COCINA PREMIUM


-  Anda a cambiarte y ponte algo más cómodo que yo me arreglo acá - le dijo Elina a Muriel, mirándola con unos ojitos que bailoteaban pícaramente, bajo la atenta mirada de Muriel no dejaba de pensar en que consistiría el ofrecimiento de "una noche de cocina Premium" que Elina le había hecho hacía ya un par de semanas y que no había podido concretarse hasta esta noche de sábado, por estar Muriel demasiado ocupada en asuntos laborales. Aunque ambas se conocían desde hacía un tiempo, era la primera vez que Elina estaba en el apartamento de Muriel, de hecho era también la primera vez que estaban totalmente solas compartiendo un mismo espacio, así como también era la primera vez que ambas estaban solteras desde que se conocían.
-  ¿Estas segura? ¿No vas a necesitar ayuda?
-  Claro que no, anda a ducharte, cambiate, ponte algo cómodo mientras yo empiezo a preparar las cosas aquí.
Muriel se encogió de hombros, ante la seguridad inequívoca que transmitían las palabras de Elina sobre no necesitar ayuda, y se fue al baño. Mientras se duchaba sentía ruidos en la cocina, de picar cosas...hmmm...¿qué exquisitez de las muchas que Elina preparaba estaría haciendo?. Había cenado muchas veces en casa de Elina cuando estaba en pareja con la ex de su propia ex, y ambas "exes" insistían en esas reuniones, quizás como una manera de exorcizar el fantasma de los celos en sus actuales parejas. Elina no era una cocinera amateur, su medio de vida consistía en prestar servicios de catering para la crema y nata de la sociedad, de hecho vivía de una empresa que había comenzado de manera muy modesta 10 años atrás, hasta llegar a ser muy conocida y prestigiosa.
Salió del baño vestida muy cómodamente como solía hacerlo cuando estaba en casa, con un conjunto deportivo, fue hasta la cocina y se quedó petrificada, parada en la puerta, sin poder creer lo que sus ojos veían. Elina estaba de espaldas, amasando algo sobre la mesada ¡vestida solamente con una camiseta de algodón blanca con breteles finitos, una tanga de cola less, sandalias de tacón, delantal y gorro de cocinera!.
Muriel siempre había tenido un comportamiento muy respetuoso para con Elina, tampoco podía pasar por alto tremenda tentación, así que se acercó por detrás a Elina, pasó los brazos hacia delante a la altura de la cintura de la rubia y tomó sus senos con las manos, susurrándole al oído.
-  ¿Esto es parte de su cocina Premium?.
-  Ajá  - respondió Elina, fingiendo una seriedad y concentración en lo que estaba amasando que estaba lejos de sentir. Había venido dispuesta a provocar a Muriel hasta hacerla reaccionar y no dejarla escapar, no esta vez. Quería descubrir que cosas se escondían detrás de aquella seriedad que mostraba a todos los demás en su vida, y si ese fuego que a varias veces había atisbado en su mirada o en ingeniosos cruces de palabras o frases con doble sentido en el pasado, era real o solo el producto de su imaginación, porque la morocha siempre le había gustado mas de lo que podía permitirse bajo las circunstancias en las que se conocieron. Estaba dispuesta a dejar correr desbocadamente esa tensión sexual que pasaba inadvertida para los demás, pero que casi siempre estaba presente cuando estaban cerca la una de la otra. 
-  ¿Cocina así para todas las que le contraten usted?.
-  No, no para todas. Solo para las que se merecen servicio Premium  - respondió Elina con voz muy seria. Muriel comenzó a darle besitos en el cuello y Elina amasaba, como quien no se da cuenta de que están intentando calentarla, fingiendo una indiferencia total que ponían a Muriel cada vez mas excitada, así que alternó besitos suaves con mordisquitos en el cuello y en la oreja izquierda de Elina, mientras pasaba las manos por debajo de la camiseta y le acariciaba los senos.
