DOS MUJERES - PARTE UNO

Vanesa dejó los anteojos sobre la pila de papeles, que casi terminaba de revisar. Ya era hora de darle el visto bueno a Omar, su contador, para presentar ese papelerío a Impositiva, pero le gustaba revisar personalmente toda la documentación. No porque desconfiara de Omar, al que conocía desde hacía mas de 15 años...sino por su propia tranquilidad. Una de las cosas que Giancarlo le había enseñado era a no dejar nada sin supervisar...algo obsesivo quizás el consejo, pero muy útil para manejar un negocio floreciente como "Boutique Principessa". Recorrió con la punta de los dedos el rostro sonriente de Giancarlo desde la foto que les habían tomado en el día de su boda. Había sido un buen compañero, un excelente amigo...mucho mas de lo que la mayoría de las mujeres obtienen de sus esposos. Lo extrañaba aunque hacía ya ocho años que le había perdido.
Giró la cabeza de un lado al otro, le estaban doliendo ya los músculos del cuello. Sintió los golpecitos en la puerta.
- ¿Sí?.
Marcela, una de las vendedoras de la boutique se asomó por el hueco de la puerta.
- Disculpa Vanesa, pero estamos por ordenar el almuerzo y como no has salidos pensamos que quizás quieras agregar algo al pedido.
- ¿Es recomendable ese lugar?.
- Claro que sí, llevamos mucho tiempo comiendo allí con las muchachas.
- Entonces pídeme algo tú ¿quieres?...creo que mejor me quedo, es demasiado tarde para ir a casa, y estoy demasiado cansada para decidir que comer.
Marcela asintió y cerró la puerta. Generalmente Vanesa iba a casa a comer al mediodía, pero a esa hora ya le dio pereza manejar hasta su casa para regresar antes de dos horas. Fue hasta la ventana que dejaba ver la calle arbolada donde estaba ubicada la boutique...era invierno y estaba nublado. Suspiró. Tenía ganas de sol, de mar....en suma, ganas de ser feliz. Hacía mucho tiempo que no se sentía feliz...conforme sí, pero feliz no.
Pensó mucho en su vida...quizás la proximidad de su cumpleaños ayudaba a ponerla tan reflexiva. En un mes cumpliría 36 años. Para su edad se veía estupenda...el cabello rubio largo hasta la mitad de la espalda, caía lacio y bello...los ojos sorprendentemente eran castaños y con una mirada profunda...los labios bien dibujados, con un natural color rojizo...y se le formaban hoyuelos a ambos lados de las mejillas en las raras ocasiones en que sonreía. Su cuerpo no tenía nada que envidiar al de las modelos que contrataba cuando daba algún desfile en la boutique....es mas, Omar siempre opinaba que ella debería modelar alguna de sus propias creaciones, cosa que Vanesa tomaba a risa.
Había comenzado a trabajar en esa boutique a los 20 años, como costurera de taller, al tiempo que estudiaba Diseño de Ropa en la Escuela de Diseño. Había tomado ese trabajo como costurera por dos motivos: porque necesitaba dinero para solventar su carrera, y porque la Boutique Principessa era la mas prestigiosa de la ciudad, y ella admiraba mucho a Giancarlo Maliano el diseñador que había creado esa empresa. Esperaba aprender mucho de él, aunque solo fuera dando terminaciones a lo que él creaba. Durante dos años estuvo en ese trabajo, hasta que se recibió. La supervisora del taller le dijo que fuera a hablar con el Sr. Scarone, pero ella no se animó. Así que un día el propio Scarone vino al taller y pidió hablar con ella.
El corazón de Vanesa se había venido al piso. Pensó que quizás él estaba desconforme con su trabajo y la despediría. Pensó también que quizás le habían ido con rumores y por eso quería verla. Conoció a Giancarlo Maliano mas asustada que otra cosa, a pesar de que el aspecto del hombre no era para asustarse. En ese entonces Giancarlo tenía unos 45 años, porte elegante, cabello cano, usaba una barbita de candado, era delgado y los ojos grises no tenían nada de la frialdad que le habían dicho sus compañeras que tenía.
- Me han dicho que diseñas.
- Oh señor....sí, me recibí este año
- ¿Y por qué no me has dejado tu carpeta?. Me interesan los jóvenes diseñadores.
- Me dio mucha vergüenza.
- Quiero ver tu trabajo mañana  dijo Giancarlo y se fue de la oficina.
Vanesa le siguió con la mirada, sorprendida. Era un hombre extraño. Recordó los varios rumores que corrían en el taller sobre él....desde que era un mujeriego sin remedio a que era un homosexual oculto. Fuera lo que fuera ella le consideraba un genial diseñador de ropa femenina. Al día siguiente llevó su carpeta y durante dos semanas no volvió a verla....hasta temió haber perdido todo su trabajo de dos años en la Escuela de Diseño.
Se sorprendió cuando el propio Giancarlo vino hasta el taller a buscarla. Sus compañeras le miraban de un modo raro cuando el hombre se acercó y le dijo:
- Tenemos que hablar Srta. Rey.
Fueron hasta la oficina. Giancarlo tomó asiento luego de invitarla a sentarse. Se miraron mutuamente...la mirada gris del hombre contra la mirada castaña de Vanesa. Finalmente él se inclinó sobre el escritorio y preguntó:
- ¿Por qué tenías miedo de mostrarme un trabajo que considero mas que bueno?. Chiquilla....para avanzar en la vida tienes que aprender a ser atrevida y a valorarte. No te quiero mas en el taller. Mañana te presentas en la boutique. Tenemos una colección de primavera que crear. Y que mejor que una diseñadora de apellido Rey para una boutique que se llama Principessa.
De ese modo Vanesa vio su vida cambiar por primera vez. Pasó al departamento creativo, trabajando junto a Giancarlo que hasta ahora había trabajado solo o tenido algún diseñador free lance para refrescar la línea. Pronto formaron un equipo perfecto...Giancarlo interpretaba cierto tipo de mujeres, Vanesa otros....la colección de primavera fue un éxito rotundo de ventas. También comenzaron a conocerse a nivel personal. Al estar siempre juntos Vanesa notó que las únicas llamadas de tipo personal que Giancarlo recibía eran de un hombre. Que esa persona parecía estar de viaje la mayor parte del tiempo, pero que Giancarlo se veía radiante cuando estaba en la ciudad.
Por su parte eso la hacía sentirse mas relajada respecto a su propia opción sexual. Desde que tenía 15 años había tomado conciencia que no le gustaban lo hombres. Como a los 18 tuvo su primera experiencia con una mujer, que aunque no había resultado gran cosa, le había confirmado sus sentimientos. Luego conoció a Micaela, que fue su novia durante un tiempo, con ella había conocido muchas cosas, hasta que la relación terminó. El saber a su jefe homosexual le hizo perder el constante temor a perder su trabajo por culpa de su opción sexual. Por eso no se sorprendió cuando una noche, casi a la madrugada y después de haber trabajado mucho Giancarlo le preguntó:
- ¿Vos sos gay, verdad?.
