sentadas en el sofá, tomando cerveza y viendo MTV.
- Pero ya terminaste esa historia amiga....y al menos tienes el dinero en el banco. Y un empleo seguro. Y ahora te ves de nuevo como una mujer libre...me gusta verte así.
- Sí, tienes razón Erica....pero mujer, cuéntame de ti....hasta ahora solo yo he hablado y hablado, en todas estas semanas que llevo aquí, y tú no me has contado nada.
- Porque no has preguntado, y porque creo que tú eras quién necesitaba hablar para poder al fin dejar atrás todas esas vivencias. ¿Qué quieres saber?.
- ¿Por qué te fuiste a Buenos Aires?....digo, nunca me quedó muy claro.
Erica sonrió misteriosamente...Analía sabía preguntar justo lo no debido. Sin embargo podía responder elegantemente.
- Tenía mi título de diseñadora bajo el brazo, y como sabes mi tía Aurelia vive allá y trabaja en publicidad...así que decidí ir allá a probar suerte. Me fue muy bien, pero luego comencé a extrañar...y a pensar en regresar...así que cuando la agencia en que trabajaba allá en Buenos Aires se asoció con la que estoy aquí, pedí traslado....y bueno, me lo dieron, querían a alguien de confianza aquí.
- ¿Y no conociste a nadie en Buenos Aires que te diera motivos para quedarte?.
- Sí, conocí a alguien Analía. Alguien con quién compartí varios años muy buenos. Pero ya sabes...algunas veces los amores se terminan...así que tuve que permitir que se alejara. Después tuve un par de relaciones pasajeras...antes de regresar...nada importante amiga. Creo que aún no llegó el gran amor a mi vida. O quizás soy un poquito complicada.
- Pues no lo creo...en el tiempo que llevamos viviendo juntas no me has parecido para nada complicada.
- Eso lo dices tú porque eres mi amiga y me quieres...puedo ser bastante insoportable si me lo propongo...pregúntale a mis compañeros en la agencia.
Se rieron ambas. En la agencia Erica tenía fama de mandona y super exigente. Quería todo perfecto, rápido, si era posible rayano en la perfección. Sin embargo la respetaban mucho. Analía apoyó la cabeza en el hombro de Erica.
- Para mí no eres insoportable... eres el angel que vino a salvarme y a hacerme ver que hay otro modo de vivir en paz.
Erica se quedó un poco envarada...el cabello de Analía era muy suave, y rozaba su mejilla. Estiró la mano y le acarició la mejilla, un poquito emocionada. No es que no lo hubiera notado antes...que era una linda chica...al menos para ella, aunque otras personas la consideraran mas bien común y hasta un poco flacucha. Y al lado de Erica con su tipo italiano, de caderas anchas, senos grandes, piel color oliva, inmensos ojos verdes y cabello renegrido parecía aún mas frágil....solo que ahora Erica se sentía invadida por otro tipo de sentimiento. Esa calidez dentro del pecho la asustaba...ya la había sentido antes...por quién fuera su pareja tanto tiempo. Carraspeo y dijo:
- ¿Por qué no traes mas cerveza?.
- Claro...ya la traigo.
Analía caminó hasta la cocina, pasando frente a Erica. Si la mirabas de cerca no era tan flacucha...tenía unos senos pequeños pero muy bien formados, redonditos...y la cola se elevaba desafiante debajo de la falda estampada. Tenía un modo de caminar especial...como si flotara. Erica sintió que si algún día Analía quisiera irse a vivir a otro lugar la extrañaría demasiado...le encantaba llegar a casa y encontrarla, el aroma de los sahumerios que ella solía encender, hasta le había enseñado a apreciar otros tipos de música...le gustaba el modo en que Analía se preocupaba por ella sin asfixiarla y la hacía sentir cuidada. Las miradas de ambas se cruzaron cuando Analía regresaba de la cocina...por unos minutos se miraron profundamente...sintiéndose las dos muy extrañas. Analía volvió a sentarse junto a Erica y apoyar confiadamente la cabeza en el hombro de Erica.
- ¿Estas un poquito borracha o con sueño?.
- Ninguna de las dos cosas...me gusta estar así. Me siento tan bien a tu lado....creo que hacía mucho tiempo que no me sentía así, tranquila, en paz...sin que nadie me alterara.