- ¿No le parece que sus clientas pueden tentarse si usted cocina así?.  susurró al oído de Elina en un intervalo entre los besitos y los mordisquitos, sintiendo el perfume de la piel de Elina mezclado con alguna fragancia que no identificaba y que seguramente Elina había escogido especialmente para esa noche. La excitaba la situación, pero aún mas la idea de estar siendo seducida con intención y alevosía por una mujer.
- La que estas abusando eres tú, aprovechando que yo tengo las manos ocupadas en la masa, lo cual me impide ponerle un freno a sus intenciones depravadasno puedo ponerle freno a esas manos suyas que me están acariciando...así...así...así...
La frase no tenía ninguna intención de detener sino que era para alentar a Muriel a que continuara haciendo exactamente lo que hacía en ese momento. Muriel estaba embriagada por el perfume de Elina, por la suavidad de su piel, continuaba apretando suavemente los pezones y besando los hombrossentía el cuerpo de Elina responder pese a la fingida concentración que la rubia parecía poner en la masa, concentración que ya había perdido hacía tiempo, intentó besarla en los labios pero Elina la eludió, quería provocar a Muriel a morirle rechazaba el beso pero apretaba su cola contra ese cuerpo que estaba detrás suyo, sintiendo el calor del sexo de la otra en sus glúteos; era un juego de provocar y frenar que estaba dando excelentes resultados.
Finalmente Elina giró la cabeza y Muriel se encontró con esos labios a pocos centímetros de los suyos, húmedos, tentadores, se miraron a los ojos, había deseo en ambas miradas, los cuerpos estaban calientes. Muriel bajó la cabeza para besar profundamente a Elina mientras sus manos continuaban recorriendo con terca persistencia el cuerpo, bajando por el abdomen hasta meterse bajo la tanga hasta encontrar el sexo caliente, húmedo, reclamante de otro tipo de caricias.
- Te deseo - le susurró Muriel al oído a Elina, que suspiró; después de tanto tiempo de conocerse pensando que jamás podría estar así con esta mujer, esas palabras encendían su deseo mas allá de lo que podía ser explicado pero no podía dejar el juego que había iniciado a medias, se limitó a apretar su sexo contra esa mano traviesa y comenzar a responder.
-  También yo pero usted no me deja cocinar y yo soy responsable con mis...  - las palabras de Elina perdieron fuerza porque Muriel estaba besándola nuevamente, apasionadamente, quería estrujarla, apretarla, hacerle el amor, sentirla gemir. Estaba enloqueciendo de deseo. Con sus brazos hizo girar a Elina hasta quedar frente a frente, la besó nuevamente en la boca, profundamente, Elina enroscó sus dedos en el cabello de Muriel respondiendo a la pasión que la otra ponía en cada beso.  Mientras la besaba Elina tiró del cierre del conjunto deportivo de Muriel, deseaba tocar también. Muriel la detuvo, sacó las cosas que estaban sobre la mesa y le indicó que se sentara; le quitó el delantal mientras se miraban a los ojos, calientes, ávidas, explotando de deseo, quitó la camiseta y los senos de Elina quedaron frente a los ojos de Muriel.
-  Esto es lo que yo llamo un buen platillo  - murmuró Muriel, haciendo sonreír a Elina, que irguió desafiante los senos, como invitándola a degustar de ese platillo. Muriel no se hizo esperar, mordisqueo suavemente el cuello de Elina, beso la curva de los senos, olió el perfume de la mujer, le encantó el olor de la piel de Elina, recorrió con su lengua la línea de ambos senos...la estaba deseando tanto, tanto; hundió el rostro en el suave hueco entre ambos senos, respirándola, sintiendo el latir del corazón
-  Usted me quiere volver loca  - murmuró Elina, acariciando la nuca de Muriel. La boca ansiosa de Muriel tomó con delicadeza el seno derecho de Elina, recorriéndolo con estudiada lentitud, sintiendo la textura de la piel, el sabor, se detuvo en el pezón, rodeándolo, jugueteando antes de chuparlose fue al otro seno repitiendo la misma operación, mientras Elina jadeaba y sentía su sexo empaparse. Muriel jugaba con sus senos y recorría su espalda con ambas manos, intentando conocer enteramente la textura de la piel de Elina.