- Sí, Giancarlo, lo soy.
- Lo sospechaba.
- ¿Se me nota tanto?.
- A decir verdad....no mujer, no se te nota nada....pero un gay reconoce a otro. Y te he observado cuando seleccionamos modelos....por mas que disimules a veces tus ojitos se van detrás de las mas exuberantes, creo que tienes un problemilla con los bustos prominentes.
Se echaron a reír con muchas ganas. Vanesa sintió alivio de no tener ya que cuidarse tanto...pero al tiempo le sorprendía esa conversación. Giancarlo le alcanzó una taza de café y dijo:
- Tenemos que hablar Srta. Rey.
La vez anterior que Vanesa había oído esas palabras, su vida había cambiado.....no tenía idea de cuanto cambiaría esta vez su vida.
- Te escucho, Giancarlo.
- ¿Quieres casarte conmigo?.
Vanesa pegó un respingo. La taza casi se le cae de las manos. Giancarlo sonrió, divertido. Hubiera podido elegir otro modo de encarar la conversación, pero quería lograr ese efecto....en el fondo, tenía alma de duende pícaro. No podía con ese aspecto de su personalidad. Le gustaba jugar, aunque la situación fuera gravísima.
- Vanesa, yo soy gay...lo he sido desde adolescente. Mi familia me rechazó, tuve que salir de mi pueblo, vine aquí....construí esta empresa haciendo lo que me gustaba, vestir a las mujeres...en mi momento alguien me ayudó a lograr mi sueño. Pero ahora estoy enfermo...muy enfermo. Y no quiero que mi familia, que me rechazó sin escucharme siquiera herede mi empresa. Y te tengo a ti....que trabajas mas que yo, que te has enamorado de Boutique Principessa....y quiero que la heredes. Y es la única forma en que puedo estar seguro al 100 % de que se cumplirá mi voluntad una vez que yo ya no esté.
- ¿Me estas diciendo que vas a morirte.....y lo único que te importa es heredarme tu empresa?.
- Esto es mas que una empresa para mí. Es un símbolo....cuando me fui de casa mi padre me dijo que merecía morirme de hambre por ser gay. Luché mucho para lograr esto....y en su momento, ya te dije, recibí ayuda. Voy a morir sí....y no tengo miedo....he amado, viví bastante feliz a pesar de todo, también sufrí discriminación...pero no lograron que odiara lo que soy. Quiero que tú cuides de esto. Te lo mereces Vanesa...te he observado todo este tiempo. Te mereces esto y mas...permíteme ser yo quién te ayude.
- No puedo aceptar esto Giancarlo...es demasiado...morboso.
Giancarlo tuvo que insistir una semana con sus pedidos. A Vanesa le parecía terrible heredar esa boutique...pero también le parecía injusto que la familia de Giancarlo la heredara, después que él le fuera contando la forma en que sup adre le había corrido de casa casi como a un perro sarnoso cuando supo que era gay, y cómo nunca más se habían ocupado de saber de él ni su padre ni sus hermanos. Solo su madre le hablaba a escondidas y quería saber de él, por eso cada mes Giancarlo le enviaba una generosa suma de dinero. Entre las condiciones del casamiento estaban que una vez que él faltara Vanesa tenía que continuar mandando ese dinero a la señora hasta que esta faltara.
Finalmente se casaron. Fue una de las bodas mas lujosas que conociera la ciudad. Ambos se veían hermosos, talentosos....e increíblemente unidos. En los años siguientes Giancarlo le enseño a Vanesa todo lo que sabía, y ella le acompañó en los viajes que él quiso realizar antes que la enfermedad le impidiera una vida normal. Dios quiso que Giancarlo muriera casi sin sufrir, antes que la enfermedad llegara a su final, por causa de un infarto...o quizás murió porque sintió que Vanesa estaba preparada para hacerse cargo, y él no quería decaer del todo.
La familia de Giancarlo se presentó casi de inmediato a pelear por la herencia. Encontrarse con una esposa legal fue una gran sorpresa para ellos, y trataron de quitarle sus derechos por todos los medios...sin lograrlo.
Después de quedar viuda Vanesa había conocido a Mayté....la morena Mayté, llegada de su España natal a formar carrera de modelo en la ciudad. Vanesa la contrató para un desfile...Mayté fue acercándose a ella, seduciéndola y pocos meses después estaban relacionadas sentimentalmente. Mayté era un monumento a la belleza femenina, con su piel tostada, sus enormes ojos color malva azulado, el cabello negro retinto que llegaba lacio hasta mas allá de la mitad de la espalda, los pechos prominentes, cintura estrecha, unas caderas mas que opulentas y unas piernas larguísimas y muy bien torneadas, que casi parecían hechas por un escultor. La voz de Mayté era baja, grave...envolvente...los primeros tres meses de la relación fueron de ensueño para Vanesa, que no podía creer que estuviera junto a una mujer que era la mas hermosa de cuantas conociera.
Pronto el sueño terminó. Mayté se reveló como una celosa obsesiva...cuando era ella quién no perdía oportunidad de coquetear con otras personas, fueran mujeres u hombres...dejando a Vanesa en un estado de inquietud permanente. También descubrió que Mayté tenía problemas con el alcohol, al punto de que en varias ocasiones tuvieron que retirarse de reuniones porque la española apenas podía mantenerse en pie. Lentamente las cosas cambiaron hasta llegar al punto en que Vanesa tenía miedo de las reacciones de Mayté....miedo de salir con ella y que tomara, miedo de reclamar aun sabiéndose engañada porque Mayté armaba unas pataletas como para que todo el edificio en que vivían se enteraran de la relación que las unía...no sabía como tratarla. Cuando la situación llegó al punto en que Mayté la abofeteo después de una fuerte discusión porque Vanesa le vio salir de un hotel con otra mujer, fue que la relación se derrumbó. Vanesa tomó al fin coraje para llamar a unas amigas de confianza, empaquetar todas las pertenencias de Mayté, mandarlas a un cuarto de hotel y cambiar la cerradura del apartamento. Luego le envió las llaves y la dirección del hotel a casa de la otra mujer con quién Mayté estaba saliendo.
Los siguientes tres meses fueron una tortura. Mayté le llamaba a toda hora, le enviaba cartas, e-mails, faxes...era una persecución en toda regla con actitudes que iban del ruego para que volvieran juntas a las amenazas de revelar a todo el mundo que Vanesa Rey era lesbiana...para lograr el mismo objetivo, volver con ella. Vanesa tuvo que tener mucho coraje para mantenerse cerrada como una piedra, hasta que al fin Mayté vio que eran inútiles sus presiones y regresó a España...dado que su otra amante tampoco resistió su especial y abusiva forma de relacionarse.