Erica se estaba poniendo demasiado nerviosa. Fue en ese momento que sonó el timbre salvador. Erica se puso en pie y abrió la puerta. Se sorprendió mucho al ver a Hope en el umbral...tanto que por unos segundos dejó la boca abierta y la otra mujer le dijo:
- Bueno, cierra ya la boca, que te entrara una mosca.
Automáticamente cerró la boca y besó la mejilla de quién por tantos años fuera su pareja. Ese era un gran secreto en su vida. Cuando se fue a Buenos Aires no fue por trabajo...fue porque cuando visitaba a su tía Aurelia había conocido a Hope. Y en casa visita se había acrecentado el interés de la una por la otra...hasta que Erica no pudo mas estar lejos de Hope y se fue a vivir a Buenos Aires, con ella. Durante varios años estuvieron juntas, hasta que Hope comenzó a comportarse de modo muy extraño, surgieron las peleas y la convivencia se volvió intolerable. Hope decidió entonces irse a Francia por una temporada, ya que era una renombrada fotógrafa y podía desempeñar su oficio donde quiera que fuese. Y Erica se quedó sola en Buenos Aires, bastante confundida...y decidió regresar a Montevideo.
- ¿Cómo supiste que vivía aquí?.
- Pregunté en la agencia...trabajábamos las dos allá, así que me dieron tus datos en esta ciudad. Estoy de paso por unos días y decidí visitarte...
Hope detuvo su conversación al ver a Analía en el sillón. Miró de nuevo a Erica, sintiendo celos...en el fondo esperaba que Erica estuviera sola aún.
- Vaya...¿no me presentas?.
- Claro...pasa....Analía, ella es Hope....trabajamos juntas en Buenos Aires. Analía esta viviendo aquí, compartimos el apartamento.
Hope estrecho fríamente la mano que Analía le tendió. Había viajado a Montevideo con la esperanza de poder pasarse una noche con Erica antes de regresar a Europa. Sin embargo la presencia de esa chica cambiaba sus esquemas.
Analía, ajena a ese hecho, se dirigió a la cocina diciendo:
- Espera que traigo un vaso así tomas cerveza con nosotras.
Ni bien Analía entró a la cocina Hope intentó besar a Erica en la boca. Erica apartó los labios, por lo que Hope solo logró rozar su mejilla.
- Ah...ya veo...¿nueva compañía en tu vida?.
Como la voz de Hope no era precisamente discreta, Analía llegó a oír esa frase, así que discretamente se acercó a la puerta de la cocina para oír lo que ambas mujeres hablaban. La repuesta de Erica fue contundente.
- No es mi mujer, Analía solo esta viviendo aquí.
- Vamos Erica...te conozco algo...¿solo compartes la casa con una chica sin tener otra relación?.
- Creo que no me conoces para nada...ni aunque hayamos sido pareja por seis años me conoces...
- Hmmm...dejame besarte y te diré si te conozco.
- Creo que es mejor que te vayas Hope...yo ya no quiero vivir una historia contigo. La historia que tuvimos fue buena, pero se terminó...no arruines un buen recuerdo con esta actitud....
Mientras Erica continuaba hablando, Analía se recostó a la pared...ahora comprendía porque Erica era tan poco comunicativa sobre su vida en Buenos Aires...cerró los ojos...porque ella tampoco había sido totalmente sincera con Erica sobre las cosas que habían ocurrido en esos ocho años que no se habían visto. Había omitido su historia con Magdalena...a Magdalena la había conocido inmediatamente después que a Carlos. Magdalena era una madrileña espléndida, de casi cuarenta años, que había venido por unos meses al laboratorio desde la casa central....alegre, siempre riendo, seductora...tan seductora que casi sin darse cuenta Analía se había visto involucrada con ella. Los encuentros habían sido muy tímidos por su parte, y Magdalena parecía mas interesada en prodigarle ternura que en el sexo en sí, aunque era mil veces mejor amante que Raúl. Cuando Magdalena volvió a Madrid Analía tenía tanto pánico al fantasma de la homosexualidad, que de inmediato se metió con Antonio.