-  Te deseo  - contestó Muriel, mientras le quitaba una de las sandalias y besaba el pie, recorriendo la piel de la pierna derecha con besitos casi llegando al sexo; quitó la otra sandalia, mientras pasaba sus mejillas por ambos muslos y llegaba a sus fosas nasales el olor del sexo de Elina; olor a hembra en celo, a mujer caliente, mezcla de almizcle, con atisbo de aroma a pez recién atrapado, a flores, dulzón, penetrante, excitante como ningún otro aroma.
Detuvo su rostro frente a ese sexo aún cubierto por la tanga, aspiró, allí el aroma era totalmente embriagador. Con sus dientes tiró de un lado de la tanga y luego del otro, mientras Elina sentía que su sexo se empapaba aún más si era posible. Muriel terminó la faena con sus manos, quitando la tanga y lanzándola lejos...el sexo de Elina estaba cubierto de hilos que con la luz de la cocina se antojaban plateados, hinchado, turgente...listo para ser devorado y en ese momento se le antojaba a Muriel como el mas delicioso de los manjares...acercó su boca, y con la punta de la lengua recorrió un lado y otro de ambos labios vaginales mientras ese aroma a hembra llenaba sus centros nerviosos, haciendo que su propio sexo respondiera de un modo increíble. Elina gemía quedamente mientras continuaba acariciando la nuca de su amante, enredando sus dedos en el cabello oscuro, preparándose para el tan ansiado contacto...
Cuando la boca de Muriel prácticamente cubrió todo el sexo de Elina la rubia quedó al borde del orgasmo...su rostro se enrojeció y dio un gritito que parecía de susto pero era del mas puro placer...la lengua de Muriel paso desde abajo hacia arriba por toda la superficie de ese sexo caliente, jugoso, conociendo por primera vez ese sabor....ese sabor que enloqueció a Muriel que ya no podía ni quería detenerse. Con una O de su boca atrapó al clítoris y succionó con un poco de fuerza, antes de que su lengua reptara dentro mismo de ese sexo, en tanto Elina sentía que su cuerpo se tensaba, deseaba mas, deseaba la lengua de la morocha enteramente dentro de sí, quería terminar en su boca...
- Me vas a hacer acabar - jadeo, sintiendo el crescendo de sus entrañas. Muriel no respondió, solo se concentró en succionar ese sexo, atraparlo enteramente con su boca, ora succionando, ora metiendo la lengua dentro del sexo y empujando, llenándose la boca de los deliciosos jugos de Elina que no dejaba de gemir logrando ponerla totalmente caliente....sintió en su lengua la presión de las paredes vaginales de Elina antes que la rubia estallara en un orgasmo escandaloso, no solo por los fuertes gemidos y grititos que no privó de dar, sino por la fuerza con que el sexo de Elina palpitaba una y otra vez...Muriel mantuvo allí su boca, quieta, solo sintiendo ese orgasmo en tanto su propio sexo se movía al compás del orgasmo de Elina...estaba teniendo un pequeño orgasmo sin haber sido tocada siquiera, pocas veces le había sucedido algo así en el pasado. Elina solo gemía con la cabeza tirada hacia atrás, sostenida por sus brazos porque el orgasmo le quitaba fuerza...cuando sintió su sexo aquietarse miró a Muriel, que continuaba con la boca metida en su sexo...le acarició la cara y la atrajo hasta sí, besándola profundamente, comiéndole la boca, sintiendo en los labios de la morocha el sabor de su propio sexo...dulzón, extraño, delicioso...las lenguas estaban enredadas en una lucha, en tanto Muriel parecía querer amasar esos senos...
- Uauuu....que bueno es trabajar para usted...¿paga así todos los servicios de cocina?.
- Solo a las que se visten como vos - respondió Muriel agitada y ardiendo de deseo...un deseo que exigía calmado por algo mas que un beso porque no  había bastado el conato de orgasmo que había tenido hacía pocos minutos, por eso miraba a Elina con los ojos aún mas profundamente oscuros que de costumbre.