Habían pasado tres años desde que Mayté regresara a su país. Desde entonces Vanesa había sentido pánico de intentar otra relación. Había puesto toda una serie de vallas a su alrededor, de tal modo que era casi imposible que conociera a alguien. Pero la soledad comenzaba a pesarle....ya ni las muchísimas horas que le dedicaba a "Boutique Principessa" podían tapar ese vació en las manos y en la piel.


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- Apúrate Eugenia, tenemos tres pedidos que entregar en la boutique....mira que estás lenta hoy chiquilla.
- ¿En qué quedamos Gladys?. Siempre me dices que no corra con la moto...y hoy has estado rezongando todo el día....ya cálmate  dijo Eugenia, besando en la mejilla a su hermana mayor. A su pesar Gladys sonrió. Aunque tratara jamás podía estar mas de cinco minutos enojada con Eugenia...esa muchacha y la rotisería eran las mejores cosas que su padre pudo heredarle al morir.
Gladys y Eugenia no crecieron juntas. Gladys era 20 años mayor que Eugenia, y era hija del único matrimonio de Marco Scarone. La madre de Gladys había fallecido cuando ella era apenas una adolescente. Marco había sido un excelente padre, pero tan reservado...que cuando la madre de Eugenia murió y él se apareció en casa con la niña, que entonces tenía siete años fue toda una conmoción para Gladys estaba casada en ese entonces y no podía entender como su padre había ocultado la existencia de otra hija por mas de siete años. Marco Scarone nunca había dado mayores explicaciones, ni a Eugenia ni a Gladys sobre su comportamiento con ambas. No se había casado con la mamá de Eugenia a pesar de estar viudo cuando se conocieron, pero siempre se ocupó de sus deberes de padre y cuando la niña quedó sola los asumió plenamente llevándola con él a su casa.
El matrimonio de Gladys duró pocos años, y ella regresó a la casa paterna....convirtiéndose un poco en la hermana mayor y un poco en la mamá de Eugenia. Cuando Scarone falleció Eugenia apenas había cumplido 16 años...y se quedaron solas al frente de la rotisería que el italiano había abierto hacía tan poco tiempo. Entre las dos se ocuparon del negocio, llevándolo bastante bien para ser mujeres solas. Gladys y un empleado se ocupaban de la cocina, y Eugenia de repartir los pedidos al mediodía y luego de las compras y la limpieza. Formaban un buen equipo de trabajo, y Eugenia alternaba esta labor con sus clases en la Escuela de Bellas Artes de la ciudad.
Las hermanas nunca supieron descifrar a su padre....sin embargo coincidían en que no había sido mal padre. Eugenia lo recordaba visitándola a diario en casa de su madre sobre la motoneta VESPA, esa misma que ella ahora usaba para hacer los repartos, y puntualmente todos los meses le dejaba a su madre una mas que generosa cantidad de dinero para sus gastos. A la pregunta de por qué no se habían casado no sabía responder. Con Gladys también había sido buen padre, muy reservado sí...pero siempre presto a escucharla, y a tratar de ayudar. Ambas coincidían que el mas perjudicado por sus silencios debió ser él mismo....pero que en el corazón de Scarone había una gran capacidad de amar solo que no sabía expresarla.
Ambas compartían la casa paterna, un caserón antiguo, que habían dividido de forma tal que ambas podía pasar días sin verse si se lo proponían...como el caserón tenía una puerta de entrada, pero dos enormes piezas al frente que daban al pasillo de esa puerta, habían creado como dos mini  apartamentos con entrada independiente. Eso era ideal dado el carácter tan diferente que ambas tenían, Gladys era un calco de su padre, en tanto Eugenia era mas alegre, y de pronto estaba despierta hasta la madrugada creando un cuadro, o buscando material en Internet, reunida con amigos de la Escuela de Bellas Artes o simplemente soñando.
A la hora del trabajo ambas eran igualmente responsables. Mantener esa rotisería abierta era como un compromiso con su padre, que tanto se había esforzado por ser independiente y darles algo duradero a sus hijas. Eugenia acomodó las viandas en la caja de su moto, subió y fue hasta la boutique. Dio los tres timbrazos de rigor, que habían adoptado con las empleadas del lugar como contraseña. Marcela le abrió la puerta.
- Hola Eugenia.
- Disculpa la demora...es un día terrible hoy.
- No has demorado nada....hace poco que pedimos la comida.
- ¿Tres viandas, está bien esto?.
- Claro, una es para la jefa.
- ¿La diosa ha descendido a la tierra y se quedó a comer aquí?  bromeó Eugenia. Nunca había logrado conocer a Vanesa Rey, a pesar de que la boutique llevaba tanto tiempo en ese lugar. Sería porque la mujer pasaba casi siempre en su despacho...o porque cuando ella iba a llevar los pedidos, Vanesa ya se había ido a su casa a comer. Lo cierto es que se moría de curiosidad por ver a la mujer que tan bien manejaba ese pequeño imperio de la moda y de la con tanta admiración hablaban las muchachas.
- Sí...¿quieres conocerla?...llévale el pedido....es en la puerta verde, al fondo de este pasillo a la derecha.
- Ah, mejor otro día  dijo Eugenia. Traía una facha terrible....unos jeans gastados, zapatillas deportivas negras, y una campera polar gris....prendas que no le daban nada de gracia a su figura, pero muy aptas para repartir pedidos con la VESPA y no morir de frío.
- Anda, no seas cobarde....si no es hoy, ya nunca mas la verás.
Eugenia suspiró. Cuando menos se quitaría la curiosidad. Caminó decidida por el pasillo y dio unos tímidos golpes en la puerta verde..


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- Adelante  dijo Vanesa al sentir los golpecitos. Debía ser Marcela. Se sorprendió cuando en lugar de Marcela entró esa muchacha no muy alta, delgada, con el cabello pelirrojo natural (si algo le había enseñado esos años tratando con modelos era a saber cuando un tono de cabello era natural o producto de los químicos), unos inmensos ojos verdes y una vestimenta terrible....que a pesar de eso no lograba opacar una estupenda figura. Enarcó las cejas, interrogante, mientras se separaba un poco del escritorio.
Eugenia a su vez la miraba fascinada...Vanesa era tal como la había imaginado....es decir, mas hermosa...pero si tenía el porte levemente altivo y la mirada seria que le había atribuido. Se sintió como una niña pequeña al notar los ojos oscuros estudiándola y la mirada interrogante.
- Soy de la rotisería....¿dónde le dejo el pedido?.
- En la mesilla baja. Tenía razón Marcela...has venido bastante rápido.
- Es la consigna en nuestra rotisería...la gente que trabaja no puede perder su tiempo de almuerzo esperándonos.