Si lo pensaba bien ninguna de sus experiencias con hombres habían sido tan gratificantes como su cortísima relación con Magdalena. Raúl la había desvirgado tan torpemente que la había hecho sentir un objeto y en cada encuentro se limitaba a arremeterla con impetú con su miembro, pensando que rudeza era símbolo de virilidad, por lo que Analía se limitaba a esperar que él terminara. preguntándose que le veían de atractivo al sexo sus compañeras de la Escuela de Diseño en esas bestiales embestidas. Carlos la trataba como una reina es cierto...pero se sentía como una santa intocable a su lado....hasta los besos eran fríos. Magdalena desarrollaba en ella un sentido sensual tal, que con solo rozarla le provocaba miles de sensaciones. Con Antonio...bueno, los problemas sexuales de Antonio eran la causa de sus feroces celos...se sabía incapaz de satisfacer a una mujer a diario, aunque podía ser casi aceptable cuando lograba tener una relación completa.
Estaba así, recostada a la pared pensando en todas esas cosas con los ojos cerrados, sintiéndose muy extraña cuando Erica entró a la cocina. Abrió los ojos y se encontró con los inmensos ojos verdes.
- Hope se fue, así que no es necesario que traigas otro vaso.
- Ajá...disculpa la tardanza...
- ¿Te sucede algo?....tienes una expresión muy extraña...
- No, no...nada...
- ¿Oíste lo que estaba hablando con Hope?.
- Bueno...no fue muy discreta ella...
- ¿Y qué piensas de mí después de saber....bueno...
- No pienso nada.
- No es posible que no pienses nada...¿no te doy asco?.
- ¿Por qué habrías de darme asco?.
- Por ser gay.
- Si vamos a ese caso también yo lo soy...también supe de las caricias de otra mujer...no me atrevía a contártelo porque fue algo muy fugaz en mi vida...aunque fue la mejor experiencia que he tenido...ninguno de los hombres que estuvieron en mi vida se preocuparon tanto por mi placer como se preocupaba ella.
- Eres rara ¿eh Analía? - murmuró Erica, acercándose un poco y los senos de ambas se rozaron. Se miraron directo a los ojos...se dio el chispazo entre ambas. La nariz de Erica rozó la nariz de Analía al bajar esta la cabeza para juntar las frentes en un gesto de ternura, mientras las manos de Analía apartaron el cabello del rostro de Erica. El silencio estaba lleno de palabras que no había necesidad de decir...sus miradas y sus gestos lo estaban diciendo todo en un lenguaje universal. Se rozaron los labios apenas, suavemente. Erica inicia el beso, suave, atrapando los labios de Analía con los suyos, acercándose un poco mas para acentuar el roce de los senos. El segundo beso fue más profundo, ambas se buscaron los labios con avidez, devorándose, suspirando...cuando las lenguas se encontraron ambas sintieron el llamado del sexo, los genitales humedecerse...se separaron, ruborizadas, sintiendo mucho calor.
- Vaya - murmuró Analía, sin saber muy bien qué decir. Se llevó una mano al pecho para descubrir que sus pezones estaban durísimos y super sensibles....implorando ser acariciados. Instintivamente alargó la mano para tocar los senos de Erica, solo para constatar que se notaban tan excitados como los suyos. Los ojos de Erica habían tomado un tono verde oscuro que no había visto nunca antes. Las manos de Erica fueron hacia su remera, tirando de ella hacia arriba hasta dejar a Analía solo con el sostén y la falda puestas. Analía por su parte se demoró en desabotonar la blusa blanca de su amiga, estaba nerviosa...y excitada. Libero el cuerpo de Erica de la prisión de la blusa, para ver esos senos grandes apenas cubiertos por un sugerente sostén azul oscuro de encaje. Se admiraron mutuamente por unos segundos antes de darse otro beso apasionadísimo esta vez, enredando las lenguas mientras las manos actuaban por sí solas, liberando cada una a la otra del sostén, quedando ambas con los senos al aire...los pezones seguían rozándose, ahora libre de la interferencia de las prendas, libres, poniéndose aún mas erectos si cabía esa posibilidad. Lo que siguió fue una meticulosa recorrida por parte de Erica del cuello, espacio entre los senos y pezones de Analía con su lengua, saboreando cada hueco con deliberada lentitud mientras la respiración de su compañera se entrecortaba y el pecho se agitaba por causa de la excitación que Erica le estaba provocando.