Elina tiró del cierre de la campera deportiva para descubrir que debajo no había nada mas, y los senos de Muriel quedaron al descubierto...eran pequeños, pero se levantaban desafiantes, reclamando atención, con los pezones muy derechitos y duros....miró la cara y el cabello de Muriel, cubiertos de harina y sonrió, pasando sus manos por el rostro y el cabello oscuro, juguetona.
- Mira nada mas como te he puesto - dijo con toda la doble intención, refiriéndose a la harina y la excitación que mostraban esos senos desafiantes...acercó la boca a los pezones oscuros y dio unos suaves besos antes de decir - creo que tenemos que volver a la ducha, estas llena de harina...
- ¿Y una cocinera habilidosa como tú no sabe de otras maneras de quitar la harina?  preguntó Muriel mirando directamente a los ojos de Elina, comiéndosela con la mirada. Elina se dijo para sus adentros que vaya sí que había fuego dentro de esa morocha y le fascinaba haberlo encendido. Le tomó el rostro con las manos y sus bocas se juntaron, las lenguas enzarzadas en una pequeña batalla, las manos de Muriel no paraban de tocar y acariciarse separaron un poco y Elina bajó de la mesa, terminó de sacarle la campera a Muriel y la dejó caer, tomando los senos con sus manos. Sintió una pequeña corriente eléctrica bajo sus manos y volvió a sentirse muy excitada.  Acarició el rostro y el cabello de Muriel quitando la harina con la mano derecha, en tanto deslizó la mano izquierda debajo del elástico del pantalón deportivo. Cuando sus dedos sintieron la suavidad del vello púbico supo que Muriel no llevaba calzones tampoco y sonrió pícaramente.
- ¿Usted no usa ropa interior cuando está en casa?.
- Depende de la compañía  .- respondió Muriel sonriendo con cara de sátirala ausencia de ropa interior en esa noche no había sido algo premeditado, simplemente había llevado el deportivo al baño y no la ropa interior en el apuro por no dejar a Elina cocinando sola y haciéndola esperar, así que al término del baño se puso el deportivo pensando que pasaría inadvertido el detalle ante Elina ya que era una tela muy oscura.
- ¿Y dígame, esa camita que está allí detrás en un cuarto muy coqueto en donde me cambié, se puede usar?  preguntó Elina pícaramente mientras pegaba sus senos a los de Muriel y deslizaba su lengua por el cuello de la morocha, mordisqueando los lóbulos de las orejas con mucha lentitud.
- Seemmm  - murmuró Muriel, con los ojos cerrados, demasiado concentrada en sentir. Elina tironeó de su mano, haciendo que abriera los ojos. La rubia se la estaba llevando a la cama.
Una vez en el cuarto Elina le dio un empujoncito a Muriel lo suficientemente enérgico como para que la morocha cayera de espaldas sobre el colchón. Le quitó las zapatillas deportivas y tiró del pantalón hasta que quedaron ambas en igualdad de condiciones, totalmente desnudas. Elina se dejó caer suavemente sobre el cuerpo moreno de Muriel, hasta quedar completamente sobre ella. El contraste era bello, la piel muy blanca de Elina contrastaba con lo moreno de la piel de Muriel; los sexos de ambas se enfrentaban y el calor que emanaban ambos era muy elevado.
- ¿Sabes cómo se hace para que la masa quede muy suave?  - preguntó Elina, descolocando totalmente a Muriel que estaba disfrutando mucho con sentir el cuerpo suave sobre el suyo. Muriel enarcó las cejas, sorprendida pero la sonrisa pícara que tenía Elina le dejo saber que algo bueno venía detrás de esa pregunta.
- Sabes que no, soy tan mala cocinera, vas a tener que enseñarme.