- Buena táctica de trabajo  respondió Vanesa poniéndose de pie y acercándose a Eugenia. Fue entonces que Eugenia pudo ver lo bien que le sentaba el traje corte sastre gris elefante y la blusa impecablemente blanca que Vanesa traía. La mirada se perdió por unos momentos en las bien formadas piernas de la diseñadora, para luego subir y encontrarse ambas miradas. Se puso nerviosa y dio unos pasos inseguros hacia atrás.
- Ya tengo que irme.
- Esta bien....dile a Marcela que te pague ¿sí?.
- Claro.
Eugenia cerró la puerta tras de sí y Vanesa sonrió por primera vez en ese día. No podía entender porque esa muchacha se había puesto tan nerviosa al verla...parecía una chiquilla bajo examen. Sintió una oleada de ternura...hacía mucho que nadie la enternecía.
Eugenia recorrió el pasillo algo aturdida....sentía que se había comportado como una tonta en presencia de Vanesa. Uff, sí, debía estar pensado que era una chiquilla sin ninguna gracia. Marcela y Karla la esperaban para dejarle salir.
- ¿Y?. ¿Cómo te impresionó la jefa?.
- Muy elegante...y muy seria.
- Traes una cara de susto...¿te dijo alguna cosa?.
- No, no...se portó muy amable.
- Vanesa siempre es muy amable...pero tan seria que impone respeto. Sin embargo tiene un corazón enorme. Cuando mi padre estuvo mal, ella me prestó una gran suma de dinero y me dejó devolverlo de a poco y sin cobrarme intereses. Es la mejor jefa que he tenido  dijo Karla, para quién Vanesa estaba en el pedestal mas alto del mundo. Incluso era la única de los empleados de Vanesa que sabía de la homosexualidad de su jefa, y ocultaba celosamente el secreto...es mas...se había encargado de "tapar" cualquier cosa que pusiera en peligro el nombre de Vanesa., sobre todo en la época en que Mayté se había empeñado en ponerla en evidencia. Entre jefa y empleada se había dado una suerte de complicidad en la que cada una sabía que la otra sabía....pero nunca mencionaban ese tema.
- Pues es demasiado formal...y demasiado linda para ser tan formal. No le vendría nada mal relajarse un poco  dijo Eugenia, recuperando su faceta bromista. Salió de la boutique apurada, aún tenía mas pedidos esperando en la rotisería y no quería oír regañar a Gladys.
En el resto del día apenas tuvo tiempo para pensar en Vanesa. Solo en la noche, ya tirada sobre su sofá favorito la imagen elegante de Vanesa se coló en los pensamientos de Eugenia. Vaya mujer.....con esa imagen entre seria y altiva se veía muy interesante. Pícara pensó si en la intimidad sería también tan seria y formal. Meneó la cabeza. Tanto tiempo de abstinencia le estaban poniendo a pensar en tonterías. Desde que terminara su relación con Ana no se había involucrado con nadie mas, y como no le gustaban las relaciones pasajeras, llevaba un largo tiempo de abstinencia. Todo ese tiempo había tratado de tener su tiempo muy ocupado entre la Escuela y la rotisería para no sentir la falta de compañera, y los fines de semana eran fáciles de llenar con salidas cuando se es tan amigable como Eugenia.
La historia con Ana comenzó cuando Eugenia cumplió 18 años...y finalizó cuando cumplió 21 años, y Ana decidió que lo suyo no era ser gay ya que deseaba tener hijos, y puso punto final a una relación de tres años para poder casarse con un ex novio...ya que estaba embarazada de él. Eugenia no pataleó ni le impidió irse....solo se sintió bastante lastimada de que Ana se hubiera estado acostando con su ex mientras aún eran ellas pareja. Aún ahora evitaba cruzarse con Ana, dado que después que se separaron la actitud de Ana para con ella era de una frialdad tal que la mujer parecía haber olvidado que alguna vez se amaron...que alguna vez moría por una llamada de Eugenia. No podía comprender como podía ella tratarla así, cuando en otras épocas habían hecho hasta locuras para poder estar juntas y a solas. Eugenia se sentía como un desliz en la vida de Ana, algo que debía ser oculto a toda costa y nunca le había gustado ocultarse. Al pasar el tiempo comprendió que eso era un problema de Ana y no suyo...y se sintió tranquila porque durante el tiempo que estuvieron juntas, ella puso todo de sí para hacer sentir a Ana bien. Claro que no podía luchar con las propias dudas de Ana, con sus deseos de ser madre...y con su cobardía para aceptarse a sí misma. Lo último que había oído es que Ana estaba a punto de poner punto final a su matrimonio y que pensaba regresar a casa de sus padres con su bebé de 14 meses.
Pensó en cual hubiera sido la actitud de Vanesa si esta hubiera sido gay....no, definitivamente, no creía que se hubiera comportado como Ana. Se veía muy segura de sí misma....de ser gay sería una gay asumida, cuidadosa de su reputación, pero muy asumida.
- Ya deja de pensar boberías Eugenia...¿cómo crees que una mujer como ella sea gay?. Vamos...debe tener mil tipos esperando por una mirada...y a unas cuantas tipas también. Mira que te pones tonta a veces  se dijo a sí misma, mientras encendía la computadora para revisar su correo electrónico.


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La VESPA de Eugenia y el FIAT de Vanesa se cruzaron en una esquina cercana a la boutique. Eugenia saludó a Vanesa con la mano al reconocerla, y esta le respondió con una sonrisa y una inclinación de cabeza. Llegó a la boutique tan temprano que aún las chicas no abrían la puerta. Karla se asomó para ofrecerle un café, y Vanesa aprovechó la oportunidad.
- Karla...¿hace cuanto esta abierta esa rotisería?.
- ¿Cuál Vanesa?.
- Esa donde trabaja la chica de la VESPA.
Karla miró a su jefa con curiosidad...¿cómo es que Vanesa sabía que Eugenia usaba una VESPA?. Su jefa era bastante distraída para otras cosas que no fueran su boutique y sus diseños.
- Hace bastante tiempo jefa....creo que casi tanto como la boutique. Antes la atendía un señor, un italiano....él falleció y ahora son las hijas que están al frente.
- ¿Y dónde esta ese lugar?. Nunca lo he visto.
- Como a seis calles de aquí Vanesa, pero no hacia la rambla...por eso no lo has visto, no queda de camino para ti. Y como vas a almorzar a tu casa, no creo que conozcas mucho de las casas de comida de aquí cerca.
- Ah, es verdad...avísame cuando llegue Omar. ¿Luzco desinteresada de la realidad a veces Karla?.
- Claro, lo haré Vanesa. No, no lo creo...solo que a veces eres demasiado formal...y te olvidas del resto del mundo.