- Creo que mejor seguimos en otro lado...
- Sí...lo creo...
Fueron al dormitorio, donde se deleitaron desnudándose mutuamente, mientras se miraban, disfrutando cada una de la visión del cuerpo de la otra, recorriéndose con la punta de los dedos, sintiendo la textura de la piel...viéndose en total desnudez, sin poder ocultar ni las imperfecciones ni las cosas hermosas que cada una tenía. Erica jugueteo con el vello del sexo de Analía, abundante y con un tono caoba claro. Analía vio el pequeño triangulo de vello negro y el resto del sexo totalmente depilado de su amiga, que rozó con sus dedos superficialmente logrando arrancar un suspiro prolongado.
- ¿Te gusta?.
- Sí...me gusta lo suave que tienes la piel...
- ¿Quieres que te rasure? - pregunto Erica con los ojos brillantes...con ese brillo de deseo que se contagia. Analía asintió sin decir palabra. Erica fue hasta el baño mientras Analía se sentaba en la cama. Erica regresó con espuma, una maquinilla de afeitar, unas pequeñas tijeras, un recipiente con agua tibia y una toalla. Colocó la toalla debajo de trasero de Analía y procedió a recortar el vello color caoba, luego humedeció el área genital de la muchacha con el agua tibia, extendió abundante espuma de afeitar y empezó afeitando las ingles, intercalando la tarea con suaves besos en el interior de los muslos. Al final de la tarea solo le quedó a Analía un triangulo de vello igual al que Erica lucía. La lavó luego con cuidado, demorándose especialmente en la zona cercana al clítoris. Apartó luego todos los implementos lejos de la cama, hizo que Analía se tendiera en el lecho, se besaron nuevamente y procedió a bajar directamente al sexo, pasando una y otra vez la lengua sobre la hendidura, atrapando los labios vaginales de Analía con su boca, succionando y chupando con dulzura y firmeza, introduciendo después su lengua en el interior de la vagina, que a esas alturas expelía abundantes líquidos, mientras Analía movía las caderas y gemía quedamente. Erica se paró sobre el inflamado clítoris y lo atrapó con sus labios, mamandolo con dulzura. Introdujo luego dos dedos en la vagina de Analía, deslizándolos en el interior con asombrosa facilidad, ayudada por la abundante cantidad de líquidos que fluían de la vagina de la muchacha, así que Erica metió otro dedo y comenzó a penetrarla dulcemente con la mano, provocando en Analía un orgasmo que la hizo temblar de pies a cabeza y la dejó jadeando. A pesar de eso Analía quería satisfacer a Erica, así que a pesar del cansancio restregó su cuerpo contra el de ella, indicándole que quería continuar, así que Erica se colocó invertida sobre Analía, dejándole su sexo sobre la cara. Mientras Erica devoraba de nuevo el sexo de Analía con avidez, Analía se entretenía contemplando la vagina de Erica, rosada, abierta de par en par, con brillantes líquidos manando y el abultado clítoris mas que notorio dejando en evidencia lo inocultable, la tremenda excitación que su compañera sentía. Analía acercó tímidamente su boca a su vulva y lamió los jugos del interior, embriagándose del olor a hembra caliente que se desprendía, así que abrió la boca con la intención de proporcionarle todo el placer del que fuera capaz. introdujo su lengua en el interior de la vagina, forzando la entrada, penetrándola...quería meterse dentro de Erica, conducirla hasta la entrega total...sintió como Erica se entregaba a ella, sintió la tensión que precedía al orgasmo, siguió trabajando dentro de Erica hasta sentir el orgasmo de la morocha en su lengua, mientras el suyo propio la invadía, se aferró a las nalgas de Erica. Ambas abandonaron la labor y Erica se dejó caer sobre Analía para descansar, sintiendo ambas una dulce laxitud, unas ganas de no abandonar jamás esa cama, de quedarse para siempre así, sin otra ocupación mas que darse placer. Analía sentía el peso de Erica sobre ella...el peso de su dulce amante.
Un poco recuperada, Erica se dio vuelta para refugiarse en los brazos de Analía, estrechándose en un abrazo para luego quedar ambas profundamente dormidas.