- Es fundamental que se comience muy suavementealgo así como esto - murmuró Elina, restregando muy lentamente su cuerpo sobre el de Muriel, haciendo que los pezones de ambas se rozaran con cada movimiento...había notado en días de frío que los pezones de Muriel eran muy sensibles y quería comprobar si eran también sensibles a otro tipo de estímulos. Y vaya que si lo eran, una electricidad comenzó a bajar de los pezones de Muriel hacia su sexo, la morocha echó la cabeza hacia atrás jadeando, su sexo humedeciendo la parte de cuerpo de Elina que lo estaba estimulando. Elina bajó su mano y la puso entre ambos cuerpos, abarcando todo el sexo de Muriel, y siguió restregando...la palma de la mano estimulaba directamente el clítoris hinchado y la abundancia de jugos hacía que el estímulo fuera muy placentero, mas que placentero. Elina aumentó la frecuencia del roce, provocando una oleada de sensaciones en el bajo vientre de Muriel que terminaron en un orgasmo de Muriel que Elina sintió en su mano y allí descubrió que la morocha era de esas mujeres que no se expresan verbalmente cuando tienen un orgasmo, pero lo gritan con todo el cuerpo, con la tensión que le nace desde las entrañas, con la electricidad que trasmitía el cuerpo moreno al suyo propio. Y eso le gustó tanto que bajó de su cuerpo y comenzó a recorrerlo con besos y lenguetazos, lentamente, llegando al sexo de Muriel que estaba empapado, hinchado, ¿satisfecho?...levantó la cara y miro la cara de Muriella mirada era puro fuego y deseo, alentándola a continuar su recorrida bucal mas abajo aún.
Giró su cuerpo y colocó su sexo a la altura de la boca de Muriel, colocando su propia cara sobre el sexo de la morocha y con la punta de la lengua comenzó a dar pequeños toquecitos a lo largo del sexo hinchado, lamiendo luego con rápidos lenguetazos la cantidad de jugos que ella misma había provocado tan solo minutos antes, sintió que la boca de Muriel se apoderaba de su sexo y su vagina se estremeció, pero no podía dejar que le ganara.
Apretó su cara a ese sexo palpitante y comenzó a lamer muy rápidamente, directo sobre el clítoris, sintiendo a su vez la lengua de Muriel entrando profundamente en su sexo, no podía gemir ni jadear, cerró los ojos muy fuerte tratando de contener el incontenible torrente de sensaciones que se apoderaba de su sexo, empeñada en sentir antes el orgasmo de Muriel, deseosa de beber sus jugos, de sentirla acabar en su boca. Su lengua comenzó a hacer círculos sobre el sexo de Muriel, pasando cada vez mas rápida y fuertemente sobre el clítoris y de pronto sintió que la lengua de Muriel abandonaba a su vagina y la sintió jadear fuertemente; nunca antes había sentido un orgasmo directamente sobre su lengua, en su boca, violento, fuertísimo. Deseaba ver la cara de Muriel y al mismo tiempo era mas fuerte el querer estar allí con la boca enterrada en ese sexo que expresaba el placer provocado de modo tan violento y de pronto sintió que su propio sexo comenzaba a convulsionarse, sorprendida tuvo un orgasmo simplemente por sentir el orgasmo de Muriel. Suavemente alejó su boca de esa vagina, besó los muslos y salió de encima de Muriel. Se sentó en la cama a verla, estirada, sonriente, satisfecharecorriendo con su mano derecha toda la largura de ese cuerpo. En el aire se mezclaban muchos perfumes, el que ella usaba, el de Muriel, sudor, el aroma de los sexos de ambas formando un ambiente embriagador. Se miraban a los ojos, sorprendidas, pícaras, satisfechasMuriel tomó la mano de Elina y chupó suavemente sus dedos, esos mismos dedos que tanto placer le habían sabido provocar. Se incorporó, acercando su rostro al de la rubia y se besaron apasionadas.
-  Dígame algo rubia
-  ¿Qué?.
-   ¿Los postres se incluye en este servicio Premium?...porque soy una mujer muy golosa.
-    ¿¿¿Ya quiere el postre!!!!.
Muriel asintió mientras con su mano izquierda acariciaba el sexo de Elina, en una invitación muy clara.


Mariela - Octubre 2008
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