Vanesa entro a su despacho. Miró por la ventana...era otro día muy frío y muy gris. Suspiró...tenía deseos de irse...o de cambiar de vida, no sabía exactamente. A veces se sentía por fuera del mundo...mira que tener esa rotisería hacía tanto tiempo tan cerca y ella sin tener idea. Cuando sucedían detalles como esos se ponía a pensar que tipo de vida estaba llevando, y si estaba perdiéndose de cosas en la vida. Unos golpecitos en la puerta la sacaron de sus pensamientos.
- Adelante.
Vio a Omar entrando al despacho, con su infaltable saco azul cruzado. Era un solterón de 45 años, buen mozote y con un terrible pánico a comprometerse. Se sentía feliz con su trabajo, sus amiguitas y su vida de juega.
- Vanesa...mira los sacrificios que hago por ti...hasta ser puntual. No le dejé a Karla avisarte así que no te molestes con ella.
- O sea que sigues fiel a tu estilo de entrar impetuosamente en escritorios ajenos  bromeo Vanesa, recibiendo el beso de Omar en su mejilla. Era increíble como a pesar de los años que llevaban trabajando juntos, Omar nunca había captado la tendencia de Vanesa, e insistía en coquetear descaradamente con ella. La situación le divertía bastante, sobre todo porque él sabía el límite entre coqueteo y ponerse cargoso.
- Por supuesto...y de rescatar a bellas mujeres del aburrimiento. Apuesto que no has desayunado.
- Tomé un café....
- Eso no es desayuno mujer...vamos a algún lugar a comer algo mas sólido. Vi un barcito muy bonito a unas calles de aquí...caminar no nos vendrá mal, yo tengo que cuidar esta panza...es decir, combatirla para que no crezca.
- Tú no tiene panza...estas perfecto así  dijo Vanesa aduladora, conocedora de lo mucho que le gustaban a Omar esos piropos.
- Gracias...es lo que necesitaba oír para levantar mi ánimo, que una diosa como tú me dijera que estoy en forma. Pero vamos, no voy a dejarte en este escritorio.
Vanesa siguió a Omar. Entraron al coqueto barcito...que Vanesa recorrió con la mirada. Ese lugar tenía aspecto de casa de comidas...había un aroma especial en el aire a tostadas recién preparadas, a café, pero también a salsas preparándose. Le hizo recordar la cocina de su abuela.
Eugenia casi da un respingo al ver a Omar y Vanesa sentarse en el pequeño salón de la rotisería....¿cómo era posible?....era la primera vez que la veía fuera de la boutique. Se puso el delantal verde que usaba cuando atendía en el salón y fue hasta la mesa que habían ocupado...vaya...como era lógico, estaba en compañía de un hombre guapo y probablemente muy exitoso en lo que quiera que hiciera. Y ella siempre tenía que estar con una facha terrible cuando Vanesa la veía...era cosa del destino.
- "¿Y tenías esperanza de que fuera gay?. Evidentemente...tú no aprendes mas Eugenia"  se dijo a sí misma antes de acercarse a la pareja y preguntar:
- ¿Qué desean los señores?.
- Café...y esas tostadas huelen bien...¿con qué vienen?.
- Manteca y mermelada de durazno.
- Bueno, yo quiero eso...¿tú que tomas Vanesa?.
Eugenia miró a Vanesa...los ojos verdes se encontraron con los castaños. Vanesa intuyó que Eugenia estaba apenada por algo....y de nuevo sintió esa ternura que había sentido el primer día en que la vio. La muchacha tenía un rostro muy expresivo...y unos hermosos, hermosísimos ojos verdes.
- ¿Tienes jugo de naranja?.
- Claro, natural.
- Traéme uno.
- Claro, en unos minutos.
Se fue detrás de la barra a preparar el pedido. Era extraño lo que sentía...se sentía desilusionada de Vanesa. Meneo la cabeza, sabía que era tonto sentirse de ese modo, sin embargo cuando le había visto por primera vez su "sensor gay" había sonado. Debía admitir que esta vez se había equivocado rotundamente. Quizás con la edad el sensor dejaba de ser tan bueno.
Con la habilidad que da la práctica en pocos minutos tuvo el pedido listo y lo depositó en la mesa. Omar recorrió el cuerpo de Eugenia con esa mirada que Vanesa conocía tan bien, y que le molestó mucho en esta ocasión, por eso cuando la muchacha se alejó comentó:
- Creo que es carne demasiado tierna para tus dientes Omar Camejo.
- Ah, mujer...a caballo viejo, pasto tierno....¿o intuyo un poco de celos en tu voz?...eso me haría feliz.
- Evidentemente si no hablamos de números, contigo no se puede hablar de ninguna otra cosa  respondió Vanesa, mosqueada. Nunca comprendería por qué la mayoría de los hombres se sentían obligados a perseguir a cuanta mujer se les cruzara en el camino, como si de una cacería de la zorra se tratase. Y le molestaba que Omar pusiera los ojos en Eugenia.
- Princesa...no te enojes conmigo...mejor firma estas carpetas, que deben ser presentadas hoy...son las que ya revisaste ¿sí?.
Vanesa firmó los papeles que Omar presentaba. Terminó su jugo de naranja y se puso en pie para regresar a la boutique.
- Caramba...cuanto apuro.
- Tengo que trabajar Mr. Playboy...hay gente que cumple un horario para vivir.
- Uyyy, que día tenemos hoy. Yo me tomaré otro café y luego me voy.
- Ajá...como tú quieras.
Regresó a la boutique caminando bajo la llovizna. Los hombres siempre serían una especie misteriosa para ella...tan obvios y tan infantiles. Apuró el paso para no mojarse demasiado, se sentía algo resfriada.
Eugenia tomó la nueva orden de Omar: otro café, este con un poco de leche. Espero a que terminara y se acercó cuando él la llamó para cobrar. Se sorprendió cuando él le preguntó:
- ¿Y a que hora sales?
- ¿Y por qué lo pregunta?  respondió Eugenia, dándole el vuelto ya que Omar le había pago la consumición con un billete de alta denominación. Omar usó su sonrisa mas encantadora para responder.
- Quizás porque me gustaría que fuéramos juntos a un lugar donde otra persona te sirviera a ti lo que desearas tomar.
Eugenia contuvo una risita...al menos este era original para abordarla. Mientras ponía las tazas en la bandeja y sin mirarle respondió.
- No creo que eso sea posible
- Uh, no me dirás que eres casada.
- No.
- Entonces con un novio celoso.
- No, nada de eso. Es que solo salgo con chicos de mi edad  respondió Eugenia, alejándose rápidamente antes de que el hombre tuviera tiempo de replicar. Omar le sonrió desde lejos antes de irse, admitiendo que había sido una respuesta muy buena.
Eugenia sintió rabia...¿cómo se atrevía ese hombre a coquetear con ella estando con Vanesa?. ¿Qué no podía ver la estupenda mujer que tenía a su lado?. Caramba con ese tipo.


* * * * * * * * * * * * * * *


Con tal de no oír mas a Omar llamarla Vanesa aceptó ir con él al casamiento de Ximena Azcuenaga y Federico Arriaga. Era de esos eventos esperados por la sociedad pero que tan cargosos le resultaban...claro que Omar tenía razón en que su presencia en ese tipo de fiestas era favorable para la boutique. Al fin que muchas de las mujeres que irían a la fiesta vestirían con una creación de Vanesa Rey.
Suspiró mientras daba una última vuelta frente al espejo...el traje de noche, largo y azul oscuro resaltaba la blancura de la piel y su cabello rubio, que llevaba en un peinado alto que su peluquero se había empeñado en hacer y ella aceptó por no desilusionarlo. Debía admitir, sin embargo, que ese peinado la hacía ver muy interesante. El vestido tenía un escote bajo por detrás, dejando ver la espalda de Vanesa, que era prácticamente perfecta. El maquillaje también lo habían hecho en lo de Nelson, así que no tenía que preocuparse por eso. Se retocó el perfume, tomó las llaves del auto y se dispuso a recorrer la distancia que separaba su apartamento de "Haras del Lago", el elegante club en donde se realizaría la boda.
Encendió la radio mientras conducía hasta el lugar....pensó que hacía ya un tiempo que no concurría a ninguna fiesta. Giancarlo iba a cuanta reunión, fiesta o inauguración hubiera en la ciudad...era un ser muy sociable, demasiado para el gusto de Vanesa, aunque admitía que era importante esa faceta para un diseñador.
Apenas llegar a la fiesta se vio rodeada por las mismas personas, que le hablaban de las mismas cosas que no le interesaba escuchar...pero sobre las que debía conversar para no parecer descortés. Logró desprenderse un poco de la gente quedándose en un lugar apartado...la gentil voz femenina la sacó de momento de reposo.
- ¿Champagne señora?.
Levantó la vista y sonrió al ver los ojos verdísimos de Eugenia...quién sonrió a su vez, algo nerviosa al ver a quién le había ofrecido champagne. Vanesa miró a Eugenia con detenimiento...era la primera vez que la veía usar falda...el uniforme de moza con la blusa de seda blanquísima, la moña negra y la falda negra corta le sentaba muy bien. La blusa entreabierta dejaba ver un poco de los senos, que no por pequeños dejaban de ser muy bonitos...Vanesa tuvo que hacer esfuerzos para controlar su mirada y no dejarla deslizar por esa suave curva.
- No gracias...no sabía que trabajabas de moza...
- A veces...cuando necesito dinero para los óleos.
- ¿Pintas también?.
- Sí...estoy en la Escuela de Bellas Artes, en el último año. Quizás haga una exposición en dos meses, por eso estoy necesitando óleos. Dice mi profesor que tengo buena "pasta".
- Vaya, eres una caja de sorpresas....
- Me gusta mas su definición y no la del resto de la gente, que me dice que estoy un poco loca.
- No me trates de usted...me haces sentir vieja.
- Por favor...no eres vieja en lo absoluto  respondió Eugenia, mirando a Vanesa, espléndida en el vestido negro...las miradas volvieron a encontrarse y por primera vez Vanesa se sintió nerviosa frente a Eugenia, y no lo contrario  Tengo que seguir..el jefe de mozos es exigente...¿quieres champagne?.
- No, no por ahora...quizás mas tarde...
- Bueno, estaré aquí hasta el fin de la fiesta.
Eugenia continuo y Vanesa la siguió con la mirada. La falda negra hacía que su cola se notara mas que con los gastados jeans que usaba para repartir la comida de la rotisería. Y la blusa blanca descubría unos senos muy bien proporcionados...además de poder apreciar que Eugenia era dueña de unas piernas muy lindas.
- Vamos a bailar  la voz de Omar la sacó de su ensimismada contemplación de las piernas de Eugenia. Casi fastidiada aceptó la invitación. Caramba, hacía mucho tiempo que no dejaba perder su vista detrás de unas piernas lindas, y Omar venía a interrumpir la contemplación. Salió a bailar con él, hacia el centro de la pista. Vanesa sonrió levemente...seguramente ya habría quienes estarían haciendo especulaciones sobre una eventual relación entre ambos...alimentada porque se encontraban en cada fiesta, bailaban, bebían juntos...hasta que otra mujer distraía la atención de Omar, por supuesto. Pero eso casi siempre sucedía hacia el fin de la fiesta, cuando ya Vanesa se había retirado...así que bien podía estar pasando por la novia engañada a los ojos de la sociedad...una sociedad tan hipócrita donde era mejor ser una novia engañada, que no una exitosa diseñadora pero lesbiana.
Eugenia les vio salir a la pista y una nueva punzada de celos...sí, porque esa sensación tan rara eran celos, ahora lo reconocía, le atravesó el pecho. ¿Cómo podía una mujer como Vanesa salir con alguien como ese hombre?. Imaginó que cara pondría Vanesa al saber que se le había lanzado poco después de estar con ella en el bar.
- "Será mejor que no te metas en ese asunto Eugenia. Vanesa es una mujer suficientemente grande como para saber lo que hace. Si esta conforme con ese hombre, es mejor que no te metas"  se reconvino a sí misma, mientras esperaba que le dieran la bandeja con una nueva remesa de copas de champagne. Sin embargo, mientras paseaba entre los invitados ofreciendo amablemente el champagne, no podía evitar que su mirada fuera hacia donde estaba la pareja. Conversaban mucho, y Vanesa hasta sonreía muchas veces. Y se veían bien juntos, ambos maduros, exitosos y bonitos. Suspiró levemente...ojalá no tuviera que ver seguido a Vanesa. No quería sentirse atraída por una mujer heterosexual, sabía que ese era un seguro pasaporte al sufrimiento...ya lo había vivido con Ana. No quería repetir la experiencia.
La fiesta se prolongó por bastante tiempo...el servicio de mozos era excelente, la comida y la bebida mas que generosas y la música..bueno, para cuando Vanesa decidió irse la música no importaba mucho, dado que la gran mayoría de los invitados estaba en un estado donde dudosamente superarían un test de alcoholemia. Esa fue una de las razones por las que decidió irse...no quería poner su auto en peligro al irse cuando toda esa gente ebria saliera...esa era otra de las razones por las que siempre usaba su auto para ir a fiestas, odiaba depender de otra persona para irse.
Salía del country cuando vio a Eugenia en la parada del bus. Paró junto a ella, bajó la ventanilla y le preguntó:
- ¿Vas a la ciudad?.
- Claro.
- Sube, te llevo...no es hora para estar en una carretera esperando.
Eugenia no se hizo rogar. El viaje de regreso sería una excelente excusa para compartir algún tiempo con esa fascinante...y absolutamente heterosexual mujer. Cuando menos podría disfrutar de su conversación. Abrio la portezuela del Fiat Panda y se instaló en el asiento del acompañante.
- Gracias, esta algo fresco para esperar en la carretera.
- ¿Y que pasó con tu moto?.
- Esta en reparaciones...una VESPA del '75 necesita reparaciones a cada rato.
- ¿Por qué usas una motoneta tan antigua?....hay modernas bastante baratas.
- Era de mi padre. Le recuerdo llegando a casa con ella...por eso sigo usándola. Además es una buena moto, solo tiene sus mañas...igual que el viejo Scarone.
- Eres sentimental también...sigues sorprendiéndome...¿Scarone es tu papá?.
- Lo era. ¿Por qué te sorprendí ahora? - preguntó Eugenia, interesada en las palabras de Vanesa. Que ella pudiera sorprender a la diosa era algo que no esperaba.
- Te ocultas dentro de una ropa terrible...y hoy descubro a una mujercita que bien podría modelar cualquiera de mis vestidos en una pasarela. Trabajas como moza...para invertir el dinero en crear arte. Pareces tan moderna....y tienes un sentimentalismo que la gente de tu edad considera fuera de moda.
Eugenia enarcó las cejas...al parecer Vanesa le había observado bastante bien. Eso le dio un calorcillo en el pecho.
- Me gusta ser sentimental...debe ser de familia. Mi padre era un hombre callado...pero sin embargo conservaba en su habitación la foto de su primera esposa...y la de mi madre en su billetera, lo supe después que él murió. Cuando fui a vivir con él me sentía un poco rencorosa de que la foto de su esposa estuviera en la casa, y no la de mi madre....cuando faltó vi que tenía una foto de nosotras dos en su billetera. Y ya me fui por las ramas ¿eh?...creo que no puedo controlarme cuando me pongo a hablar.
- No, creo que no...pero me gusta como expresas las cosas. De un modo sencillo y sin recovecos. Creo que querías mucho a tu padre.
- Sí, le quise mucho. Fue un buen hombre. Gladys, mi hermana se parece mas a él que yo. En lo que recuerdo yo me parezco mas a mi mamá. Ella murió joven...fue una pena.
- ¿Por qué no se casó tu padre con tu madre?.
- No lo sé....son esos misterios insondables de la vida  comentó Eugenia de un modo que hizo sonreír a Vanesa. Aprovechando la sonrisa Eugenia preguntó.
- ¿Ese hombre es tu novio?...el guapo que bailaba contigo.
La carcajada de Vanesa sorprendió a Eugenia. La miró y se dijo que se veía hermosa cuando reía. Vanesa dio una rápida mirada al rostro joven de Eugenia.
- De ninguna manera podría yo salir con Omar...es demasiado mujeriego. Omar es solo el contador de Boutique Principessa, y en las ocasiones sociales mi compañero de baile...el que evita que tenga que soportar a otros hombres coqueteándome, cosa que me resulta muy cargante. ¿Por qué pensaste que era mi novio?.
- Es que forman una hermosa pareja y parecen entenderse tan bien.
- Le conozco desde hace quince años...desde antes que mi esposo muriera...creo que desde antes de que él fuera contador. Por eso nos llevamos bien.
- Pues que bueno que no es tu novio...porque el otro día, cuando fueron a tomar un café a mi bar, él muy carota se me lanzó cuando se fue.
- No me extraña. Su táctica es lanzar la red a toda mujer que pase cerca...por si alguna cae. Y te aseguro que muchas caen.
- Sí...claro. Es guapo y se ve adinerado.
- No podría estar con un hombre como Omar...sobre todo después de haber estado casada con Giancarlo.
- ¿Cómo era Giancarlo?.
- Un ser maravilloso. Fue un esposo ejemplar. Y un compañero como no te puedes hacer idea. Una de las mejores cosas que me pasó en la vida.
- Claro, lo imagino.
Oyendo hablar a Vanesa cada vez mas las ilusiones de Eugenia se desvanecían. Miró hacia la carretera, ya estaban entrando a la ciudad...quizás era lo mejor. Dejar de pensar en Vanesa. Sin embargo cuando se volvió para verla el corazón dio esa danza que tan bien conocía...le gustaba mucho esa mujer. La forma en que estaba peinado ahora su cabello le daba un aire de señora...de importancia. Y detrás de toda aquella importancia intuía a una mujer muy tierna.
Vanesa sentía la mirada de Eugenia...y de pronto las palabras de Giancarlo le vinieron a la mente..."un gay reconoce a otro"...algo extraño le sucedía con esta muchachita. Le causaba ternura...y la estaba descubriendo y sorprendiéndose...y sabía ella lo peligroso que era encontrar a una mujer que combinara esas dos cosas...que le causara ternura y lograra sorprenderla. Podía ponerla vulnerable.
- ¿Y donde te dejo?.
Eugenia le dio la dirección, no era muy lejos de la rotisería si se iba en un vehículo. Para llenar los minutos que aún quedaban de viaje fue Vanesa quién preguntó:
- ¿Y una muchacha tan linda como tú, esta sola o tiene algún novio?.
- No, no tengo novio....estoy sola...creo que me consideran demasiado loca para emparejarse conmigo.
- Hmm, no creo eso. Creo que tendrás algún admirador.
- Cuando menos al señor Omar  respondió Eugenia con ligereza, logrando que Vanesa riera...y que dejara de preguntar. Algo que no aprendía aún a manejar eran ese tipo de preguntas...muchas veces le daban ganas de decir "no tengo novio porque soy lesbiana" a ver que cara pondría la gente...pero sabía bien que eso no podía hacerlo. Su defensa hasta ese momento había sido buscar algo que hiciera reír al preguntón de turno y cambiar de conversación...esta vez no tuvo que hacerlo porque llegaron a su calle.
- Es aquí...la casa pintada de azul y blanco...la parte izquierda es mía. Muchas gracias por traerme...hubiera tenido que esperar un buen rato en la carretera.
- Fue un placer traerte y compartir una de las conversaciones mas interesantes de los últimos tiempos.
- Gracias por mentir tan bien...solo espero no haberte aburrido  dijo Eugenia antes de entrar corriendo a la casa, porque comenzaba a caer una fina lluvia. Vanesa le vio entrar y sonrió levemente. Esa muchachita era sorprendente....bella, sencilla...sin misterios. Alguien con unas ganas de ser feliz...esas mismas ganas que a veces ella sentía haber perdido.


* * * * * * * * * * * * * * *


- No es posible que no aceptes, no acepto un no como repuesta.
- Y no es posible que pretendas que acepte  respondió Vanesa, quitándose los anteojos para mirar a Fabiola. Llevaban siendo amigas mas de 10 años y algunas veces Fabiola parecía no conocerla en lo absoluto.
- Anda mujer...no seas cobarde. Te aseguro que es un lugar muy lindo....apto para que tú vayas.
- Estamos hablando de un lugar gay.
- Hablamos de un bar para mujeres...y al fin de cuentas es TU cumpleaños y tu ERES gay. ¿O quieres alquilar un fino club y hacer allí tu fiesta?. ¿Invitar a todas tus clientas?. Por favor Vanesa...creo que te estas acartonando demasiado de tanto hacer vestidos para las ricachonas de la ciudad. Además Miryam y Lourdes estarán en la ciudad...llevamos años sin verlas...anda, acepta...y si alguien nos ve, estábamos paseando a las turista será una excusa perfecta.
Vanesa comenzó a sonreír...la idea le atraía. No solía frecuentar lugares gay...pero cada tanto iba a uno, al mas discreto y pasaba un rato...tomando una copa, y viendo que no era la única lesbiana en la ciudad. Luego regresaba a casa. No le habían faltado oportunidades de regresar acompañada, pero las había rechazado...no se sentía bien con ese tipo de relaciones, ya las había probado y le dejaban una sensación extraña en el alma...como de mas vacío.
- Casi me convences....dame otra buena razón.
- Me hago cargo de la cuenta.  dijo Fabiola, poniendo la mano con la palma hacia arriba sobre el escritorio de Vanesa, en un gesto que usaban cuando estaban haciendo juntas la Escuela de Diseño.
- Hecho  dijo Vanesa, dando una palmada en la mano de Fabiola. Ambas se rieron. Fabiola era la versión femenina de Omar, saltando de una relación a otra, pero con pánico a comprometerse....Vanesa temía que el destino de su amiga fuera la soledad. Sin embargo por ahora ella era feliz, y lo mas importante...Fabiola lograba no lastimar a las personas que la rodeaban siendo brutalmente honesta antes de enredarse con una nueva mujer.
- Entonces el viernes a las 21 horas nos encontramos en el Café Arcoiris....y nos quedamos hasta que te agarres la borrachera de tu vida.
- No, porque tú eres capaz de violarme. Ahora no te enojes....pero tengo que trabajar.
- Me pide que no me enoje pero me corre...caramba con esta mujer. Me voy porque también tengo que trabajar....nos vemos. Y también tengo que invitar a todas nuestras amigas.
Fabiola salió del escritorio. Vanesa se puso los anteojos y pensó en Eugenia...fue raro, se le coló en los pensamientos. Que sonrisa mas bonita tenía esa muchachita...y la forma de contar las cosas...tan sensible. Mordisqueo distraídamente el capuchón de la lapicera, tan ensimismada en sus pensamientos estaba que no sintió los golpes en la puerta de su despacho hasta que Marcela los repitió.
- Adelante.
- Vanesa...¿vas a comer en el despacho?.
Miró la hora...la conversación con Fabiola le había hecho perder noción del tiempo. Bajó a la realidad...se dijo que no tenía ganas de ir hasta su casa a comer. Y sí tenía ganas de ver a Eugenia...aunque viniera con esos jeans gastados que no la favorecían.
- Sí...pídeme algo en lo de esa muchacha.
- ¿Algo en especial?.
- Elige tú, tienes buen gusto.
Apenas Marcela salió del despacho fue hasta el pequeño baño que tenía junto al mismo, a cepillarse el cabello y retocarse el perfume. Mientras lo hacía se miraba al espejo y se sentía como una adolescente....pero era agradable sentirse así...hacía mucho, mucho tiempo que no se arreglaba para agradar a otra persona.


* * * * * * * * * * * * * * *


Cuando Eugenia vio que había tres pedidos de la boutique sintió que su corazón le daba un salto...tres pedidos significaba que Vanesa también estaba ahí. Por tercera vez se sintió apenada de su aspecto....traía unos pantalones tipo guerrillero verdes que le venían enormes, pero que había adoptado porque los bolsillos de las piernas le venían muy bien para guardar el dinero y una campera de cuero que había sido de su padre y también le venía enorme. En fin...se resignó a que Vanesa le viera otra vez con una facha espantosa. Dio los timbrazos de rigor, y Karla le abrió la puerta, exclamando al verla.
- Ay Eugenia...hoy sí que te has caído dentro de la ropa...
- Uy, también tú...Gladys fue la primera en regañarme hoy. Pero es muy cómodo para andar en la moto...y hoy hace un frío terrible...niñas, yo no puedo andar como ustedes con un trajecito sastre por la vida.
- Ok, ok...tienes razón...esto es lo mío, esto es de Marcela...eso se lo llevas a la jefa. Otra vez se ha quedado a trabajar aquí.
- ¿Te molesta?.
- No, para nada...yo le quiero mucho. No me gusta que trabaje tanto. Creo que se está olvidando de vivir...o que esta compensando con trabajo otras cosas.
- ¿Y por qué no se lo dices?.
- ¿Cómo crees?. Solo soy su empleada...no puedo decirle eso a ella.
- Claro. Iré a llevarle el pedido.
Los golpecitos hicieron que Vanesa se pusiera automáticamente de pie.
- Adelante.
Eugenia entró y cerró la puerta. Se quedaron viendo...Vanesa traía un conjunto de vestido y chaqueta en el mismo tono de azul, con zapatos de tacón alto....el vestido era mas corto que la falda de la otra vez, y dejaba ver sus piernas....piernas que Eugenia acarició con la mirada, antes de darse cuenta de lo que hacía. Vanesa notó esa mirada...no, no podía equivocarse...un gay reconoce a otro.
- ¿Dónde dejo el pedido?.
- En la mesilla...¿hace mucho frío hoy, verdad?.
- Si lo dices por mi ropa...no quiero otra crítica hoy...sé que me veo terrible, pero estoy muy cómoda para andar en la moto.
- Claro, imagino que sí....¿cómo vas con tus pinturas?.
- Muy bien. Ya tengo las obras requeridas...aunque me conozco...algo mas se me ocurrirá y terminaré con obras de más.
- Me gustaría ver tus cuadros. Quiero redecorar un poco la boutique.  dijo Vanesa espontáneamente. Eugenia la miró, se miraron a los ojos...y ambas sintieron ese algo especial, el mismo calorcito en la boca del estómago que Eugenia venía sintiendo casi desde el primer día que la vio.
- Puedes venir a mi casa...es allí donde pinto...solo dime cuando.
- Esta semana esta complicada...solo podría ser hoy
- Dime la hora, hoy no tengo clases en Bellas Artes así que no tengo problemas.
- Como a las 20 hrs...es cuando quedo libre de aquí.
- Esta bien...en las tardes se queda Gladys en la rotisería...me parece bien.
- Nos vemos luego entonces.
- Claro.
Eugenia salió del despacho sintiéndose casi mareada. No entendía lo que sucedía. Por la forma en que el perfume de Vanesa se notaba, ella podía darse cuenta que la rubia lo había retocado antes que ella llegara...caramba, no quería equivocarse pero...sentía que esa mujer le estaba coqueteando.

(continua)

Mariela
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